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Con Armando Manzanero desaparece la última leyenda del bolero

Manzanero se llevó en 1970 un Grammy por "Somos novios", canción versionada por Elvis Presley, Perry Como o Frank Sinatra.

Con Armando Manzanero desaparece la última leyenda del bolero
Armando Manzanero en diciembre de 2018 | Cordon Press

"Puedo morir mañana/ después de amarte..." cantaba a menudo entre su amplio repertorio. Y no es que fuera un hombre depresivo, todo lo contrario: vitalista, lleno de proyectos. Se levantaba con las del alba, a las cinco de la mañana. Y antes de que saliera el sol ya estaba muchos días sentado ante su piano, imaginando nuevas historias de amor. Sin ir más lejos, el pasado 11 de este diciembre inauguraba el Museo Casa Manzanero en su localidad natal, Mérida, Yucatán. Nadie de los reunidos podía sospechar que diecisiete días más tarde el maldito coronavirtus acabaría con su vida. Su hija Mainca manifestó: "Sus riñones ya no aguantaron más- Lo ví por última vez anteayer y me dio su bendición". ¿Presentía entonces su final? Lo cierto es que los medios informativos aztecas apuntaban a una mejoría tan sólo el pasado fin de semana. Se fue para siempre, a los ochenta y cinco años cumplidos el 7 de este mismo mes, el último gran creador de boleros, la leyenda del más romántico de los géneros musicales. Este lunes día 28 sus cenizas eran llevadas a su ciudad natal.

Armando Manzanero Canche, de rasgos mestizos, mayas, con la piel aceitunada, midiendo sólo un metro y cincuenta y cinco centímetros siguió los pasos musicales de su padre, que era un modesto trovador. No quería éste que su hijo fuera músico, prohibiéndole tajantemente tocar el piano. Pero se empeñó y una vez que concluyó sus estudios en el Conservatorio se buscó la vida en orquestas de medio pelo para ayudar a su humilde familia. Desde Mérida se trasladó a México D.F en 1957 y se dedicó a acompañar al piano a cuantos intérpretes melódicos pasaran por el bar Candilejas. Lejos estaba todavía su fama como creador, aunque ya empezaba a componer sus primeras canciones.

Disfrutó acompañando al final de esa década de los 50 a grandes figuras del bolero: el mejor de todos ellos, Lucho Gatica, Luis Demetrio, la impetuosa cubana Olga Guillot… El chileno Gatica le grabó en 1958 "Voy a apagar la luz", que constituyó para Armando uno de sus primeros éxitos:

"Voy a apagar la luz / para pensar en tí / y así dejar soñar / a la imaginación..." Bobby Capó, que derivó el lento bolero hacia el cha-cha-chá le estrenaría "Llorando estoy".

Manzanero tenía verdadero pánico a cantar, considerando que no poseía una voz apropiada. "Yo me consideré siempre un trovador, como lo fue mi padre, sabiendo que los trovadores nunca han sido buenos cantantes", me confesó la primera vez que lo entrevisté, hacia 1968, en Málaga. Vino muchas veces a nuestro país, grabó en los últimos años duetos con artistas españoles, como Alejandro Sanz, María Jiménez, Rosario, Antonio Carmona... en tanto otros hicieron versiones de su más florido repertorio: "Somos novios", "Esta tarde vi llover", "Adoro", "Contigo aprendí"… El primero de los boleros citados lo grabó Elvis Presley, con el título en inglés de "It´s impossible", constituyendo un triunfo internacional, que también registró en disco el afamado "crooner" Perry Como. Sin olvidarnos de la versión que hizo Frank Sinatra. Manzanero se llevó en 1970 un Grammy por tal título.

La catalana Salomé me contó que hizo una gira por México: necesitaba un pianista. Su casa de discos en aquel país, "Musart" le proporcionó lo que pedía. Y era nada menos que el maestro Armando Manzanero. No se conocían. Hicieron una gran amistad y nuestra compatriota le grabó una serie de sus mejores piezas, los primeros boleros que ella introdujo en su repertorio. La verdad es que Manzanero no era conocido como cantante y como autor, apenas entre nosotros se reconocían sus composiciones. Fue mediados los 60 cuando ganó el primer premio del Festival de la Canción de Miami gracias a una magnífica melodía: "Cuando estoy contigo", aquella que reza:

"Cuando estoy contigo / no sé qué es más bello / si el color del cielo / o el de tu cabello..." Al año siguiente volvía a lograr otro inspirado bolero, "Adoro", con el que la antes citada Olga Guillot consiguió un tremendo éxito: "Adoro, / la calle en que nos vimos / la noche, cuando nos conocimos..."

