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2014, ¿Fin de la crisis en el sector musical?

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Antes de nada, me gustaría pedirles disculpas por la falta de seguimiento en los últimos cinco meses, así como desearles un feliz año nuevo. Muchos de ustedes han insistido en mi retorno a los medios de comunicación, pero sinceramente, las ofertas que han llegado han sido cuanto menos, insultantes. Y no me refiero al mero aspecto económico, sino al contenido y forma.

Escudándose bajo el término “crisis”, quieren que aceptemos la falta de seriedad, compromiso y humildad, así como la mínima calidad del producto. Aspectos mucho más importantes que cuatro cifras al final de una nómina. Y les aseguro que no seré yo el típico hipócrita que se rasga las vestiduras por el arte. Ni mucho menos. Pero es precisamente el lobby musical, el que se aprovecha de la mentada “desaceleración económica”, para en muchos casos, seguir viviendo del cuento o las rentas. Y queridos amigos, creo que va siendo hora de que se conozcan muchos de los porqués de la crisis de la industria discográfica, más allá de la global que sufrimos todos.


¿Cómo hemos llegado aquí? Varios son los protagonistas de tan diversa baraja. Y siempre miramos al gobierno y sus medidas, las cuales no voy a aplaudir, antes de hacer autocrítica. Pero ningún artista, así como sellos, salas, promotoras o medios, han salido a la calle o en la prensa, reconociendo sus propios fallos. Una serie de errores, buscados o no, que han sido pan hasta hoy, y Dios dirá, si hambre para mañana.


El Artista
. Resulta casi ofensivo observar como un vasto número de bandas o artistas, se jactan de haber llegado solos al éxito. Una mentira tan grande, que llega a oler a kilómetros. Esos músicos, deben haber olvidado las sumas de dinero que en tiempos, invirtieron sus sellos, managers, incluso ellos mismos en sonar en radios, aparecer en revistas e incluso actuar en festivales.

No hablo ya, de aquellos que con el discurso de amigo del alma, se quieren colar en tu programa de radio y blog. Favores que por supuesto, nunca hubiesen sido devueltos. Y es que en la música, no hay amigos.

Nuestra escena musical, salvando dudosas excepciones, está infestada de seres que se hacen llamar humanos, que en vez de apoyar en sus giras y entrevistas a otros músicos y así hacer crecer la riqueza de la escena y nuestra música, prefieren boicotearlos en la sombra. No vaya a ser que les quiten el puesto en el trono. Suena fuerte, pero es cierto, al igual que la técnica de la gira conjunta. Un tour nacional vestido de apoyo a nuevos artistas, pero que es pagado por la banda telonera. Un rentable negocio de imagen y liquidez para la estrella cabeza de cartel.

Así como la inmoral planificación de conciertos. Una organización basada en sacar el máximo beneficio, sin tener en cuenta los posibles factores de desestabilización del mercado. O lo que es lo mismo, cerrar con una promotora una serie de fechas y más tarde, firmar conciertos de entrada gratuita con ayuntamientos cercanos a las localidades de los otros eventos, con pocas semanas de separación. Sí, alguno puede pensar que son libres, pero al menos que la banda o artista acepte las normas del juego y no se sorprenda cuando nadie les contrate en el ámbito privado.

Los Sellos. Dueños y señores de la conciencia artística o al menos, eso quieren que creamos. Pasaron los años dorados, cuando los álbumes se vendían por millones y se podían hacer superproducciones sin reparar en gastos, ya que iban a ser más que amortizados. Pero a día de hoy, el consumidor y el mercado, han cambiado. Pretexto perfecto para engañar a los artistas que, inocentes de ellos, creen que por entrar en una multinacional van a llegar a ser los nuevos “Números 1”.

El primer paso que dará el sello, por norma general, será atarte a cuatro o cinco discos con el fin de que al menos un álbum haga amortizar los gastos en publicidad. Y digo publicidad, porque el disco (grabación, producción y edición) lo pagará el artista. Sí, aunque sea una multinacional. Llevando a muchas bandas a una especie de prisión artística, donde mucho o nada pueden hacer, más que hipotecar sus casas para pedir un préstamo con el que pagar la rescisión del contrato.

Aunque los sellos “indies”, funcionan exactamente igual, lo creáis o no. El término independiente parece ser exclusivo de ciertos géneros musicales. Algo triste, pero cierto. Olvidando la única y maravillosa esencia que englobaba dicho término: la capacidad de trabajar fuera de las lógicas de las grandes compañías y corporaciones de la industria cultural, e incluso, la posibilidad de hacer todo por ti mismo en tu pequeño estudio casero, acogiendo la filosofía del Do It Yourself. Aquellos sellos que nacieron con dicha filosofía, hoy tienen un balance de cuentas increíblemente positivo, gracias al boom alternativo, y redefinen los contratos discográficos “esclavizantes”. Aunque cierto es, que existen honrosas excepciones.

