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'Veneno', la serie sobre Cristina Ortiz que va más allá de la España de los 90

La serie de La Veneno resulta emotiva, divertida y tan vital como su protagonista.

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La serie de La Veneno resulta emotiva, divertida y tan vital como su protagonista.
La Veneno y Pepe Navarro | Atresmedia

Hoy, en tiempos de confinamiento por el coronavirus, todo puede resultar nostálgico. Veneno, la serie de Javier Calvo y Javier Ambrossi (los Javis) sobre esta trascendental figura mediática de la televisión de época los 90, también, aunque el capítulo recién estrenado en Atresplayer Premium aporta mucho más que una mirada entre tierna y crítica a la España del Mississippi. La serie, dicho de otro modo, divierte primero y emociona después, y sobre todo, no parece ansiosa de dar lecciones de superioridad moral.

Por un lado, pronto queda claro que el retrato de la prostituta transgénero Cristina Ortiz La Veneno no va a tomar la vía fácil, con dos líneas temporales básicas, 1996 y 2006, que en sucesivos capítulos se diversificarán aún más. Veneno es, de hecho, un verdadero ejemplo de cómo construir un personaje, o más bien un icono, desde los márgenes, a través de la mirada de personajes presuntamente secundarios que se cruzan con ella. Eso crea una constelación de individuos interesantes a los que seguir y observar… y de paso va configurando un retrato social de dos décadas distintas y no tan alejadas entre sí, al margen de juicios morales actuales.

Eso da a Veneno una riqueza superior a la que podríamos encontrar en un biopic directo, lineal, convencional, como tantos hemos visto en la gran y pequeña pantalla, dado que no solo seguimos a la protagonista en varias épocas de su vida, sino que conocemos de primera mano su influencia. Una vez creado y establecido el rompecabezas, los Javis se permiten todo tipo de excesos cómicos y melodramáticos perfectamente justificables por el carácter de Cristina Ortiz, un personaje ambivalente, tan discutible como vitalista, tan divertido como trágico, marioneta de los medios pero, a la vez, capaz por sí solo de representar a todo un colectivo marginal. La mayoría de las veces todo funciona porque los creadores de Paquita Salas están en su salsa, con un humor escatológico, hortera y kitsch netamente español (no se pierdan al personaje de Paca La Piñata en todas sus encarnaciones) y un retrato picaresco sin victimismos, al menos más allá de lo que resulta evidente.

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La Veneno | Atresmedia

Basándose en la biografía Ni puta, ni santa de Valeria Vegas (que los Javis incorporan como personaje encarnado por una excelente Lola Rodríguez, una jugada análoga a la última adaptación de Mujercitas de Greta Gerwig) el gran mérito de Veneno es presentarnos a Cristina Ortiz no solo como una víctima (de los medios de comunicación, de la intolerancia, del conservadurismo) sino como, fundamentalmente, un personaje inspirador, un agente de cambio. La serie por ello hace honor a esa categoría de icono LGBT de La Veneno, pero no excluye a espectadores de toda condición gracias a un dinamismo narrativo que en ocasiones Los Javis, en su afán de subrayado, sabotean un poco ellos mismos.

Veneno es mejor cuando toda su verborrea sale natural, sin necesidad de interpretar ante nosotros sus intenciones, cosa que afortunadamente ocurre la mayoría del tiempo y con no pocas imágenes realmente poéticas e interesantes que expresan más que mil palabras (esa televisión en la noche como ventana al mundo que centra el prólogo, o la primera aparición de Cristina, iluminada a contraluz por los faros de un coche...). Es entonces cuando su mezcla de desvergüenza y efervescencia creativa, o de comedia y tragedia, se nos presenta ante nosotros en bruto, sin filtros, y uno adivina lo que interesa a los Javis tanto o más que el retrato íntimo del personaje: su dimensión social, su impactante representación de aquello de lo que no se quiere saber nada.

El primer capítulo de Veneno ya está disponible en la plataforma Atresplayer Premium

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