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'Juego de Tronos' 8x03: Crítica del episodio "The Long Night" (La Batalla de Invernalia)

Echamos un vistazo al último y polémico episodio de Juego de Tronos.

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Echamos un vistazo al último y polémico episodio de Juego de Tronos.
Maisie Williams en Juego de Tronos | HBO

Este fin de semana de abril fue un momento perfecto para cortar definitivamente toda relación con las redes sociales. Por un lado, el aluvión de reacciones a Vengadores: Endgame, la ristra de encuestas y opiniones previas y posteriores a las elecciones y, por último, el estallido provocado por este tercer episodio de la última temporada de Juego de Tronos, llamado oficialmente "The Long Night" (La larga noche) pero extraoficialmente apodado "La batalla de Invernalia". La noche es oscura, y está llena de spoilers y opiniones que, simplemente, ustedes no tienen por qué necesitar.

Un episodio donde se vio claramente la vía tomada hace un tiempo por Juego de Tronos: menos psicología y conspiraciones palaciegas y más acción, adaptando la serie a la ética y estética del puro evento, del acontecimiento en el que se ha convertido la ficción ideada para la literatura por George R.R. Martin. Bien es cierto que de manera justificada narrativamente, al menos llegados a este punto concreto, con los casi ochenta minutos del episodio dedicados íntegramente a una enorme batalla donde la práctica totalidad de supervivientes se enfrentaban a lo que, teóricamente, iba a ser la amenaza última de la serie: los Caminantes Blancos.

El episodio dirigido por Miguel Sapochnik, responsable también de la célebre Batalla de los Bastardos (más breve pero también más visceral) respondió con creces al desafío de elevar el listón de la narrativa televisiva por la vía del puro exceso. Quizá para disimular las imperfecciones de unos, por otra parte, ambiciosos efectos visuales que casi en todo momento cumplieron su objetivo, el capítulo tuvo lugar entre tinieblas y oscuridad, una decisión que por otro lado el realizador y su director de fotografía aprovecharon muy bien: la Batalla de Invernalia es quizá la irrupción más clara de la serie en la narrativa de terror, género que en absoluto le es ajeno a Martin pero quizá sí a D.B. Weiss y David Benioff, responsables del guión del capítulo y el devenir de la totalidad de la serie.

En este punto, con toda seguridad a los aficionados al género no les fuera ajena la referencia a otro George, esta vez Romero, y en particular a su icónica Amanecer de los muertos (también el brillante remake dirigido por Zack Snyder en los 2000), donde un centro comercial, metáfora y comentario perfecto al "american way" y la sociedad de consumo, se erigía en el bastión de la resistencia. Aquí todo ocurre en una fortaleza, una adaptación lógica a la fantasía medieval del conjunto, y cobra forma de una de esas batallas corales a las que ya estamos acostumbrados en el cine gracias a El Señor de los Anillos o la citada Vengadores, sin olvidarnos de la otra gran referencia del capítulo, la espectacular Guerra Mundial Z. Lo mejor fueron, no obstante, los momentos más "íntimos" de la lucha, con la primera línea de defensa esperando angustiados la irrupción de unos invisibles Caminantes, o todo que ocurre antes y después de la reclusión de Arya Stark en una biblioteca (el momento más dedicado al terror físico de toda la serie).

Sin caer en más spoilers de los necesarios, al final la matanza no fue tal cosa (pese a algunas bajas trágicas) y todo queda en vilo a unos tres capítulos finales donde, presumiblemente, Benioff y Weiss regresen a los orígenes de la serie, en los que el puñetazo final se materialize a cuanto menos minutos del adiós, mejor. Un personaje, eso sí, brilló especialmente en el episodio: el de la ya no tan niña Arya Stark, con una intervención trascendental que (a tenor de Melisandre: Carice Van Houten, otro personaje y actriz capaces de llenar la pantalla) todavía puede tener un valor determinante. Maisie Williams demostró ser una de las actrices más válidas de la serie, proporcionando épica y ética a un episodio que supo muy bien cómo mantener la tensión durante casi hora y media y finalmente liberarla a mayor gloria de esos fans que nunca parecen estar del todo contentos, por encima de (esta vez) algunas impropiedades puntuales del guión. Siempre fue uno de los mejores personajes, y aquí demostró su relevancia e inteligencia con un par de momentos destinados simplemente al aplauso.

Ese aplauso es, precisamente, el objeto de la reflexión. Y es que pese a la brillantez del producto, predomina cierto aroma a decepción: la de una serie que lleva ya muchos capítulos consagrada a trenzar su compleja trama en un solo e intenso hilo, de manera rápida y segura, pero a la vez olvidándose de esa complejidad psicológica que enriqueció los variados estereotipos que poblaban los Siete Reinos. Naturalmente, esta impresión de estar ante una serie que en realidad ya ha dado lo mejor de sí puede cambiar en el devenir de los próximos tres y últimos capítulos, tan largos y repletos de traiciones como todos esperamos: el verdadero Juego de Tronos, podríamos decir, empieza ahora. Al fin y al cabo, las escenas de acción en la serie siempre han sido concebidas como vías de escape a esa tensión acumulada. Juego de Tronos, de todas formas, ha demostrado ya demasiadas cosas como para menospreciarla. Seguiremos informando.

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