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Franco Battiato, el poeta filosófico de la canción

El artista italiano pensaba hacía tiempo en la muerte, que finalmente lo ha visitado este 18 de mayo, ya con su mente desvaída.

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El artista italiano pensaba hacía tiempo en la muerte, que finalmente lo ha visitado este 18 de mayo, ya con su mente desvaída.
Franco Battiato, en un concierto en 2009. | Cordon Press

Franco Battiato llevaba ya unos años enfermo. Pensaba hacía tiempo en la muerte, que finalmente lo ha visitado este 18 de mayo, ya con su mente desvaída. Sus allegados dijeron cuando se retiró de los escenarios que era incierto que padeciera "el mal de Alzhéimer". Desgraciadamente, llegada esta inevitable hora de su desaparición, el extraordinario cantautor que fue, no era consciente de su día a día. Desaparece quien estaba considerado hacía muchas calendas un creador renacentista, tópico desde luego pero que en él se significaba su vasta cultura, la profundidad de su pensamiento expresado en unas letras de canciones nada comunes, personalidad musical que desarrolló su carrera tanto en sus primeras versiones del pop comercial y las piezas típicas del folclore italiano, atravesando un variadísimo temario clásico, experimental, operístico, de pop progresivo, étnico y hasta filosófico. Se dice de quien no sigue modas pero que agrupa todas en su indefinido repertorio que es de naturaleza ecléctica. Ése era Franco Battiato, que acaba de irse para siempre a la edad de setenta y seis años. Y que además probó a ser director de cine, guionista, actor y asimismo pintor. Con mucho menos reconocimiento, desde luego, que en sus facetas de letrista y músico.

Hijo de camionero y ama de casa, nacido el 23 de marzo de 1945 en un pequeño pueblo de Catania, Sicilia, que Mussolini dio en llamarlo Jonia y que después viene conociéndose como Giarre-Reiposto, o Milo. Allí es donde vivió sus primeros años y donde eligió para morir. Veinteañero, se fue a Milán, después a Roma para desarrollar su faceta artística. Eran los felices años 60, cuando la música ligera italiana se expandía por media Europa, alegre, festivalera, y él encontró apoyo en sus colegas, ya populares, Giorgio Gaber y Caterina Caselli, aquella de "Ninguno me puede juzgar". Pero de interpretar éxitos ajenos pasó ya a involucrarse con un estilo diferente, propio, original. Se unió a una banda de rock progresivo, grabó "La Cionvenzione/Paranoia", difícil de clasificar entonces, continuó con sus experimentos en la música electrónica y con "La voz del padrone" conseguiría vender un millón de copias en 1981.

Al año siguiente le dio por introducir en "L ́arca di Noé" unos fragmentos en inglés y otros en árabe, lengua que comenzó a estudiar a su paso por Turquía. Luego, resulta que también se asomó al Festival de San Remo, celebrado aquel 1984 en Luxemburgo, donde intervino a dúo con una interesante intérprete llamada Alice. Battiato consiguió durante el tiempo que duró su carrera musical, alrededor de cincuenta y cinco años, ser un cantautor popular cuando sus temas no eran precisamente superficiales y menos desde luego vulgares.

Franco Battiato era fácil de ser reconocido físicamente, por su mirada como si acabara de haberse levantado de la cama, y desde luego a causa de su abultado apéndice nasal, lo que aceptaba bienhumorado: "Una nariz como la mía o la aceptas o te pegas un tiro". A propósito de ello, lo que él desconocía, era que Martes y Trece, en el programa de Nochevieja en 1988, estrenó una parodia sobre Battiato, al que denominaron Franco Nappiato, mientras Josemi se transformaba en el cantautor italiano pertrechado bajo una gabardina de las que éste utilizaba normalmente. Pero en el fondo, lo que él cantaba no era objeto precisamente de imitaciones, dada su originalidad. Así, por ejemplo, cuando tomó un tratado de Plutarco, "Sobre el consumo de carne", que él transformó en "Sarcofogia", guiado por su inclinación vegetariana.

Llegado 1988 nos llegó su álbum Nómadas, con el tema que le daba título:

"Nómadas que buscan
los ángulos de la tranquilidad
en las nieblas del Norte,
en los tumultos civilizados
entre los claros oscuros y la monotonía..."

Y en "Bandera blanca", decía:

"... los tiempos cambiarán. Somos hijos de la estrella
y bisnietos de su majestad el dinero..."