Por fín en 1967 se decidió luego a cantar él mismo sus propias creaciones, muchas de ellas basadas en sus propias experiencias sentimentales, pues era un "donjuán" desde que con catorce años se ennovió con una vecina, María Elena Arjona Torres. Su padre, que por lo visto lo vigilaba, le hizo ver que no le convenía mantener relaciones a tan corta edad; pero él se empeñó, casándose con el primer amor de su vida en 1957, tras seis años saliendo con ella. Tuvieron cuatro hijos pero por la vida artística que llevaba, de un lado para otro, se rompió aquel hogar, separándose.

En 1969 produjo un disco a dúo con José Alfredo Jiménez, con la particularidad de que, siendo ambos autores e intérpretes, intercambiaron sus melodías y uno cantó las del otro, y viceversa. Dos genios, pues si Manzanero ya empezaba a recoger el fruto de su talento en muchos países, José Alfredo pasaba por ser el más inspirado cantautor de rancheras, y en ocasiones asimismo de boleros.

Entre esas historias surgidas de propias vivencias de Armando Manzanero figura "Esta tarde ví llover", bolero del que recordamos: "Esta tarde vi llover / vi gente correr / y no estabas tú..." Escribió la letra cierta desapacible jornada cuando en espera de una chica con la que se había citado, ésta le dio plantón. Arreciaba la lluvia y Armando se cobijó en un cercano café, donde sacando un cuaderno de notas que siempre llevó consigo, comenzó a escribir aquella fallida experiencia sentimental, pues se había enamorado de la muchacha que había faltado a su palabra de encontrarse.

Aprendió Armando Manzanero muchas cosas de las mujeres. Al fin y al cabo se enamoró de buen número de féminas, convirtiendo en su segunda esposa a una empleada de banca, María Teresa Papiol, con quien convivió siete años. Siete meses, en cambio, le duró su tercer matrimonio con Gloria Caballero. Y cuatro con la cuarta esposa, Olga Aradillas, entre 2002 y 2006, con quien pleiteó hasta que la justicia sentenció a favor del compositor, a quien aquella lo había acusado de maltratador. Aún tuvo más adelante una aventura con la cantante Susana Zabaleta, con la que formó pareja artística varias temporadas.

Otra joven intérprete le sirvió de musa para componer otro de sus más populares temas, "Contigo aprendí". Habían quedado para ir una noche a cenar juntos. No se pusieron de acuerdo en la fecha, pues Manzanero prefería una velada sabatina o festiva, a causa de su trabajo. Irían posponiendo la cita… que nunca ocurrió. Y ello fue suficiente para que Armando compusiera aquello de: "Aprendí / que la semana tiene más de siete días, / a hacer mayores mis mejores alegrías, a ser dichoso / yo contigo lo aprendí". Es mejor aprovechar cualquier momento, pensó para sí.

Seiscientos títulos, más o menos, es el legado que nos deja este extraordinario compositor. Bien cierto que en esa faceta superaba siempre la de intérprete. Pero como tal triunfó asimismo con su voz aguda, difícil de imitar. Verlo, escucharlo, constituía un buen espectáculo con su breve estatura, sí, pero cargando de emoción cada frase, cada estribillo. Canciones sentimentales, románticas, cursis para algunos… Él mismo reconocía que en los últimos tiempos podía ser considerado pasado de moda. Mas cuando subía a un escenario recogía siempre cerradas ovaciones de un público entregado. ¿Por qué retirarse?, pensaba. "Mientras haya una pareja que se enamore, existirá el bolero". Que era como decir él mismo. Procuraba ester al lado de jóvenes valores. Produjo en su día grabaciones de Luis Miguel, quizás el ídolo más importante que ha dado México en las últimas décadas.

Su popularidad en México, en países de habla hispana y por supuesto en España, la mantuvo a lo largo de varios decenios. Realizó giras por capitales europeas y hasta en Japón conocen sus canciones. Protagonizó tres películas: Somos novios, Cándido Pérez, especialista en señoras y Cándido de día, Pérez de noche. Y escribió un libro de recuerdos, "Con la música por dentro", editado en su país hace veinticinco años. Conservo un ejemplar y en él apenas dedica unas líneas a sus amores, recreándose con relatos familiares y de gentes que conoció en su infancia, adolescencia y juventud. No cuenta sus éxitos, no refiere anecdotario alguno acerca de su carrera, de tantos personajes que conociera, por ejemplo. La verdad es que él nunca daba importancia a su biografía musical. Era de naturaleza sencilla y siempre muy atento, cortés al máximo.

La quinta y última de sus esposas Laura Elena Villa, treinta y seis años menor que él, lo ha acompañado hasta sus últimos días. Se casaron en 2014. A ella dedicó "Nada personal", cuando aún no habían formalizado su boda y ambos habían tenido últimamente otras relaciones. Ha sido la mujer que mejor lo comprendió.

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