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Muere Pablo Herrero, autor de grandes éxitos de Rocío Jurado y Nino Bravo

Discreto y sencillo, fue un gran instrumentista y compositor de éxitos musicales para artistas de muy diversos estilos.

Discreto y sencillo, fue un gran instrumentista y compositor de éxitos musicales para artistas de muy diversos estilos.
El letrista y compositor Pablo Herrero | SGAE

La muerte de Pablo Herrero este último martes, 5 de diciembre, llena de luto el historial del mejor pop español, desde los años 60 hasta muy avanzados los 70. Fue un gran instrumentista y compositor de éxitos musicales para artistas de muy diversos estilos. Como ha sucedido en tantos casos de autores, su obra se recuerda, aunque el tiempo haya borrado su nombre, salvo para los profesionales y estudiosos de su época. Por otra parte Pablo Herrero era discreto, sencillo y nunca alardeó de los muchos números 1 que consiguió. Tampoco se tenía de él su imagen física en la memoria, lo contrario que sucedía con Augusto Algueró o Manuel Alejandro. Nada de ello quita el talento que dejó en el pentagrama.

Había nacido en Madrid hacía ochenta y un años. A finales de los años 50 y primeros 60 fue cuando en España surgieron los primeros grupos con guitarras eléctricas, a imitación de los ingleses. Pablo se inició con uno denominado Los Tigres, en ese tiempo cuando estudiaba en la Universidad Complutense. Coincidió en un programa de Radio Intercontinental, Ruede la bola, con otros colegas tan ilusionados como él con aquella música conocida, simplemente, como "moderna".

Uno de ellos, José Luis Armenteros, procedía del conjunto Los Morgan. Pablo tocaba el piano y el órgano y José Luis, era guitarra solista. Se unieron con otros tres compañeros y fundaron uno de los dos grupos instrumentales más importantes de entonces: Los Relámpagos; el otro era el de Los Pekenikes.

Al principio, se hacían llamar Dick y Los Relámpagos. Dick obedecía a que su líder se llamaba Ricardo (Dick) López Fuster. Fue una noche de 1961, ensayando en un local, con tiempo desapacible, entre truenos y rayos, cuando dieron en bautizar al conjunto con aquel nombre, aunque existe otra versión, tal vez más cierta: que se hicieron llamar Los Relámpagos en homenaje a uno de sus grupos favoritos, los norteamericanos Johnny and Hurricanes.

Me contaba un día Pablo Herrero que utilizaban en sus principios instrumentos caseros: los bafles, por ejemplo, construidos con cajas de higos de Valencia, en tanto sus guitarras, eran adquiridas a plazos con los pocos ahorros que tenían, procedentes de la paga semanal de sus familias. El caso es que desde 1961 hasta 1968 Los Relámpagos gozaron de una justa notoriedad. "Nit de llampecs" (Noche de relámpagos) fue su indiscutible éxito, así como su versión de un clásico de las coblas catalanas: "La Santa Espina", una legendaria sardana.

Burlaron la férrea censura franquista, que no advirtió esa última elección discográfica, cuando en Cataluña estaban prohibidos himnos o músicas tradicionales, verdadera obsesión del Régimen.

Los Relámpagos y Miguel Ríos

En una temporada Los Relámpagos acompañaron a un recién llegado al rock and roll hispano, el granadino Miguel Ríos, al que su casa discográfica lo obligó a ser conocido como Mike. Por entonces participaron en los primeros pasos del pop nacional, las matinales del Circo de Price madrileño, que al cabo de varios domingos la autoridad prohibió, "en defensa de una moral de nuestra juventud". Los Relámpagos fueron autores pioneros en grabar fragmentos de música clásica española con guitarras eléctricas ("La danza del fuego", "Recuerdos de la Alhambra"…)

Cuando Los Relámpagos originales (porque después hubo otros con diferentes miembros) se retiraron, Pablo Herrero formó pareja compositora junto a su buen amigo y compañero del grupo José Luis Armenteros, antes ya citado. Ambos crearon muchísimas canciones, alrededor de ochocientas, firmadas como José Luis de Pablo. Difícil resultaba saber si muchas de ellas correspondían a la imaginación de uno u otro. Caso parecido al del Dúo Dinámico, pongamos por caso. Crearon una productora musical que llamaron Mecenas.

La asociación musical entre Pablo y José Luis resultó de lo más fructífera, pues firmaron como queda dicho esos centenares de piezas para cantantes y grupos, unos conocidos y otros que empezaban. La lista es larga, y la condensamos así: Nino Bravo ("Un beso y una flor", "Libre", "América, América"); Fórmula V ("Cuéntame", "Tengo tu amor", "Eva María"); Rocío Jurado ("Como una ola"); Francisco ("Latino"); Jarcha ("Libertad sin ira") y un larguísimo etcétera que los convirtió en prolíficos autores muy bien recompensados por derechos de autor.


La pareja estuvo muy unida en sus facetas de compositores y productores, pues recibían a menudo encargos de artistas de diverso signo. Su firma, uniendo como decíamos los nombres de ambos, era garantía de éxito. Lo comercial en ellos (crearon muchas canciones "del verano") tenía la suficiente calidad para nunca ser populachera. De los dos eran la letra y la música.

Trabajaron al alimón todavía con el nuevo siglo, aunque ya su producción iba descendiendo ante la irrupción de otro tipo de música juvenil. Pero no dejaron de tocar con la colaboración de otros veteranos compañeros, formando el grupo Trastos Viejos, con el que se divertían, sobre todo los fines de semana en clubs de clientela madura y nostálgica. Eso sucedió a partir de 2010, y siempre música instrumental, como en los buenos tiempos de Los Relámpagos (si exceptuamos la época del solista Mike Ríos).

En 2016 falleció su socio y entrañable compañero José Luis Armenteros. Pablo Herrero no dejó de seguir creando canciones. Porque en su caso, como en el de tantos artistas, la música le insuflaba mucha vida. Hasta que le ha llegado el final.

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