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Astola y Ratón: "Ahora parece que leerse un libro es de gilipollas"

LD entrevista al grupo andaluz días antes de que comiencen su nueva gira por España.

LD entrevista al grupo andaluz días antes de que comiencen su nueva gira por España.
Astola y Ratón

Alejandro y Diego. Astola y Ratón, para los adeptos. Sevilla y Jerez. Ex-Fondo Flamenco y ex-Delinqüente, respectivamente, dejaron hace más de una década los grupos que los llevaron a lo más alto de panorama musical español para acatar lo que el destino tenía preparado para ellos: formar una banda divertida, singular y canalla a la que sus apodos artísticos dan nombre.

Con más de cuarenta millones de reproducciones en las plataformas audiovisuales y tras cuatro discos —los dos primeros, de Astola en solitario—, regresan el 19 de abril a los escenarios tras dos años dedicados a la gira de reencuentro de Fondo Flamenco. En poco más de un mes, pisarán Barcelona, Madrid, Málaga, Sevilla y Valencia para abrazar de nuevo a su público y hacer lo que mejor saben hacer: coger un guitarra y hacer que el tiempo vuele.

LD les entrevista para saber cómo trabajan de cara a sus próximas citas, qué proyectos les esperan después de la gira y qué balance hacen de estos últimos años.

P: Hace poco tiempo aparecisteis en las redes tratando de empujar el carromato de Astola y Ratón después de dos años de parón. ¿Ha costado arrancarlo? ¿Cómo estáis preparando la gira?

Astola (A): Estamos con ensayos a tope y repasando toda la discografía, pero no, no ha costado; somos buenos empujaores. Pero sí había que retomar. Prácticamente no nos hemos separado porque hemos estado trabajando juntos en otros proyectos como Fondo Flamenco, así que engrasados como banda, seguimos engrasados, pero había que volver a reunirse y poner en claro las canciones de nuevo. Tenemos también una nueva adquisición como músico, Aitor Moya, así que haciendo encaje de bolillos y todo p’ alante.

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P: Venís de dos años insuperables desde el punto de vista profesional: dos wizinks, tres actuaciones en la Cartuja de Sevilla, gira por todo el país, festival Starlite...¡incluso el Royal Albert Hall de Londres habéis pisado! Todo esto, ¿impone o da confianza? ¿Cómo tenéis las expectativas?

A: A nosotros ya no nos hace temblar ni excitarnos nada, en el bueno sentido de la palabra. Todo nos emociona, pero…

Ratón (R): La verdad que cuando tocamos en el Royal Albert Hall ni nos lo creíamos. Nunca nos hubiésemos imaginado, ni en nuestros mejores sueños, que íbamos a tocar ahí: un sitio donde ha tocado Eric Clapton, los Allman Brothers...los más grandes de la historia ¡y nosotros!

A: Nosotros ya hemos estado arriba, hemos estado abajo, hemos visto el fondo del pozo. Hemos estado en todas partes, así que ni lo más bueno ni lo más malo nos va a hacer temblar.

P: Esta gira va a ser todo lo contrario: pasáis de esos megarrecintos a espacios mucho más pequeños. ¿Qué tienen las salas que no tenga un Wizink?

R: La cercanía de la gente. Vamos, no vamos a hablar nosotros mal del Wizink o de cualquiera de esos sitios, que son una pasada, pero tocar en una sala de máximo mil y mínimo cuatrocientas personas tiene la cercanía de la gente. En los sitios grandes, la primera fila ya está un poquito lejos: hay vallas de seguridad porque, evidentemente, cuando hay quince mil personas en un sitio, tiene que haber medidas. Pero sí, la cercanía mola mucho; a mí lo que me gusta de los sitios pequeños es lo cerca que está la gente de los músicos.

A: En el Wizink, el público es un mismo ente y en una sala se le puede poner cara al público casi. En el Wizink es todo como una masa enorme que todo lo come y en las salas, pues...llegas a conocer a la primera fila.

R: ¡Y a la segunda!

A: Bueno, es que el Diego se aprende el nombre de casi todos (Risas).

R: En los conciertos que hacíamos Astola y yo los dos solos eran sitios incluso más pequeños y ahí le preguntábamos a todos el mundo su nombre.

P: ¿O sea que en las salas el arte está por encima del negocio?

