
En esta nueva entrega de Prohibido Contar Ovejas, el programa de esRadio presentado por Felipe Couselo, la música sirve como hilo conductor para recordar a dos grandes figuras de la música popular del siglo XX: Bonnie Tyler y Dolly Parton. Dos artistas muy diferentes, pero con algo en común: una personalidad arrolladora y unas voces imposibles de confundir.
La primera parte del programa está dedicada a Bonnie Tyler, nombre artístico de Gaynor Hopkins, nacida en Gales en 1951. Couselo repasa sus primeros pasos y recuerda Lost in France, el sencillo con el que comenzó a llamar la atención en 1976, incluido en su álbum de debut, The World Starts Tonight.
Desde el principio hubo algo que convirtió a Tyler en una cantante inconfundible: esa voz rota, áspera y poderosa que durante años se comparó con la de artistas como Rod Stewart. Lo que podía haber sido un problema terminó convirtiéndose en su principal seña de identidad, después de una operación de nódulos en las cuerdas vocales que cambió para siempre su registro.
El éxito no tardaría en llegar. It's a Heartache, incluido en su segundo álbum, Natural Force, convirtió a Tyler en una estrella internacional y la llevó a lo más alto de las listas tanto en Europa como en Estados Unidos.
Pero si hay un nombre fundamental en la carrera de Bonnie Tyler es el del productor y compositor Jim Steinman. De su colaboración nació Total Eclipse of the Heart, una de las grandes baladas de los años ochenta, concebida con una dimensión casi operística y con un origen bastante más oscuro de lo que podría parecer: Steinman había pensado inicialmente en ella como una canción relacionada con Nosferatu.
También pertenece a aquella etapa Faster Than the Speed of Night, canción que contó con músicos vinculados a la legendaria E Street Band de Bruce Springsteen.
Y si hubo un tema que terminó de convertir a Bonnie Tyler en un icono de los ochenta fue Holding Out for a Hero, incluido en la banda sonora de Footloose. El programa repasa después su trayectoria durante los noventa y su posterior regreso a los clásicos con Heart Strings, publicado en 2003, antes de cerrar el homenaje con Making Love Out of Nothing at All.
La segunda mitad del programa cambia de registro para centrarse en Dolly Parton, una de las grandes leyendas de la música estadounidense. Nacida en Tennessee en 1946, creció en una familia muy humilde y consiguió convertir aquella infancia marcada por la pobreza en una de las principales fuentes de inspiración de su música.
Su carrera discográfica comenzó en 1967 con Dumb Blonde, un título ya de por sí provocador para una artista que tuvo que enfrentarse desde el principio a muchos de los estereotipos asociados a su imagen. Poco después llegaría su incorporación al programa televisivo de Porter Wagoner, decisivo para que su nombre se hiciera conocido en todo Estados Unidos.
Una de las claves de Dolly Parton está precisamente en esa capacidad para transformar sus propias experiencias en canciones. Coat of Many Colors es quizá el mejor ejemplo: la historia de un abrigo confeccionado por su madre con retales durante su infancia se convirtió en una de sus composiciones más personales y queridas.
Pero fue Jolene la canción que terminó de situarla en otra dimensión. La historia nació de una situación real: una empleada de banco que, según contó Parton, coqueteaba con su marido, Carl Dean. De aquella pequeña historia de celos surgió una canción que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes clásicos del country y en uno de los temas más reconocibles de la música popular.
El programa también se detiene en la relación de Parton con el cine. En 9 to 5, además de interpretar a una de las protagonistas, puso música a la película con la canción del mismo título. El tema nació, en parte, de los ritmos que la propia cantante improvisaba con sus uñas durante el rodaje.
El recorrido termina con dos canciones fundamentales en su carrera. Por un lado, Islands in the Stream, fruto de su colaboración con Kenny Rogers. Por otro, I Will Always Love You, una composición que Parton escribió y convirtió en un éxito mucho antes de que Whitney Houston la transformara en un fenómeno mundial.
Y ahí aparece otra de las grandes historias de la carrera de Parton: su negativa a ceder la canción a Elvis Presleyporque no estaba dispuesta a renunciar a sus derechos de autor. Una decisión que inicialmente pudo parecer arriesgada, pero que con el tiempo terminó convirtiéndose en una de las mejores decisiones empresariales de su vida.