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'Freaks and Geeks', la serie juvenil que los mayores nos robaron

La serie de culto Freaks and Geeks llega a España con 17 años de retraso.

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La serie de culto Freaks and Geeks llega a España con 17 años de retraso.
Una imagen de Freaks and Geeks | Archivo

Parece una afirmación fruto de la represión social, teniendo en cuenta la temática juvenil de la serie, pero no. Ha sido la opresión de las audiencias, el aburrimiento como motor único de la programación española, la que nos ha hecho esperar 17 años para poder ver (legalmente, y salvo una única difusión a comienzos del 2000) la maravillosa Freaks and Geeks, una de los aportaciones al catálogo de Netflix más estimulantes de la temporada. También de la tiranía de la propia NBC, que canceló la ficción después de 18 capítulos y tras un solo año en antena, ganándole de paso la condición casi inmediata de serie de culto. La verdad, como ven, suele ser algo más chusca que la imaginación.

Por mucho que a los de la Generación X (o Y) nos rechinen los dientes al pensarlo, estamos ante una serie de época. En efecto, Freaks and Geeks, emitida entre 1999 y el 2000 pero ambientada en el curso escolar 80-81, parece todavía más antigua de lo que es. Si desean saber si les apetece verla más o menos rápido, podría ser definida como el Aquellos maravillosos años de aquella década, aunque les advierto que no estamos ante el típico ejercicio de nostalgia que abundaría después.

La serie nos narra la vida en el instituto de los jóvenes de un plácido suburbio de Detroit, centrándonos en las peripecias de Lindsay y Sam Weir (unos es-plen-di-dos Linda Cardellini y John Francis Daley), dos hermanos que pertenecen cada uno de ellos a la estirpe que da nombre a la serie, los "freaks" (entendido más como hippie o gamberro); y los "geeks" (los raros y solitarios). Raros y solitarios como la propia Lindsay, una estudiante ejemplar que ingresa en la pandilla de chicos problemáticos, que pese a las reservas iniciales y contra lo esperado, no tardan en acogerla como una más. Sus padres, aunque especialmente su hermano menor, un "geek", opinan que esto es el principio de una debacle familiar.

Hasta aquí nada que distinga Freaks and Geeks de la tonelada de dramas o comedias adolescentes que han poblado las parrillas, lo que tampoco tendría por qué suponer un descrédito automático para la serie. Pero en sus títulos, además de media docena de actores que acabarían siendo estrellas (James Franco, Seth Rogen, Jason Segel), encontramos dos nombres que tardarían muy poco en resultar relevantes en la industria: los de Paul Feig, creador y showrunner; y Judd Apatow, futuro renovador de la comedia estadounidense y aquí productor del evento.

A ambos les debemos una particular visión del dramedy o comedia dramática televisiva, extirpada la sensiblería y ciertos tópicos que han definido el entretenimiento tradicional de la televisión USA. El proceder no es tan distinto de sus futuras aportaciones al largometraje, más lúdicas en el caso de Feig (realizador de La boda de mi mejor amiga y la futura Cazafantasmas), quizá más reflexivas en las firmadas por Apatow (Lío Embarazoso, Si fuera fácil, Virgen a los 40). Todos ellos están presentes aquí, con tramas típicas fundamentadas en situaciones tradicionales del género, pero también es cierto que evolucionan a un absurdo tan verosímil como reconfortante, a una concepción del gag fundamentada en las particularidades de los personajes y sus actores. También al retrato de esos estereotipos que pueblan la fauna y flora juvenil, sin blandenguerías (su descripción de la rebeldía juvenil oscila entre lo patético, lo comprensivo y lo simplemente divertido) pero tampoco fatalismos innecesarios. Porque, quizá sí, los 80 eran tiempos menos miserables que el presente. Hay en Freaks and Geeks una ternura y franqueza tan reales que su impacto perdura casi dos décadas después. La serie no ha caducado.

Por no hablar de una plácida sensación de libertad, de simplemente ver pasar el tiempo, que no solo aporta verismo sino -precisamente- un velado dramatismo a sus imágenes, sin duda ya pertenecientes (tanto las de la ficción como de la propia serie) a una época que ya no existe. Ayudan los actores, todos ellos perfectos, y el humor de las situaciones, que Feig y Apatow potencian según avanzan los episodios. No estamos, afortunadamente, ante una de esas ficciones autoetiquetadas de importantes (lo que parece que equivale a serias y oscuras) ni siquiera ante una destinada al disfrute esos fanáticos "geeks" nostálgicos, que con el paso de los años han derivado en un ser mucho más consciente (y prepotente) que los protagonistas de la serie. Es un buen entretenimiento familiar en el que se aprecia ya el proceder de sus autores, que nunca permiten que la trama ahogue la búsqueda del gag (lo que en ocasiones ha generado duraciones algo hinchadas).

Freaks and Geeks es una serie capaz de unir generaciones sin agitar la bandera de la nostalgia. Es cándida y emotiva, pero también optimista y absurda (porque absurdas son las preocupaciones cotidianas). Comprensiva con el retrato de sus personajes, tan desubicados como divertidos. No vende angustia, tampoco mentiras cándidas; no critica la placidez de una vida acomodada como tampoco oculta el drama identitario de los adolescentes criados en ella. Es lo más cercano a la vida de instituto que un chico de los 80 que hemos visto, y gustará tanto a los adultos que tratamos de apresar lo que queda de ella como a aquellos que las viven ahora, sea como sea la manera en que lo hagan. Es magnífica; la prueba de que el mundo sí nos debía algo, aunque solamente fuera una buena serie de televisión.

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