A: Bueno, el arte debe estar por encima del negocio en todos lados.

R: Pero, desgraciadamente, hace falta dinero pa’ to.

P: También hay que comer, ¿no?

R: ¡Sí! Yo siempre digo que nosotros -yo, por lo menos- cobro por estar fuera de mi casa. Por tocar, no porque yo cojo una guitarra en cualquier momento, toco tres o cuatro horas, me lo paso de puta madre y no le pido un duro a nadie. Pero...hay que estar fuera de casa, dejar de ver a tu pareja, a tus hijos…¡y hay que comer!

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P: La vida de salas, entonces, ¿es una búsqueda de pelas por la carretera constante? ¿Es un mundo tan incierto como parece?

A: Sí, el negocio de la música es una montaña rusa completamente. Va muy rápido y más ahora con las redes; las cosas cambian muy rápido, los estilos que están de moda… Tu crecimiento personal, si te gusta lo que haces, es constante y paulatino porque también tiene su camino lógico.

El negocio de la música es una locura: lo que gusta, de repente, no gusta y te quedas fuera del tiesto. Otras veces, lo que tú haces converge con el negocio y una canción te pone arriba, después desapareces… ¡Nunca se sabe! Pero eso tampoco debe ser lo que te mueva porque te puede crear mucha frustración y problemas de todo tipo.

Lo que uno tiene que hacer es seguir su camino, hacer lo que le gusta y ya está. Es a lo que nosotros nos dedicamos; a hacer lo que nos sale del alma. Si en algún momento el foco nos ilumina, pues... ¡bendito sea!

P: ¿Esa intimidad de las salas de la que habláis es la que queríais conseguir cuando citasteis a la gente en la Plaza de Armas de Sevilla para grabar el videoclip de la nueva versión de Ventanilla?

A: ¡Sí! Era también rememorar lo que hacíamos hace diez años. Nos gusta acercarnos a la gente y que participen. Nunca en ningún videoclip habíamos hecho partícipes así a la gente, al libre albedrío, y estuvo muy bonito.

P: La versión original lleva ya más de once millones de reproducciones y esta nueva de la que hablamos, en menos de un mes, setenta y tres mil. ¡No está nada mal!

R: No, la verdad que no (risas).

P: Astola, en Estética haces una crítica a la sociedad actual y a un mundo que solo se basa en las apariencias. ¿Qué nos pasa? ¿De dónde viene el problema?

A: De la publicidad, sobre todo. Del consumismo habla la canción: se valora mucho más lo que parece que lo que es. Ahora parece que leerse un libro es de gilipollas, que la gente estudiada es aburrida.

R: ¡Frikis!

A: ¡Una contradicción! Antes, compartir la mesa con un resabido era un honor y ahora, pues…

R: Hace ya cien años que Valle-Inclán escribió Luces de bohemia y Max Estrella decía que en España se condena el saber. Aquí cuando una persona sabe mucho, en vez de pararte a escucharlo, se dice "Mira este, que va de enterao".

El problema no viene de hace diez años ni veinte. Está claro que, como dice mi compadre, con las redes sociales se ha multiplicado todo exponencialmente, pero en España yo creo que todo el problema radica en la educación. No se puede seguir educando igual y pensar que, después, los resultados van a ser diferentes. Hay que cambiar desde abajo; si no, vamos a seguir repitiendo los mismos patrones.

P: En contraposición a eso, centráis vuestras canciones en temas constantes en la historia del ser humano. Da igual mujeres que hombres, adultos que niños, ricos que pobres: el amor, el desamor, la soledad, el sentirse perdido, el miedo al transcurrir del tiempo, el recuerdo a lo pasado, la ilusión, los sueños… da igual la época, todo esto nos ha preocupado siempre y nos iguala a todos, ¿no?

R: La sociedad ha cambiado mucho desde el punto de vista tecnológico: ahora podemos ir a Australia prácticamente en un día y mi abuela tardó tres días en llegar desde Jaén a Jerez en tren en el año 45, pero el amor, el desamor, la educación, los valores...esos problemas siguen siendo los mismos que hace cien o doscientos años. Por eso hay cosas que se escribieron hace trescientos años que siguen valiendo.

