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El mes de abril de Sabina que nos han robado a todos

"¿Quién me ha robado el mes de abril?" es la única canción del álbum El hombre del traje gris que ha quedado para la posteridad.

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"¿Quién me ha robado el mes de abril?" es la única canción del álbum El hombre del traje gris que ha quedado para la posteridad.
Joaquín Sabina interpreta a Groucho Marx en la película 'Sinatra' | Youtube

Concluye abril que, junto a marzo, han sido los dos meses más dramáticos que hemos vivido. Un mes cantado por los poetas en tantas ocasiones, preludio de un mayo "florido y hermoso" que rezaba el viejo refrán, y que probablemente transcurra también entre sombras de luto, tristeza y preocupación ante la vida que nos espera. Pero abril ha sido catastrófico. Y a propósito, no seré yo el primero en evocar una canción de Joaquín Sabina, "¿Quién me ha robado el mes de abril?" cuyo título podemos apropiárnoslo en plural confinados desde nuestras casas. Cierto que el texto se refiere "al hombre del traje gris", que grita esa frase, la repite y piensa en su madre, sola en casa mientras su marido se ha fugado con una jovencita peluquera. Es un drama personal. Pero a millones de personas nos han robado este mes en circunstancias jamás conocidas. ¿Podemos identificar, aun sabiendo la causa, quién es en verdad ese ladrón que ha invadido nuestra existencia?

El mundo del disco reúne no pocas anécdotas sobre los éxitos y fracasos de un creador. Y Joaquín Sabina tuvo una bajada de ventas del álbum El hombre del traje gris, con notables canciones que pasaron inadvertidas para el gran público y de las que sólo quedó para la posteridad "¿Quién me ha robado el mes de abril?", la única de esos temas que se ha salvado y que el ubetense continuaba llevándola en su repertorio.

Pero se da la circunstancia que no la estrenó en ese disco, pues se incluyó en una película del mismo año 1988 en la que intervino, como actor y autor de la banda sonora. Era la primera vez que Joaquín tomaba parte en un rodaje cinematográfico y el director, Francesc Betriú, le proporcionó un corto papel en el personaje de Groucho Marx, al que Sabina imitaba con gracia. Imitación de un tipo, dueño de un cabaré cutre, que gustaba de aparecer en el pequeño escenario de su local, dando entrada a otro pobre desgraciado que jugaba a ser sosias de Sinatra, título del filme, que representaba un estupendo Alfredo Landa. En Sinatra sonaban tres canciones de Sabina, la ya comentada y además "Los perros del amanecer" y "Nacidos para perder".

A perdedor bohemio jugó en sus comienzos artísticos. Quizás sorprendido él mismo del éxito que comenzó a disfrutar en las vísperas de los años 90. Realmente un artista algo maldito en sus primeros tiempos, que con aires de canalla fue conquistando a una numerosa tribu de seguidores. Él mismo se quitaba importancia cuando lo entrevistaban y endilgaba a los reporteros frases divertidas, algunas de las cuáles recogió su biógrafo Javier Menéndez Flores, como "Sabinismos y sabinadas", "Soy mejor fumador que cantante" y, parafraseando a su imitado Groucho, "No pagaría una entrada para verme actuar". El mismo recurso, esta vez remedando a Valle-Inclán: "Soy un tipo feo, caótico y sentimental". Y de vueltas a su modestia musical: "No soy cantante sino contante". De historias, por supuesto. En parecida línea, más vitriólico si cabe: "Todas las mañanas me arrodillo, me doy cabezazos contra el suelo y doy gracias por haberme permitido estafar a la gente durante tantos años".

Este abril que expira ha sido muy duro para Joaquín Sabina, desde que salió del hospital tras el accidente sufrido durante su actuación, mano a mano con Serrat, en el madrileño Palacio de los Deportes. Pensaba la pareja cantar gratis para el público que esa noche vio reducido inesperadamente el espectáculo, en la creencia de que en mayo podría ser. Aunque ya recuperado en lo esencial, aún sufre dolores tras aquella sorprendente caída al foso del recinto, la pandemia ha dado al traste con la continuidad de esa gira, que ha quedado definitivamente suspendida.

Descansa en su vivienda a espaldas de la madrileña plaza de Tirso de Molina, escribe nuevas canciones y espera a fines de año poder grabar un nuevo disco. Su matrimonio con Jimena Coronado, que parecía iba a celebrar en este malhadado 2020, tal vez se aplace también. Joaquín no tiene prisa. A sus setenta y un años cumplidos en el pasado mes de febrero, ha superado muy duras pruebas en su quebradiza salud, pero no ha perdido vitalidad para seguir en la brecha, con su voz quizás ya algo cascada, culpa de su tabaquismo y otros abusos, aunque con su talento como letrista, que nadie le discute. En sus sonetos y versos sueltos con historias entre líricas, críticas, satíricas transcurre ese mundo onírico o real, quevedesco y dylaniano de un cantautor diferente. Desaparecido Aute ya nos quedan menos juglares y Sabina no tiene, hoy por hoy, rivales en su campo.

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