Eso sí, 57.000 personas (que es la cifra récord que ha batido este año el festival), no van sólo a ver a estas tres bandas. Se animan si les sumas La Habitación Roja, Vetusta Morla, The Right Ons o Iván Ferreiro, entre otros muchos más.
Mi Low Cost de este año arrancaba en torno a las nueve de la noche del viernes. Iván Ferreiro fue el encargado de inaugurar mi experiencia lower 2012 y lo hizo con “Toda la Verdad”. A este tema le siguió “Me toca tirar”, “Paraísos Perdidos” y “Extrema Pobreza”. Canciones que un Ferreiro especialmente barbudo para la ocasión, supo enlazar con “Ciudadano Cero”, “Jetlag”, “Promesas que no valen nada” o “Turnedo”; hasta llegar a los 19 temas y acabar el concierto con “Mi coco”.
Uno de los momentos más especiales del directo llegó cuando se apagaron las luces del escenario y nos quedamos al amparo de la luz de algunas velas que había repartidas alrededor de Iván, su hermano Amaro y el resto de la banda. Una acción que presentó animando a la gente a que ahorrase lo que pudiese en casa y que acompañó tocando “Rocco Sigfredi”.
En torno a las doce de la noche (y con unos veinticinco minutos de retraso), arrancó la música de Suede. Un concierto que pude disfrutar desde la torre de control del escenario Budweiser gracias -precisamente- a la marca de cerveza.
El retraso de Suede lo heredaron los baezanos Supersubmarina. Eso no impidió que los cinco componentes de la banda presentasen un repertorio que fue in crescendo, a medida que avanzaba su actuación. Aparecieron en escena con “Para dormir cuando no estés”, luego fue “Ana” y, en tercer lugar, “Hogueras”.
Jose “Chino”, Pope, Jaime, Juanca y Javi tocaron diecisiete temas con los que repasaron lo mejor de “Electroviral” y “Santacruz”. No faltaron canciones que han calado pronto entre los seguidores de la banda como “Tecnicolor”; o sus ya clásica “Ola de Calor” y “Cientocero”, con la que acabaron.
Los suecos The Sounds saltaron al escenario pasadas las cuatro menos veinte de la madrugada. Un paso natural en el cartel, porque el público ya estaba lo suficientemente animado como para no dejar de bailar durante todo el concierto de Maja Ivarson y compañía.
Hasta aquí, todos los conciertos fueron en el escenario Budweiser. Los asistentes que todavía tenían ganas de más, tuvieron que trasladarse al escenario Lower. Allí le tocaba el turno a 2ManyDJ’S, que aquella noche fueron 1ManyDJ’S, por problemas de salud de uno de los componentes.
El sábado mi jornada de festival empezó con Placebo. Muy puntuales a su cita, descubrí a un Brian Molko que se defiende bastante bien con el español y que no se había olvidado de incluir en el setlist de la noche temas como “Every Your Every Me”, “Black-Eyed” o “Slave To The Wage”.
El escenario estaba decorado con varias pantallas en los que se veían primeros planos de los componentes de la banda y, por si no se ganaron al público lo suficiente, decidieron estrenar en primicia un tema nuevo: “Be Free”.
Con un poco de retraso y con su habituales gafas de concierto, Guille Milkyway repasó lo mejor de La Casa Azul acompañado de un decorado que animó muchísimo el espectáculo. De hecho, consiguió que algunas canciones del repertorio fuesen cantadas por gente que aparecía sólo las pantallas.
Durante el concierto sonaron los aclamadísimo “Colisión Inminente” y “La Revolución Sexual” y yo eché de menos “¿Qué se siente al ser tan joven?”. Un detalle que se me olvidó pronto, porque Milkyway dilucidó que su directo se disfruta muchísimo en los festivales veraniegos de nuestro país, ya que la gente lo demuestra cantando la mayoría de sus temas y bailando desde la primera, hasta la última canción.
El domingo -último día del festival- entraba en el recinto de la Ciudad Deportiva Vicente Amor, cuando The New Raemon empezaba a cantar en el escenario Budweiser. El catalán interpretó “Consciente Hiperconsciente”, “Repartiendo el Sombrero” (de su disco junto a Francisco Nixon y Ricardo Vicente) o “La Cafetera”.
Ramón Rodríguez no se olvidó de incluir en la lista de canciones “Tú, Garfunkel” o su versión de “Te Debo un Baile” de Nueva Vulcano. Puso broche final al concierto con una extensísima y también virtuosa “Llenos de gracia”.
