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La temporada 11 demuestra que 'Expediente X' sigue siendo excelente

La última temporada de Expediente X sale en formato doméstico y demuestra que su encanto es indeleble: que sigue, como la verdad, "ahí fuera". 

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La última temporada de Expediente X sale en formato doméstico y demuestra que su encanto es indeleble: que sigue, como la verdad, "ahí fuera". 
Expediente X | Fox

Una pena que la temporada 11 de Expediente X no obtuviera los extraordinarios índices de audiencia de la anterior, anunciada en su momento como un evento puntual que consiguió captar la atención de fans, nostálgicos y espectadores. La última de las tandas protagonizadas por David Duchovny y Gillian Anderson fue bien, pero no tanto, y es una pena: por un lado abunda en las mismas particularidades que la anterior, pero es más larga y afinada, y en su edición en DVD y/o Blu-Ray ya la venta en España presenta diversos extras para jolgorio de fans y aficionados. Da la impresión de que la prensa y el aparato comercial ahora mismo están en las plataformas de pago, que golpean con novedades de dudosa calidad todas las semanas que, sin embargo, se perciben como la última sensación en series (hasta que sale la siguiente).

La estrategia seguida por Chris Carter en este incontestable clásico no es muy diferente de la anterior temporada, con dos capítulos que avanzan en la trama conspiranoica (los titulados "Mi Lucha", de la que aquí se ofrecen las entregas III y IV) que abren y cierran la temporada y ocho episodios autoconclusivos en los que Mulder y Scully deben resolver su misterio paranormal de la semana. Con una salvedad extraordinaria que crea simetrías con la temporada anterior y demuestra las bondades narrativas de la serie: uno de ellos, el más que notable "Ghouli" (de manera nada casual, el quinto: justo en la mitad) comienza como un convencional "monstruo de la semana" para después desvelar sus verdaderas fauces, recuperando uno de los temas capitales de la serie: ese hijo perdido de Mulder y Scully que aquí por fin revela su identidad.

Digamoslo claro: los capítulos autoconclusivos de esta temporada de Expediente X son los mejores, de modo que reivindiquemos éstos como logros importantes. Es en ellos donde se percibe mejor la artesanía de la serie, que si no ha evolucionado con el tiempo es porque, en realidad, en su ADN siempre estuvo incorporar problemáticas sociales y políticas contemporáneas a sus historias, casi todas híbridos entre terrestre y extraterrestre, entre realidad y fantasía.

No se trata, por tanto, de una maniobra efectista de Carter, Expediente X nació con el germen de la anticipación y la paranoia: siempre ha sido así. En "Esto" Mulder y Scully lidian con una inteligencia informática que les retrotrae a un personaje del pasado de la serie (lo que permite lidiar al producto con el factor nostalgia. Atención a su tiroteo inicial, digno del mejor filme de acción); y en el extraordinario, magistral, divertido "El perdido arte del sudor en la frente" (quizá el mejor capítulo de la temporada) se explora la creación de realidades paralelas y los recursos del poder para diluir la verdad... pero a través de las noticias falsas difundidas en redes sociales. Una historia donde nadie del equipo se queda con ganas de arremeter contra el activismo tuitero de Trump (y aquí piensen lo que quieran: por una vez un producto narrativo pone un puñado de reflexiones sobre la mesa a este respecto) y que al final se tiñe de nostalgia "pulp".

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"El perdido arte del sudor en la frente" | Fox

En ambos capítulos y en otros, como "Nada dura eternamente" (sobre un culto que busca la eterna juventud) Expediente X lidia todo el tiempo con su condición de dinosaurio moviéndose entre series modernas y presuntamente mejores, y con su propia condición, la necesidad de su existencia un cuarto de siglo después, con jovialidad y curiosidad: las interpretaciones jocosas de Duchovny y Anderson, que nunca cuestionan la veracidad de sus personajes, son absolutamente confortables y navegan en la misma dirección que unos guiones "meta" inteligentes, cuyos ramalazos de humor no resultan, por otro lado, nada desconocidos para el fan de la serie. El coqueteo con el espectador que se trae la pareja (ojo a ese momento en el que Mulder se percata del corte de pelo de ella.... dos capítulos tarde) compensan la extrañeza de verlos convertidos en "folla amigos", y aporta instantes de una sensibilidad y ternura inexistente antes. El tiempo ha pasado, Mulder y Scully han cambiado, pero todo está inserto en el respeto al fantástico clásico (uno que solo puede venir de un conocimiento enciclopédico que antes. Y es una fórmula en la que todo funciona.

No obstante, hay otros misterios en los que esta temporada 11 aparta el tono cómico (que aproxima a la serie a otros misterios con tensión sexual no resuelta como Bones, que bebió sin vergüenza de su fórmula) como son los relativamente convencionales "Más Uno" (sobre una ola de crímenes relacionados con un el juego del ahorcado) y "Gatito" (donde Walter Skinner toma el control de la acción en un episodio con un invitado destacado para los fans del fantástico: Haley Joel Osment, el niño de El Sexto Sentido). Ambos están bien y nos recuerdan la validez del concepto, pero destacamos el fascinante "Rm9sbG93ZXJz", un episodio casi mudo y en clave de cine de terror de serie B en el que Mulder y Scully son cercados por una inteligencia artificial en busca de "likes" y que resulta tan hilarante como, en verdad, inquietante. El segundo mejor de la presente tanda.

Acabemos: se percibe el esfuerzo de Carter por continuar en "Mi Lucha" la famosa invasión extraterrestre, que una vez a la vista de todos resulta menos inquietante que en tiempos pasados. Hay que reconocer que la temporada 11 soluciona parte del mejunje de la anterior temporada, sobre todo en el último de ellos que cierra la temporada, más emocional y menos marrullero. No obstante, en estos episodios Expediente X deja de lado su condición de serie atmosférica y de suspense para embarcar al espectador en un trepidante e inverosímil relato de acción melodramático, repleto de golpes de efecto y un ritmo basado en un montaje efectista muy trabajado. Da la impresión de que Carter trata aquí de lidiar, en los dos episodios que escribe y dirige, con las nuevas narrativas televisivas surgidas en el siglo XXI, y el resultado es más un capítulo de Hawai 2.0 que de los X Files. Afortunadamente, el recurso a otra X, la de unos sangrientos "X-Men" que cierra la temporada, pese a no resultar original o inquietante, sí redirige la serie hacia esa metáfora bíblica del Misterio Revelado en base a criterios de cine de acción y horror "millenial" que ofrece un horizonte de futuro (y cierre) a la historia de Mulder y Scully.

Los extras son nutridos, sobre todo en la edición Blu-Ray, cuyo extenso documental en dos partes no podemos tratar aquí al haber manejado la edición DVD. Lo que sí incluye son comentarios en capítulos seleccionados, un análisis del "efecto Scully", o cómo el personaje femenino de Gillian Anderson ha inspirado a estudiantes de ciencias a lo largo de las últimas décadas (y cómo Expediente X ha permitido a algunas profesionales del equipo ascender a guionistas y directoras en esta nueva temporada. Carter al menos lleva a la práctica su discurso, o como dirían allí, "pone el dinero donde está su boca") y las divertidas tomas falsas, casi tan recomendables como la conversación en los estudios Fox, donde un David Duchovny que ha conseguido hibridar a Hank Moody de Californication con el propio Fox Mulder conversa con Gillian Anderson teñida de rubia platino en tono jocoso. Expediente X nunca ha sido perfecta, pero si solo te interesaba por la tensión sexual no resuelta, entonces el problema es solo tuyo. ¿Para cuando la siguiente temporada?

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