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Santiago Navajas

Euroqueer: La Sección Femenina de Falange se ha reencarnado en la Sección No Binaria de los 68 Géneros y de lo WOKE

Eurovisión se parece a un Festival de Coros y Danzas Queer, donde la ideología de género, las reivindicaciones paleto-progres y el compromiso con la fealdad hortera y cutre se ha convertido en un dogma progre.

Eurovisión se parece a un Festival de Coros y Danzas Queer, donde la ideología de género, las reivindicaciones paleto-progres y el compromiso con la fealdad hortera y cutre se ha convertido en un dogma progre.
Nemo, ganador y representate de Suiza en Eurovisión. | Cordon Press

Durante la retransmisión de la gala de Eurovisión en Suecia hicieron un homenaje a la triunfadora de 1974. Franco todavía estaba vivo, la URSS gozaba de prestigio y adhesión en el "mundo de la cultura" e Israel se había incorporado un año antes al Festival. En 1972 un grupo terrorista palestino, Septiembre Negro, había masacrado a los participantes israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich, por lo que se rumoreó que la cantante israelí había participado en Eurovisión con un chaleco antibalas.

Ya en pleno siglo XXI, los terroristas islamistas siguen atacando a Israel, un secuaz de la Unión Soviética sigue poniendo en jaque al planeta y el "mundo de la cultura" continúa apoyando a dictadores y terroristas de su cuerda ideológica. La cantante israelí no ha necesitado un chaleco antibalas, pero sí ha tenido que blindarse contra el acoso de la misma turba antisemita de entonces. Parece que nada haya cambiado, salvo en un pequeño detalle, un leve indicio que nos sugiere que en realidad, y por mucho que digan Steven Pinker y demás optimistas a pesar de todo, nos estamos precipitando de lo malo hacia lo peor. Porque si en 1974 ganaba ABBA con Waterloo, la homenajeada en Malmoe, un año antes se había quedado en segunda posición Eres tú de Mocedades. Es decir, en el Festival, más allá de los gustos subjetivos, había un ánimo sincero de presentar una canción musicalmente estimable. Ahora, sin embargo, Eurovisión se parece a un Festival de Coros y Danzas Queer, donde la ideología de género, las reivindicaciones paleto-progres y el compromiso con la fealdad hortera y cutre se ha convertido en un dogma progre y un postulado de un show dirigido a la que no es la peor generación de la historia, honor reservado a las juventudes nazis y marxistas-leninistas y maoístas, pero sí la más analfabeta, maleducada y narcisista.

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La Sección Femenina de FET y de las JONS desapareció en 1977, pero se ha reencarnado en la Sección No Binaria de los 68 Géneros y de lo WOKE. Tenemos, por ejemplo, a la representante de Irlanda –país hasta ayer católico y que ha devenido seguidor de alguna secta satánica–, Bambie Thug, que ha defendido que "llegan los queers y no binarios para la jodida victoria". La cantante, una mezcla ridícula y patética entre Bambi y Cruella de Vil, da tanto miedo como un niño disfrazado en Halloween y, por mucho que se vista de negro y muestre una dentadura podrida, resulta tan inquietante, tenebrosa y epatante como Barbie, Taylor Swift, Rita Maestre y otras pijas del montón. Imaginen, en comparación, si algún grupo en realidad "queer" y revolucionario como Sex Pistols se hubiese dignado presentar Never Mind the Bollocks en Eurovisión en 1977. Sid Vicious hubiese puesto a Bambie Thug mirando a Mordor.

Como en la época en la que ganó ABBA, también ahora una cantante israelí ha sido acosada por la masa antisemita que con la excusa de defender a los palestinos pueden desatar su pulsión antisemita. Desde sus propios colegas queer, que han pasado de ser las víctimas herejes a convertirse en empoderados inquisidores. Por mucho que se vista con un brujita waltdisneyna, la cantante, es un decir, irlandesa es la heredera de los que perseguían a los judíos y a los conversos.

Hay que aplaudir, por el contrario, a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) que ha defendido con firmeza la presencia de Israel contra la politización que ha pretendido la izquierda tanto política como mediática. Contra la cantante israelí Eden Golan se han posicionado desde la ministra comunista de Pedro Sánchez, Sira Rego, hasta implícitamente medios como la CNN que insisten en que Hamás es un grupo "combatiente" en lugar de terrorista.

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Dentro de la debacle generalizada músico-política caben destacar algunas excepciones, como el francés Slimane, en cuarta posición y vencedor moral de la gala, la española Nebulossa con su imitación de Alaska y, por supuesto, la bella y elegante intérprete israelí, Eden Golan, quinto lugar, boicoteada por el jurado "profesional" y abucheada en directo por sus presuntos compañeros, pero que fue respaldada por la mayoría del voto popular de gran parte de Europa: de España a Alemania pasando por Francia, Gran Bretaña, Italia, Finlandia…

Eurovisión ha sido un pequeño paso para el país acosado por terroristas islamistas, pero un gran salto para los europeos que no nos dejamos intimidar por antisemitas disfrazados de propalestinos.

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