Las Salas. Hijos del agobio, que diría Triana. Uno entiende que las últimas leyes en pro de la salud y la seguridad, hacen daño al sector, así como la interminable tela de araña burocrática que hay que cumplir para poder abrir una sala de conciertos. Pero amigos hosteleros venidos a más, sois igual de abusivos con los clientes, como el ayuntamiento lo es con vosotros. Ya que somos españoles, y nos encanta mirar al exterior para alabar el trabajo del resto de países vecinos, ¿Por qué no hacéis lo mismo con la música en directo?

En media Europa, tan sólo necesitas una maqueta para tocar en salas con una acústica perfectamente acondicionada, un escenario de verdad, camerino y cobrar por ello un 30% de cada consumición. Pero en cambio, en España ofrecemos un equipo de sonido obsoleto, con un barman que hace las veces de técnico de sonido, una tabla cochambrosa como escenario, el baño del local como camerino y encima queréis cobrar como mínimo 200 euros por ello y obligáis a que la gente consuma si viene al concierto. ¿No creéis que sea normal que se unan varios grupos y alquilen salas más grandes y acondicionadas? En algunos casos  las bandas perderán dinero, pero al menos suenan bien, se sienten músicos y tocan en condiciones higiénicas y de seguridad suficientes, sin micrófonos oxidados o chispazos.

Las Promotoras. ¿Quién da más? Se repiten muchos managers cuando abren gira sus bandas. Y es que la lucha encarnizada entre varias empresas de eventos del país o filiales internacionales, ha llevado a robar artistas con el cartel anunciado. Y explico. Aunque parezca una locura o una indecencia, no es la primera vez que aparece un artista en el cartel de un festival “x” y a los pocos meses, anuncia en un comunicado, la cancelación de dicha actuación por diferentes motivos. Los hay muy graciosos, todo hay que decirlo. Tras varias semanas de silencio, el mismo artista confirma su asistencia en el festival de la competencia, porque ya está recuperado del problema que tuviese. ¿En serio os lo creéis?

Muchas bandas, habitualmente extranjeras, se frotan las manos con sus giras ibéricas. Y es que saben que si entran en un festival, donde aumentan su caché y más si no están de gira, pueden ser llamados por la competencia, llegando a doblar la oferta del primero. Luego nos sorprendemos del precio de las entradas (criticando únicamente la subida del IVA), la desaparición de promotoras o de festivales. Ya os adelanto que más de un festival, no va a tener edición 2014. Y por favor, queridos concejales de cultura de los ayuntamientos de España, dejad de jugar a ser promotores musicales, os estafan en la cara y no os enteráis. Luego los perjudicados son los vecinos, como siempre.

Los Medios de Comunicación. Adalides de la cultura y la escena musical. Espero que hayáis cogido la ironía. Sinceramente y con todo el dolor de mi corazón, los más hipócritas del circo, salvo honradas y cada vez menos excepciones. Muchos habréis oído, casi a modo de leyenda urbana, que se paga por sonar en la radio. Al igual que habréis escuchado evasivas no pedidas al respecto, por parte de los medios. ¿No os resulta sospechoso que la lista de éxitos de muchas cadenas, no se corresponda con la de ventas? Está claro que si miramos el balance a final de año, ha dado tiempo a igualarlo.

Uno de los ejemplos más chirriantes de los últimos años ha sido la banda barcelonesa Manel. Una formación englobada dentro del sonido folk y pop, que algunos conoceréis, y que cantan en catalán. Con su segundo disco, 10 milles per veure una bona armadura, lograron el nº1 en la lista de ventas de España en su primera semana. Nadie pudo escuchar el álbum en las grandes cadenas musicales del país hasta pasado un mes, pero en cambio no paraban de sonar las canciones de los artistas de siempre en el Top 10 de dichas cadenas. ¡Qué cosas!

Mi experiencia en Cara B en cuanto a entrevistas, ya que no hacíamos un programa basado en la actualidad, fue curiosa. Y es que muchos de los músicos entrevistados se sorprendían de la gratuidad del espacio que les ofrecíamos, así como de poder hablar de todo aquello que quisieran y con el lenguaje que ellos decidieran utilizar. Por ello no fuimos ejemplares, sino amantes de la música y partícipes de una escena musical, que francamente creo que nunca ha habido antes en nuestro país. Al igual que otros compañeros como Alberto Cañas o Roberto Martínez, entre otros.