"Yo quiero verte danzar" llevaba por letra al principio:

"Yo quiero verte danzar
como los zíngaros del desierto
con candelabros encima
o como los balineses en días de fiesta.
Yo quiero verte danzar...".

El surrealismo literario, poético, pleno de metáforas, estaba siempre presente en estribillos y contenido en general de sus letras.

Fisiognómica, álbum fechado en 1988 contenía uno de sus éxitos discográficos, "Y te vengo a buscar":

"Emanciparme del sueño de las pasiones
buscar el uno por encima del bien y del mal,
ser una imagen divina
de esta realidad".

Se sentía muy italiano y, precisando más, siciliano, de su pequeño pueblo. Estaba muy unido a su madre, Grazia, muerta en 1994, y la visitaba cuantas veces podía, feliz de hallarla donde siempre, la vivienda familiar, modesta, en las faldas del volcán Etna. No le gustaba la vida social. Pasaba mucho tiempo leyendo, componiendo al piano y con la guitarra, sirviéndose bastantes veces también, cuando no era él quien las escribía, de las letras de su íntimo amigo y compañero, el filósofo siciliano Manlio Sgalambro, fallecido en 2014 a los ochenta años, que le dejó temas como "La cura". Battiato, (nunca lo explicó que sepamos), utilizó a lo largo de su vida profesional diferentes seudónimos, tan originales como éstos: Coronel Musch, Kilim, Albert Kun, Astra, Martin Kleist, Ed De Joy...

Quien como él se preocupaba siempre del hombre y sus circunstancias fue invitado a entrar en la política, que él detestaba. Pero a ruego de quien regía los destinos de su tierra aceptó ser Ministro de Turismo y Cultura en 2012, en la creencia de que podría ser útil a sus conciudadanos. Duró en el puesto menos que un pastel a las puertas de un colegio: cinco meses. Al ser preguntado por las razones de su dimisión fue suficientemente explícito: "El Parlamento es lo más parecido a una casa de putas".

Dentro de su mundo particular y no menos extravagante aceptó que el Observatorio Astronómico de Milán bautizara con el nombre del cantautor a un asteroide. Algo inmaterial, flotando en el Universo, que le causó un extraño placer, mucho más que cualquier estatuilla o disco de oro. No le interesaban las glorias de este mundo. Pensaba ésto: "Vivimos en una sociedad infernal, llena de mentiras, corrupción y únicamente interesada por el dinero y el éxito".

Director de películas experimentales

En su enfebrecida mente bullían toda clase de proyectos, que diversificó, al margen de la música y sus correspondientes letras, en guiones cinematográficos, que él mismo se atrevió a dirigir. Unas cuantas películas experimentales que merecieron de la crítica comentarios adversos, sin que tuvieran desde luego recorrido en las salas comerciales. Era otra faceta de su constante creatividad. Así, escribió un texto, "Musikangten", para su amigo argentino, afincado en París, Alejandro Jodorowski, uno de los fundadores del Teatro Pánico, al que convirtió en Beethoven, ya en su declive y ancianidad. Otro argumento fue para evocar a su modo y manera la figura de Brahms, uno de sus clásicos favoritos.

Grabó discos en varios idiomas, entre ellos el español, reuniendo sus versiones de éxitos en nuestro idioma, o de clásicos populares como "Cucurrucucú, paloma", la conocida ranchera mexicana. Y desde luego, entre los temas propios seleccionados "Gravedad permanente", "Bandera blanca" y otros.

Se le admiró y se le quiso entre nosotros. Su última gira por España acaeció en 2017. La actuación en Madrid resultó sobresaliente. Poco después sufrió una aparatosa caída que le supuso la rotura del fémur y la cadera, comienzo de su luego quebrantada salud, obligándole a cancelar su gira artística. Fue cuando pensó retirarse a Milo, su pueblo natal, tras despedirse de sus paisanos exactamente el 17 de septiembre de 2017 en el Teatro Romano de Catania. Ya jubilado, mientras su mente se iba obscureciendo, apareció su postrera grabación, fechada en agosto de 2019: Torneremo ancora. Porque él siempre pensaba en la reencarnación, que volvería de alguna forma, sin concretar cuál.

Alguien, entre los muchos elogios de que fue objeto, dijo sobre Franco Battiato que era "el alquimista de la canción". Me sumo a tan brillante ocurrencia.

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