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Santiago Navajas

Françoise Hardy, icono de la chanson francesa: es imposible escuchar su nombre y no ponerse a tararear

Se convirtió en un icono de la moda francesa porque su pose no era postureo, sino que reflejaba con autenticidad una personalidad que oscilaba entre la ansiedad, la insatisfacción y la inseguridad.

Se convirtió en un icono de la moda francesa porque su pose no era postureo, sino que reflejaba con autenticidad una personalidad que oscilaba entre la ansiedad, la insatisfacción y la inseguridad.
Jacques Dutronc y Françoise Hardy | Cordon Press

"Tous les garçons et les filles de mon âge

Se promènent dans la rue deux par deux

Tous les garçons et les filles de mon âge

Savent bien ce que c’est d’être heureux!"

La cantante, figura clave del movimiento yé-yé, padecía cáncer desde hacía veinte años. De un romanticismo lánguido, Hardy interpretaba como nadie al adolescente incomprendido y rechazado aderezado con una estética que hacía del negro un signo de su tristeza y melancolía. Símbolo de una cantante intelectual y existencialista, Hardy se convirtió en un icono de la moda francesa porque su pose no era postureo, sino que reflejaba con autenticidad una personalidad que oscilaba entre la ansiedad, la insatisfacción y la inseguridad. Era de una belleza extraña, en cierto modo masculina o espartana, en las antípodas de la exuberante carnalidad de esa Helena griega reencarnada a la orilla del Sena que era Brigitte Bardot.

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Nada extraño, por otra parte, en alguien que nació en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial en un hospital cuyas ventanas explotaban por las bombas que asolaban París mientras su padre, que tenía otra familia oficial, la dejaba únicamente al cuidado de su madre. Vale mucho la pena leer su autobiografía La desesperación de los monos... y otras bagatelas, un gran texto en el que partía de su entronización con su primera canción "Tous les garçons et les filles" en 1962 a su relación con Mick Jagger, Paul McCartney, Bob Dylan (que la admiró), Eugène Ionesco, Serge Gainsbourg, Nick Drake, Iggy Pop (con quien cantó), Stockhausen o Michel Houellebecq. Como no podía ser menos, una complicada personalidad como la de Hardy debía tener una relación tortuosa con el amor de su vida, Jacques Dutronc, con el que ha estado hasta sus últimos momentos.

Su música ha estado siempre vigente porque las nuevas hornadas de la música pop francesa, como el indie, han encontrado en ella una fuente de inspiración, como en el caso de François Breut. Encarnaba la elegancia, la naturalidad, la sensibilidad y el talento que uno asocia a lo francés... Compositora e intérprete, tenía todos los talentos y era amada profundamente por los franceses que siempre se han caracterizado por saber homenajear a los que consideran la encarnación del espíritu patrio. Un artista francés vive en cuanto que artista y en cuanto que francés, combinando como en ningún otro país lo individual con lo comunal, el espíritu personal con la vinculación patriótica.

El suicidio asistido

Ya hace unos años anunció que se encontraba cerca del fin por varias dolencias, lo que le llevó a plantearse el suicidio asistido. Finalmente, sin embargo, no se sabe si ha muerto por causas naturales. Ella misma ayudó a su madre a morir con una inyección. Alejada de la política cotidiana, agnóstica declarada del feminismo, sin embargo, hizo causa a favor de la legalización de la eutanasia motivada en gran parte por su propio sufrimiento que explicó

"Después de mis 45 radioterapias, la ausencia definitiva de saliva y la falta de irrigación del cráneo y de toda la zona otorrinolaringológica han hecho de mi vida una pesadilla".

Sin embargo, la disolución de la Asamblea por Macron ha impedido que se llegase a aprobar la ley que impulsó la cantante.

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El anuncio de su fallecimiento ha venido por su hijo que lacónicamente ha declarado "Mamá se ha marchado". Ferviente creyente en lo sobrenatural, incluso dedicándose "profesionalmente" a la astrología, es de esperar que en sus últimos momentos encontrara la paz que concede la esperanza en una vida más allá de la vida.

Hardy había cantado

"Aunque tenga que soltarte la mano/Sin poder decirte 'Hasta mañana'/Nada deshará jamás nuestros lazos/Aunque tenga que ir más lejos/Cortar los puentes, cambiar los trenes/El amor es más fuerte que la pena..."

Escuchándola ahora, comprendemos que, la memoria animada por el amor es más fuerte que la pena tras la muerte.

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