Pero a su vez, medios especializados en géneros en concreto, así como generalistas, abusan diariamente de las bandas. Pidiendo sobres en unos casos o facturando como publicidad. Hagan lo que hagan, es su problema, pero que luego no se asusten cuando no haya bandas nacionales de las que hablar o a las que cobrar. Que no critiquen a las grandes cadenas, cuando hacen lo mismo pero a menor escala y por supuesto, que no engañen a jóvenes locutores o periodistas con absurdas oportunidades, haciéndoles trabajar sin ninguna remuneración y obligándoles a poner una serie de canciones en sus programas. Aquellos que dicen promover la escena, en muchos casos, la están secando.

Caso aparte son los concursos musicales de televisión, de los cuales hablaré otro día. O no.

Y alrededor de todos estos pilares que están realmente llevando a la ruina a la música española, encontramos a otros personajes infectos y dolosos. Parásitos del mercado musical que viven bajo el nombre comercial de manager y departamento de comunicación. Si bien es cierto que tenemos estupendos profesionales, en su mayoría son una serie bravucones aficionados que viven de las bandas. Su modus operandi consiste en pedir dinero por adelantado para los gastos de teléfono y transporte, además de hacer firmar a la banda una cláusula de rescisión de contrato. Hasta aquí todo parece lógico, aunque deberían justificar ante la banda, el importe de las llamadas realizadas para ellos, así como los kilómetros hechos en pro de buscar salidas a sus clientes.

Pero bueno, el caso es que se aprovechan de chavales jóvenes que van despuntando, vendiéndoles contactos en sellos, promotoras y marcas, que puedes encontrar tú mismo en Google. Además de limitar sus movimientos a una serie de mails al puro estilo Spam, que termina por hacer mal nombre a la banda. ¿Coste mensual de su inversión en la banda? Lo que tenga contratado para su ADSL. ¿Coste para la banda? Unos 150 euros mínimo al mes, en concepto de llamadas y gasolina, más el 30% de lo recaudado en los conciertos que seguramente la propia banda ha conseguido. En serio, no necesitáis a esta chusma que se hace llamar manager. Si de verdad valéis, ya llamarán a vuestra puerta los grandes del país, que invertirán en vosotros y os asesorarán artística y legalmente. Mientras tanto, haced ese trabajo vosotros mismos, y si dudáis en algún contrato, solicitad asesoría legal en los diversos portales especializados que existen, y que lo hacen gratis o a muy bajo coste.

Y por último encontramos a una combinación de salas y promotoras que hacen un negocio fenómeno con artistas noveles. Concursos o batallas de bandas, que consisten en llevar al mayor número de amigos al concierto, ya que quienes más votos del público tenga, pasa a la siguiente eliminatoria. Entradas que cuestan entre siete y diez euros, obligando a vender un mínimo de 25 tickets por banda y que no garantizan un jurado especializado, sino la banda que más colegas logre llevar, asegurando más público en las siguientes fases. Negocio redondo a costa de bandas jóvenes e inexpertas, que ven en dichos eventos una posible salida discográfica, para después toparse con una realidad en la que no se premia la calidad.

En definitiva, que sí, que es cierto que hay una crisis importante en el mundo de la música, derivada de ciertas decisiones gubernamentales, como pasa en muchos otros sectores. Pero también es cierto, que otro gallo cantaría si la propia industria musical y las economías surgidas a su alrededor, se comportasen de otro modo. Si dejáis crecer a la escena, podréis comer todos, más años y con mejor calidad. No todo es culpa del gobierno, ni de la piratería. Sean honestos con ustedes mismos, humildes y respeten el trabajo de muchos y grandes músicos.

Feliz año 2014

D.E.P. Germán Coppini

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comentarios
1 Nines Gutiérrez García, día

