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Candela Serrat no quiere apoyarse en la fama de su padre

La actriz, hija del cantautor Joan Manuel Serrat, destaca en la serie de La 1 Seis hermanas

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Candela Serrat no quiere apoyarse en la fama de su padre
Candela Serrat, actriz | Cordon Press

Mucho se lleva escrito, estudiado en teorías psicológicas, sobre lo que supone ser hijo de alguien muy conocido, lo que hoy se entiende comúnmente como famoso, que más adecuadamente sería ser popular. Lo es su progenitor en el caso que nos ocupa, Joan Manuel Serrat, un cantautor muy respetado desde hace más de cuarenta años. Por eso, su hija Candela va con tiento por la vida y cuando irremediablemente la mayoría de los periodistas le preguntan por su padre, repite que no quiere apoyarse en su apellido y que quiere trabajar por lo que ella misma vale.

Muy sensata, también se sincera así: "No creo que ese parentesco me haya ayudado hasta ahora en mi profesión. Ser hija de Serrat pudo abrirme las puertas pero también me las pueden cerrar". Depende de ella, que no quiere enchufes. Con sus treinta años cumplidos el pasado 14 de noviembre recuerda que, a los quince, dijo muy seriamente en casa que deseaba ser actriz. Y Joan Manuel Serrat, su padre, y Candela Tiffon, su madre, respaldaron su decisión, permitiéndole –y sufragándole, claro- su costosa estancia en Londres y en Cambridge, donde pudo cursar estudios en varias importantes escuelas de teatro.

Pero un día, a Candela Serrat le pidió el director que la estaba dirigiendo en El mercador de Venecia, que recitara su texto con el estilo lorquiano. Y ella se quedó de piedra. No sabía quién era Federico García Lorca. Lo que nos lleva a pensar que si donde estudió en Barcelona nadie le acercó a la obra del más grande de nuestros poetas, junto a Antonio Machado, acaso eso también le haya sucedido –y suceda- a miles y miles de alumnos catalanes, a quienes se imparte una educación dictada por la Generalidad.

Pero, en fin, dejemos eso y sigamos con Candela Serrat y su desconocimiento lorquiano. Lo que la trajo a Madrid en cuanto pudo para matricularse en una de las mejores escuelas, la de William Layton. Y como es chica ejemplar y muy estudiosa, en seguida se puso al tanto de nuestra cultura, ajena en parte como se ha dicho a las que recibió de sus profesores en Barcelona, su ciudad natal. Y hasta pudo representar Doña Rosita la soltera en el Teatro Nacional de Cataluña.

En poco tiempo pudo representar Julio César, en el personaje de Calpurnia. Lo que hizo con brillantez, dado que en su estancia en Inglaterra se empapó de los textos de Shakespeare. También representó otras comedias, a las órdenes de Francisco Vidal, un gran actor ahora metido en funciones directivas. Y a una función en el Español de la madrileña plaza de Santa Ana, El loco de los balcones, donde hacía de hija de José Sacristán, acudieron varios productores de Velvet, invitados por éste, que estaba sembrado en la serie. Y de paso se encontraron con Candela Serrat, cuyo trabajo les interesó. Hasta el punto de que, tras felicitarla en el camerino, le ofrecieron ser una de las protagonistas de Seis hermanas.

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Es la serie que La 1 emite todas las tardes, de lunes a viernes, con éxito desde hace varios meses, donde personifica a Celia Silva. La reivindicación de los derechos de la mujer flota en este serial ambientado a principios del pasado siglo. Candela Serrat ha sido una revelación para la gran audiencia que sigue muy interesada en los avatares de esa familia. Su argumento ha llevado a la joven actriz a leerse cuantas novelas encuentra de la condesa de Pardo Bazán, una de las primeras damas que alzó su voz en defensa de los derechos femeninos, porque ella misma padeció la intransigencia de su marido, del que acabó separándose con gran escándalo de la sociedad gallega de su tiempo, porque le prohibía escribir.

No ha caído en la trampa

Está muy satisfecha Candela Serrat de cuanto ha hecho hasta la fecha, pasito a pasito, sin prisas, sin querer arrollar a nadie para escalar papeles de protagonista en los mejores escenarios. Esa humildad le viene desde que estando en Madrid en modestas compañías, rodeada de jóvenes como ella con ganas de aprender antes que triunfar, ha tenido que descargar mobiliario teatral de una furgoneta hasta barrer un escenario. Podía decir: "soy hija de un cantante millonario, vivo a lo grande", o recurrir a su padre para ver si la recomendaba a algún poderoso empresario… Pero ella no ha caído en esa trampa.

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Daniel Muriel | EFE

Y entre tanto, se ha enamorado. Desde hace casi un año tiene pareja. Se trata de un actor que se ha incorporado a la serie Seis hermanas. Luego comparten amor, y trabajo. Se llama Daniel Muriel, que tiene por cierto un notable curriculum sentimental. Convivió cinco años con Flora González, la chica del tiempo de Telecinco. Tras romper inesperadamente con ella se fue a los brazos de Cristina Castaño, una excelente cantante con quien representó el musical Cabaret. Y cuando acabó ese romance aparecería en su vida de galán Candela Serrat. Por ahora son uña y carne. A ella no se le conocen otras relaciones, que a lo mejor las tuvo también. Pero la creemos una mujer ya formada que no quiere jugar a ligues pasajeros. Por lo pronto, no desea saber nada de esos programas-basura de la tele, ni concede entrevistas a los reporteros "del corazón". Si la pillan en algún estreno, es educada, se deja fotografiar y responde siempre que le pregunten por cuestiones laborales. Nada de hablar sobre "su chico" ni de si tiene proyectos casamenteros.

¿Y qué decir más de esta encantadora Candela Serrat, que ha dicho que su padre ha educado a sus hijos del mismo modo, dándoles libertad pero advirtiéndoles que si se estrellan, será porque algo habrán hecho mal? Pues que tiene aficiones que van desde leer cuanto puede, a tocar el piano. Dicen sus amigos que cocina mejor que muchos que van al Máster Chef ese. Le apasiona el motociclismo. Y también algo que nos parece algo raro en una chica: la lucha libre americana.

Como punto final, si se fijan en su rostro, la boquita nos lleva inmediatamente a la cara de su señor padre. Son iguales. Y puede que de él, entre otras muchas cosas, se parezca en su mirada. Y tal vez compartan la misma sensibilidad.

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