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Visitamos el rodaje de 'La línea invisible', la nueva serie de Movistar sobre los inicios de ETA

LD ha tenido la oportunidad de entrar en el rodaje de la que será una de las series de 2020: La línea invisible, sobre los inicios asesinos de ETA.

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Visitamos el rodaje de 'La línea invisible', la nueva serie de Movistar sobre los inicios de ETA
En el rodaje de 'La línea invisible'

Un viejo y precioso caserón del País Vasco está tomado por técnicos, actores y personal de todo tipo que entra y sale, sube y baja con una actividad frenética que sólo se detiene cuando alguien grita "¡acción!" o en las paradas para tomar un bocadillo o más tarde en la hora de la comida.

De hecho, todo el centro del Bidiana-Goiatz, un pequeño pueblo en el que se ha instalado el set de rodaje de La línea invisible, está prácticamente tomado por el equipo de la serie, una de las producciones más ambiciosas de Movistar en los últimos años y también una apuesta arriesgada, al menos atendiendo a la delicada temática que trata: los primeros asesinatos de la banda terrorista ETA.

Dirigida por Mariano Barroso (Mi hermano del alma, Hormigas en la boca, El día de mañana…) se trata de una serie de seis capítulos de 50 minutos de duración cada uno para la que se ha hecho un esfuerzo de producción notable: dos unidades con alrededor de un centenar de profesionales rodando durante prácticamente tres meses en el País Vasco, que ha sido el escenario de todo el rodaje de la serie, como en su día fue el de los hechos que se narran en ella.

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El director Mariano Barroso, en un momento del rodaje | C.Jordá

Un tema muy controvertido

Lo más probable es que resulte polémica, ya que aborda un tema cuando menos controvertido: no sólo habla de ETA, sino del momento concreto en el que la banda terrorista empezó a matar, cruzó la "línea invisible" y llevó a la práctica del asesinato la teoría revolucionaria que, desgraciadamente, tantas veces se ha convertido en una realidad sangrienta.

Para afrontar esta complejidad los responsables de La línea invisible han contado con la ayuda de numerosos asesores, desde algunos de instituciones relacionadas con las víctimas del terrorismo hasta historiadores y expertos de todo tipo.

Incluso se ha intentado contactar con algunos de los protagonistas de los hechos o con familiares de aquellos que ya han fallecido, con la intención de conocer mejor a las personas detrás de los personajes.

Un rodaje intenso

Pese a que La línea invisible es una producción importante, o quizá precisamente por ello, el ritmo de trabajo es frenético en el viejo caserón de Bidiana-Goiatz. Técnicos, actores y personal con las más variadas ocupaciones —hay que ver la cantidad de gente que es necesaria para una película o una serie— han ocupado casi hasta el último rincón de la fría casa que en una escena es la cocina de la familia Manzanas y al día siguiente será el salón.

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Un momento de la grabación de la serie. | C.Jordá

La jornada se extiende desde primera hora de la mañana a última de la tarde, con un par de paradas para comer en las que todo el equipo se relaja un poco y comenta que "este catering sí que está bueno".

Durante todo ese tiempo se desarrolla el cuidadoso engranaje humano que es necesario para ir rodando escena tras escena, repetición tras repetición, toma tras toma, cuidando hasta el último detalle. El espectador neófito se sorprende con algunas curiosidades llamativas: volver a calentar el marmitako tras cada toma de una conversación en la cocina entre los personajes de Antonio de la Torre y Amaia Lizarralde; o tener que rellenar la bandeja de sardinas rebozadas de la que toma tras toma el actor tiene que coger y comer una, en lo que acaba convirtiendo en una poco ortodoxa y no demasiado apetecible merienda.