Afortunadamente, pude llegar a tiempo para ver las últimas canciones del zaragozano Bigott en el escenario Lower. Un tipo que siempre me deja obnubilada con su baile y es que puedo decir que si he visto a alguien danzar -literalmente- con todo el cuerpo, ese es él. Mi suerte se multiplicó al ver que -a pesar mi impuntualidad- había dejado “Cannibal Dinner”, como una de las últimas canciones de su repertorio para el Low Cost.
La banda de Valencia tocó trece temas con una intensidad admirable. Empezaron con “El Resplandor”, siguieron con “Días de Cristal” y como tercer tema “Annapurna”. No faltaron sus clásicos “Febrero”, “Voy a Hacerte Recordar” o “Van a por Nosotros”.
Jorge Martí estuvo especialmente dicharachero en Benidorm. Contó que “Indestructibles” era su canción favorita del setlist y cuando iban a tocar “Ayer” -última canción de su directo- bromeó con que era el último concierto de LHR. Además, justo antes de irse, aclaró que la canción de Elvis que había servido de inicio de su concierto y la de Lou Reed que ya sonaba, eran parte de su espectáculo.
En la ciudad deportiva Vicente Amor sonaron “Fire”, “Club Foot” o la coreadísima “L.S.F.”. Cuando Meighan salía de escena en algunas canciones, tomaba el relevo a la voz el guitarrista y compositor de la banda de Leicesterhire, Sergio Pizzorno. En total, su actuación duró una hora y media larga; y Meighan remató con unos versos de “She Loves You” de The Beatles, cuando el resto de su banda ya se había bajado del escenario.
Vetusta Morla se encontró con un público algo cansado (y lo extraño hubiese sido que no lo estuviera después de Kasabian). Una situación que los de Tres Cantos supieron remediar con un setlist de dieciocho temas que arrancó con “Mapas”, “Boca en la Tierra” y “Cenas Ajenas”. Esas fueron las tres canciones que eligieron para empezar, luego interpretaron “Baldosas Amarillas”, “Copenhague” o “Valiente”.
Pusieron punto y final con “La Cuadratura del Círculo”, un tema en el que Pucho sustituyó a Jorge a la percusión y en el que los madrileños se explayaron.
A las tres y media de la madrugada todavía quedaba por ver a Kakkmaddafakka. Nunca había visto a los noruegos en directo y no miento si digo que fueron de lo mejor que ha pisado el escenario del Low Cost en sus cuatro ediciones. Al margen de que Axel Vindenes y compañía bailasen todo lo que pudieron, el espectáculo estuvo protagonizado por dos coristas que se pasaron todo el concierto recorriendo el escenario de un lado a otro, bromeando y bailando todos los temas de los de Bergen.
El Low Cost finalizó con Buffetlibre. Un DJ altamente recomendable que pinchó temazos de Nirvana o Rage Against the Machine hasta que amaneció.
Lo cierto es que en este Low Cost pesa bastante más el plato de la balanza en el que se ponen las cosas buenas. La organización funcionó muy bien (salvo la cola para entrar al recinto el viernes, que no duraba más de media hora). Había barras y servicios públicos de sobra como para no tener que estar esperando más de cinco minutos. Además el festival ha dado un paso muy grande hacia la sostenibilidad.
Nada más entrar al recinto -si querías tomar algo de bebida- tenías que comprar un vaso. El dinero se te devolvía una vez finalizado el festival y una vez devuelto el vaso. He de reconocer que la iniciativa al principio parecía algo molesta, pero acabó siendo de agradecer porque la edición de este año ha sido el festival más limpio al que he ido. No había copas tiradas por todos lados y el césped del Vicente Amor estaba -por lo general- lo suficientemente limpio como para poder sentarte tranquilamente en él a ver uno de los conciertos.
La ciudad deportiva era la misma que el año pasado y la organización distribuye bastante bien las cosas para que no haya aglomeraciones. De hecho, creo que es un acierto que en vez de tres escenarios (como en 2011) este año solo haya habido dos. Al final -aunque parece un gran atractivo de cara a comprarse la entrada- una vez estás en el festival, siempre te da la sensación de estar perdiéndote a grupos por los que habías pagado. Esta vez no pasaba así, porque siempre podías ver la mitad de uno, y otra parte de otro directo; sin la necesidad de pensar en un tercero.
En resumidas cuentas, desde mi punto de vista es un festival altamente recomendable que no tiene que envidiar nada a sus hermanos mayores. Una forma de revitalizar el turismo de una ciudad como Benidorm, que trae a grupos de la talla de Kasabian o Placebo y que tiene un muy buen precio. De hecho el Ayuntamiento ya ha aclarado que va a hacer lo posible por que el año que viene vuelva a celebrarse allí, porque la ciudad de Alicante ya ha empezado a pugnar por él.
Y como lo malo no ha hecho para nada sombra a lo bueno… El año que viene -sea donde sea- hago triplete lower.
María Martínez
esRadio