Yo creo que lo que pasa en la música es lo mismo que pasa con otras manifestaciones artísticas y con otros bienes de primera necesidad, como los alimentos, hay gente queriendo hacer negocio a lo bestia y eso es imposible. Nunca puede ser rentable hacer, vender o mostrar música, más allá de la supervivencia más o menos holgada de los músicos y otros profesionales afines y necesarios (probablemente no los managers, como tú bien dices). Lo de forrarse "a costa de" ya ha pasado a la historia. Pero muchos siguen con esa mentalidad capitalista salvaje y no se moderan. La cultura tiene que estar protegida como el pan o la luz, independientemente de lo que cueste fabricarla, por que si no, con un precio elevado (el justo para que vivan los que la hacen y la interpretan) no la consume ni el Tato. El Tato se gasta antes sus perrillas en pan y en calefacción. Pero el Tato necesita la música, el teatro y el cine como el comer. Lo que pasa es que hay muchos Tatos ignorantes de sus necesidades que sufren angustia, estrés, infelicidad y no saben por qué. Van al médico y toman medicinas o lo que sea. No les pasa nada; tienen pan y luz y, algunos hasta trabajo. Pero necesitan alimeno para el alma. Eso les tienen que enseñar en la escuela. No solo de pan vive el hombre. Ahora ya no tenemos ni pan. La culpa no la tiene toda el gobierno, la tenemos nosotros por no reclamar nuestro pan del alma, nuestras escuelas de música, nuestros locales de ensayo municipales gratuitos, nuestras salas de conciertos con un IVA reducido, nuestras becas a los músicos jóvenes, nuestros músicos callejeros libres y sin absurdos exámenes. Mucha cultura nos falta y con estos mucha más nos faltará. Porque son del bando de los managers, los promotores, los sellos, vamos, de los abusones que solo buscan ganar mucha pasta y rápido a costa del trabajo de otros. Querido Diego, yo les daba muchos palos a todos; o, mejor, les ponía en medio de la nieve en pelota picada y les daría como único combustible un saco de billetes. Te digo yo que antes de quemarlos se mueren de frío. Malditos gumias

2 Vicent Negre, día

Ha sido una agradable sorpresa encontrar una nueva entrada entrada en el blog. Espero que la próxima, hablando de los concursos de la tele, o de lo que te venga en gana no se haga esperar tanto. Me ha gustado leer algo, que sospechaba, y es que no hay justos en Sodoma. Pero verlo en negro sobre blanco, con la claridad que lo expones, es un ejercicio de valor, para alguien que no es ajeno a ese mundo. Gracias por volver y te espero leerte de nuevo. Un abrazo.

3 Rocker Burgos, día

Me alegro de le vuelta del blog a la red. Un abrazo ;)

4 Inforepar, día

Muy místico tu comentario.... y muy cierto.

5 Ortega y Punset, día

Pero bueno, señor Cardeña... ¡qué alegría leerle por aquí de nuevo! Muy interesante la visión que aportas, Diego. Una crítica desde dentro, y desde los distintos puntos que vista que te ofrece tu experiencia como artista y como periodista de radio. No sé si habrá muchos que se atrevan a señalar con ese acierto las penurias, las rarezas y los defectos de una industria musical muy controvertida en nuestro país. Tampoco sé si somos las excepción en el mundo, y lo hacemos todo mal porque somos así de cenutrios, o simplemente fuera también tiene cosas que claman al cielo. Me preocupan el cierre de las salas. Las leyes de mercado dictan que a un empresario de una sala no le interese mantenerla abierta y que, a su vez, la alquile para montar un Bershka. Bershka, ese espacio de venta de ropa que, o baja el volumen de la música, o se dedica a poner copas. Que elijan. Lo preocupante es que la sociedad esté conformada de manera que una sala de conciertos no sea rentable. Joder, con la cantidad de bandas que estarían deseosas de tocar sus bolos en muchas de las salas que se han cerrado, ¿cómo no hay el suficiente público como para que sea rentable para el dueño? ¿Nos hemos vuelto demasiado cómodos y preferimos ver en la tele un partido random de júrgol en el C+? ¿O un pseudodebate serio/pelea de gallos en cualquier otro canal random de marcada línea editorial en el que gana quien grite más? Hago esa (auto)crítica en voz alta. Respecto a vuestra/nuestra experiencia con Cara B, no creo que haya habido ninguna banda que pasara por el programa que haya cambiado mi vida, pero de todas me he quedado con un regustillo especial, un "comprendo el porqué de su paso por Cara B", un "tienen su público". Y si ellos se han dado a conocer frente a la selecta audiencia del mejor programa de la radio, mejor que mejor. Da pena que otras tengan que aflojarse el bolsillo para aparecer en programas, revistas,... Diego, estaré pendiente para cuando saquéis el EP de Omerthà. ¿Vais a publicarlo en Bandcamp? Reservad la cuenta antes de que os la quiten... Y otra cosa, ¿sigue activa la cuenta de correo de blognrolla@hotmail.com? Un abrazo y feliz año a todos ;)

6 aramones, día

miguel costas a la guitarra un enanito que se llama alberto torrado toca el bajo julian hernandez aporrea la bateria con furia german coppini está aberrando ¿punk?no,es otra cosa

7 aramones, día

otra cosa otra dimension otro nivel otro mundo sonidos de otra galaxia

8 Julio, día

Así como la irrupción de internet supuso un cambio de paradigma en la música grabada, parece que para la música en directo todo sigue igual. Quizá alguien, algún día, de alguna manera, se le ocurra algo, tenga éxito y todo cambiará a mejor, tanto para el público, como para los músicos.

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