Todo ese engranaje funciona casi de forma automática, Mariano Barroso contempla cada escena con una atención meticulosa, habla con los actores, les pide pequeños cambios en su forma de decir esta o aquella frase, hace breves comentarios a los cámaras, pero casi todo el mundo parece saber de antemano y con mucha exactitud lo que tiene que hacer y en qué momento preciso tiene que hacerlo.

Lo mejor, sin embargo, es comprobar cómo todo el trabajo técnico y logístico está enfocado a que surja la magia del cine: la escena rodada en la cocina que hemos comentado antes contiene un momento de singular intensidad dramática —que no vamos a desvelar—, ante nuestros ojos y por encima del aparente caos en el que se hayan sumidos, el excelente trabajo de los dos actores y el elegante movimiento de la cámara logran que surja la chispa, que en unos pocos segundos de diálogo desnudo, sin música, sin una historia antes que nos prepare y con todo el artificio del cine a la vista, aparezca, precisamente, un momento de auténtico drama, de verdad, de puro sentimiento.

Un personaje difícil para Antonio de la Torre

En un reparto compuesto sobre todo por actores jóvenes como Àlex Monner, Anna Castillo o Patrick Criado, en La línea invisible destaca la presencia de Antonio de la Torre, el último ganador del premio Goya, que interpreta un papel especialmente difícil: al policía Melitón Manzanas, jefe de la brigada político-social de Guipúzcoa y la primera persona a la que ETA decidió premeditadamente matar.

Manzanas se ha convertido desde su asesinato en el paradigma de la víctima doble de la banda terrorista: por un lado fue brutalmente asesinado —en la puerta de su domicilio frente a su mujer y su hija— y por el otro, después su memoria se ha visto sometida a la humillación de ser algo así como la victima 'correcta' de la banda, el 'franquista al que ETA hizo bien en matar'.

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Antonio De la Torre, Mariano Barroso y Amaia Lizarralde comentan una escena | C.Jordá

Antonio de la Torre ve muchos más matices en el trabajo que ha hecho como actor, tal y como cuenta a Libertad Digital: "A la hora de hacer el personaje he procurado ser muy consciente de la sensibilidad que despierta en la familia Manzanas la figura de Melitón", nos explica, si bien admite que "el guión es el que es", él cree que el resultado final es "poliédrico: vemos a un hombre que es amoroso con su hija, que de alguna manera cuida de su familia y también que hace su trabajo de la forma que cree debe hacerlo en los tiempos en los que tiene que hacerlo".

Además, el actor se muestra convencido de que "las referencias de la familia que he podido tener de forma indirecta estoy seguro de que me han influido", dice, y nos asegura que "he tratado de abordar el personaje con la máxima honestidad que he podido, dentro del asunto tan complejo y tan delicado que trata la serie".

Precisamente, sobre el riesgo que supone la temática que aborda la serie nos habla también: "Siempre he pensado que, como decía mi amigo el director Manuel Martín Cuenca, una buena película te cuenta más de un país o de un suceso que ochenta telediarios". En este sentido se muestra esperanzado de que La línea invisible "sirva para darle un punto de vista humano y para abordar de una forma más profunda y compleja cómo fue el germen de ETA, que empezó siendo una organización de izquierdas que luchaba contra la dictadura y terminó siendo lo que terminó siendo, como dijo Mariano Barroso: 'un sueño que acaba siendo una pesadilla'".

"Ha sido muy gratificante"

Hablamos con él justo cuando ha terminado su participación en la serie, por lo que nos traslada una primera impresión sobre el conjunto de un rodaje "que ha sido muy intenso y muy gratificante, la verdad". Además, nos comenta lo que ha supuesto para él filmar en el País Vasco: "Me ha impactado mucho rodar en los lugares en lo que ocurrió todo, también me ha ayudado a entender la realidad vasca y, por supuesto, con el acento, para lo que también he trabajado con el actor Josean Bengoetxea".

Con el rodaje completado durante este verano, se prevé que La línea invisible llegue a las pantallas de Movistar en los primeros meses de 2020.

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