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P: Hablando de sueños e ilusiones, Astola, ¿se te han cumplido los que tenías cuando escribiste Inmortal?

A: Hombre, ¡todavía no he conseguido volar! (Risas) ¡Pero no me he rendido!

R: Se ha tirado de unos pocos sitios… (risas)

A: ¡Pero no planeo todavía! Caigo a plomo

P: Diego, ¿qué papel has jugado tú en esos sueños e ilusiones de Astola? ¿O qué papel ha jugado él en los tuyos? No sé cuál es la dirección correcta de la pregunta.

R: ¡Es lo mismo! Yo con él entré a tocar como músico de su banda porque un guitarrista le falló e iba a hacer unos cuantos bolos nada más, pero se creó un vínculo. Dios los cría y ellos se juntan dice el refrán y los refranes siempre tienen algo de verdad intrínseca.

Él es bastante más joven que yo, tiene quince años menos, y me recordaba muchísimo a mí cuando tenía su edad y a mi época de Los Delinqüentes: esa ilusión, esa vitalidad… Él es hiperactivo: no para de crear canciones. Me recordaba mucho también a mi compadre Miguel, que en paz descanse. No en el estilo y en las formas, pero sí en la predisposición y en las maneras.

Él también vio en mí ese vamos p’ alante. No teníamos pensado formar un grupo, pero aquí seguimos seis años después.

A: ¡Y tres discos!

P: Diego, mencionas a Miguel y por él te quería preguntar. Dentro de poco se cumplen veinte años de su muerte prematura. ¿Qué se te remueve todavía por el cuerpo?

R: ¡Buf! ¡Mi compadre Miguel! Antes de ser mi compañero de Los Delinqüentes, era como un hermano pequeño para mí. Sigo soñando con él muchas veces y me acuerdo de él constantemente. Veinte años y parece que fue ayer. Para mí el tiempo ha pasado demasiado rápido. Soy consciente de que el 6 de julio se cumplen ya veinte años, pero, si lo pienso, me parece una cosa increíble. Ya cuando me acuerdo de él es con una sonrisa en la cara, recuerdo los buenos momentos que he pasado con él, el buen rollo de cómo era… Ya no hay esa tristeza de los cuatro, cincos, seis primeros años; yo, entonces, entraba a un bar y si estaban poniendo un tema que estuviera cantando él, me tenía que ir. Ahora, si lo escucho, me río y pienso "¡Mira mi compadre! ¡no era bueno el cabrón! ¡Era un monstruo!"

Desde que se fue, él es el que me hace ver lo rápido que pasa el tiempo.

A: Es un anclaje.

R: Parece mentira, pero la frase de Gardel de que veinte años no son nada es verdad.

P: Dos últimas preguntas, que me puede el ansia. Después de haber trabajado con Kiko Veneno, con el Canijo, con Chukky, Marta Santos… ¿Con quién tenéis pendiente colaborar? ¿A quién tenéis en el punto de mira?

R: A Paul McCartney y Bob Dylan (risas).

A: Otra cosa es que acertemos.

R: ¡Hay que apuntar alto! Si después me quedo en Joaquín Sabina, me conformo totalmente.

P: A mí me haríais un regalo.

R: Hombre, Joaquín Sabina sería increíble, pero yo, para poder cantar con él, tengo que apuntar a Bob Dylan.

A: El tiro, por la parábola, caería más abajo (risas)

P: Ya por último: ¿qué os pide el cuerpo a partir de ahora? ¿Qué queréis hacer después de la gira? ¿Qué tenéis en el horizonte?

A: Pues lo mismo que venimos haciendo desde que cogimos las guitarras: seguir tocando, seguir haciendo canciones…

R: Bueno, ¡tenemos un disco nuevo!

A: ¡Sí! Tenemos un disco preparado que, de momento, está guardado en el cajón, pero que estamos a punto de empezar a soltar. Todavía sin fecha, pero con un montón de planes a muy corto plazo.

P: O sea que, haciendo honor a la canción, "ten cuidado vida, quilla’, que van a por ti".

A: ¡Sí! ¡Vamos a por ti! Empezamos con estos conciertos para retomar el grupo y calentar la banda y luego seguiremos con ese disco que está a puntito.

P: No os quito más tiempo. Nos vemos el 26 de abril en Madrid.

A: ¡Allí te esperamos!

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