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Joaquín Carbonell, voz crítica entre los cantautores aragoneses, víctima del coronavirus

Carbonell, voz irónica y cáustica, fue, junto a Labordeta, La Bullonera y otros, fundador de la Nueva Canción Aragonesa.

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Carbonell, voz irónica y cáustica, fue, junto a Labordeta, La Bullonera y otros, fundador de la Nueva Canción Aragonesa.
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El coronavirus complicado con una neumonía se ha llevado de este mundo a uno de los cantautores más conocidos de la década de los 70 y 80, que aún continuaba en los escenarios hasta hace apenas un par de meses. Contaba setenta y tres años. Voz crítica, irónica, cáustica con sus propios textos. El óbito se ha producido en el Hospital Clínico de Zaragoza, donde permaneció cuarenta y siete días. Su hijo Nicolás había manifestado unas jornadas anteriores que su padre se encontraba bien, esperanzado en vencer esta maldita pandemia. Había dejado de fumar hacía treinta años y físicamente parecía hallarse confiado en salir de este dramático trance. Cantaba últimamente formando parte de Los Tres Norteamericanos, nombre que parecía obedecer a su espíritu bienhumorado. El 11 de julio de 2020 se subió por postrera vez a un escenario en la localidad zaragozana de Grisel. Tenía previsto hacer una gira por toda España en los próximos meses para festejar su medio siglo con la canción, efeméride que ya anticipó el 2 de diciembre de 2019 en un recital en su tierra aragonesa. Otro de sus propósitos era poner fin a sus memorias.

Joaquín Carbonell nació en Alloza, Teruel, en 1947, hijo de catalana y maestro aragonés represaliado por el franquismo. Fue condiscípulo de Federico Jiménez Losantos, y alumno como éste del celebrado y también desaparecido José Antonio Labordeta. Empezó ganándose la vida muy jovencito como botones en el hotel Subur, en Sitges, asimismo fue camarero y en invierno volvía a su pueblo para ayudar a su familia en el molino de aceite que poseían.

En sus comienzos artísticos era la música lo que más le motivaba, antes de que se despertara en él la conciencia social que luego formaría parte de sus composiciones. Contaba que con siete años ya alegraba las fiestas de su pueblo tocando la armónica y subido a un saco de trigo, entre la algarabía de los mozos. Con quince años se convirtió en batería de un grupo local, la Orquesta Bahía. Instrumento que le enseñó, si así puede decirse, un pobre viejo. Su repertorio era el de las canciones que por entonces sonaban en la radio, con preferencia de la música italiana festivalera. Con diecisiete años estaba en Teruel, en el Colegio Menor San Pablo (al que por cierto pensaba homenajear este año con un documental). Ganó allí un segundo premio en un festival estudiantil imitando a Elvis Presley. Otras actividades de Joaquín Carbonell en aquel tiempo fueron la de crear un dúo con Cesáreo Hernández musicando poemas de García Lorca, Neruda y Nicolás Guillén. Era evidente que allí se forjaba el cantautor que luego sería con sus preocupaciones de tipo sociopolítico. Escribía en el diario Lucha, de Teruel, una sección de novedades discográficas. Por esos días colaboró con Labordeta, entonces entusiasmado con un grupo teatral que dirigía, al punto que intervino en unas representaciones de La zapatera prodigiosa. Acabados sus estudios pasó a Zaragoza, se dedicó a la publicidad y comenzó a cantar en Radio Popular. Estaba muy influenciado por Georges Brassens y Bob Dylan, como casi todos los cantautores de finales de los años 70 y comienzos de los 80. En 1973, una vez cumplido el servicio militar, marchó a vivir una temporada en Barcelona, con su mujer, Pilar Navarrete y se hizo amigo de los cantautores catalanes Pí de la Serra, Marina Rosell y otros.

Carbonell fue, junto a Labordeta, La Bullonera y otros, fundador de la Nueva Canción Aragonesa. Decenas de años atrás parece que en España sólo se sabía, musicalmente, de la por otra parte tan valiosa jota aragonesa. Pero los tiempos reclamaban también una aportación creativa de los cantautores de Aragón frente a la situación política de España, en los estertores del franquismo y el nacimiento de la Transición. Y así, Joaquín Carbonell fue divulgando su repertorio por otras provincias españolas, uniéndose a las voces de Joaquín Díaz, Nuestro Pequeño Mundo y otros artistas del folk nacional, puesto que asimismo, al margen de sus temas sociales, nunca olvidó sus letras más costumbristas. Debutó discográficamente en 1976 y en su segundo disco popularizó Dejen pasar, al año siguiente. Uno de los estribillos de Joaquín fue aquel que rezaba: "Levántate, Aragón / por la mañana / con el primer temblor / del cacareo". Y este tan hermoso: "Mira cómo viene el agua / mírala cómo se va. / Mira cómo se la llevan / caminito de la mar".

Su discografía se compone de alrededor de ciento cincuenta canciones registradas en quince discos. Dos de sus temas los tituló así: "Un tango para Federico" y "Querido Labordeta". La figura de Joaquín Carbonell ha sido incluída en varias antologías y libros sobre la canción de autor en España, entre ellos el muy documentado de Víctor Claudín, que muchas veces hemos consultado.

Lo mismo le gusta el blues que el flamenco, Zappa que Silvio Rodríguez, Jacques Brel y los ya citados Brassens y Dylan. Desde luego le apasionaba la canción popular. Se fue a vivir al campo, a San Mateo del Gállego, "a criar patatas", como burlonamente declaraba. La encantaba disponer de una pequeña huerta, donde tenía completa tranquilidad y silencio para escribir. Esa actividad literaria lo llevó a escribir en varios periódicos aragoneses, a colaborar en programas de , a publicar poemas, varias novelas, biografías… El humor nunca le abandonó, ni el lirismo. Por supuesto, por encima de todo, su amor a su familia y a Aragón, siempre.

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