Bajo el nombre del séptimo disco de los Fab Four, la banda francesa comenzó a escribir sus primeras canciones en un apartamento de París. Seis años después, editan su segundo disco de estudio, Let Go, un trabajo cargado de música popular, en el mejor de los sentidos, con cierto toque rock y mucha carga folk, donde sus voces brillan.
Resulta curioso escuchar a una formación gala cantar en inglés, pero si atendemos, inmediatamente salen a la luz influencias de The Beatles, Crosby Stills & Nash, Simon & Gafunkel, Neil Young o Elliot Smith. Artistas que empapan los acordes de Ambrosie Willaume, Jérémie Arcache y Christophe Musset. Tres jóvenes que junto a la percusión de Maxime Garoute, empiezan a abrirse hueco en la escena pop y folk internacional, a base de trabajo bien hecho y canciones enormes.
Todo ello, como decimos, bajo la lengua de Shakespeare, con la que se encuentran más cómodos a la hora de crear melodías vocales. Unas armonías que para muchos resultan sencillas, pero que no escapan de la calidad.