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Por qué 'The Mandalorian' es mejor Star Wars que las películas

The Mandalorian ya se ha estrenado en España a través de Cuatro y Disney Plus.

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The Mandalorian ya se ha estrenado en España a través de Cuatro y Disney Plus.

The Mandalorian llega a España con dos capítulos en la recién estrenada plataforma Disney Plus y apenas unos días después de que Cuatro estrenase el primero de ellos en exclusiva. La serie, pirateada hasta la extenuación por todos aquellos que no quisieron o supieron esperar, ha recibido casi tantas alabanzas como críticas negativas tuvo el desenlace de la última trilogía Star Wars y desenlace de la saga troncal, El Ascenso de Skywalker. Y una vez vista, con razón.

¿Qué tal le ha sentado el baño catódico a la mitología creada originalmente por George Lucas, finalmente distanciado de su gran creación? Pues verdaderamente bien. La serie ideada por Jon Favreau, uno de los directores más cercanos a Walt Disney Studios después de demostrar la valía de la fórmula Marvel con el primer y segundo Iron Man, y especialmente con sus adaptaciones de clásicos animados a imagen real/digital como El libro de la selva y la reciente El Rey León, ha sabido entender mejor y con más pureza todo aquello que J.J. Abrams se esforzó tanto en recuperar: el legado y tono de la trilogía original de George Lucas.

Muchas cosas pueden criticársele también a Lucas, el creador de la saga original, en términos de sobreexplotación y sobre todo en su posterior trilogía concebida a modo de precuela (un servidor, por cierto, reivindica absolutamente el Episodio III). Pero la presencia del logo de Lucasfilm LTD al principio y final de cada breve capítulo de The Mandalorian (breve, sí, apenas superan la media hora) resulta absolutamente coherente y hace honor a lo mejor de toda la franquicia.

¿Cómo ha conseguido Jon Favreau replicar esas particular mezcla de sencillo y primario entretenimiento aventurero y, a la vez, amplitud de miras en la confección de un mundo amplio y completo? Paradójicamente, sin que parezca que lo intenta demasiado. Todo en The Mandalorian transmite una sensación de tranquilidad, fluidez, a la hora de recuperar este mismo mundo estelar de fantasía. De esa manera, no existen aparentes presiones de ritmo o la necesidad de alardear de efectos especiales de última hornada para cautivar al espectador con una historia sencilla, pero no estúpida, y que no requiere de preguntas innecesarias, al menos en principio. La historia y los personajes de The Mandalorian, por eso, van cobrando forma y encajando de manera natural.

La sobria combinación de efectos digitales y marionetas, como ese maravilloso "Baby Yoda" del cual las redes sociales dieron buena cuenta hace meses, vuelve a demostrar la validez de esa artesanía "clásica" sin que el producto caiga en simulaciones nostálgicas como la de la finiquitada trilogía cinematográfica, y rematan una factura visual que no decepciona en absoluto. La serie, por último, tampoco hace un especial hincapié en resultar apta para todos los públicos pese a la presencia de Walt Disney tras las cámaras, sin suavizar pasajes de relativa dureza (seamos claros, esto tampoco iba a ser Henry: Retrato de un asesino) o la ferocidad (e interés) de algunos personajes.

Si a ello añadimos lo bien que adapta la mitología Star Wars al formato de serie-evento televisiva (la franquicia lleva años ampliándose a través de varios formatos, desde cómics mensuales hasta novelas y series animadas), y que la periodicidad semanal parece casi consustancial al pulp, al folletín y el relato popular por entregas que habita en su ADN, no creo que haya mucho más que discutir al respecto.

Solo alabar un puñado de decisiones de relativo riesgo que, por eso mismo, se revelan como acertadas. Nos referimos a esa banda sonora de Ludwig Goransson que parece alejarse tanto de las decisiones creativas de John Williams… para luego adaptarse a ellas como un guante, o la presencia oculta de Pedro Pascal, que pese a no interpretar al personaje físicamente en todas sus secuencias sí logra infundirle todo el carácter. La existencia de set-pieces maravillosas y que anclan al relato al western más puro, como la del tiroteo del poblado o la posterior persecución al vehículo de los moradores de las arenas, dotadas ambas de un notable sentido del humor negro, configuran un producto digno de su fama.

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