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Muere José Lifante, cura en 'Cuentame' y mayordomo en 'Patrimonio Nacional'

Eficaz actor de reparto, disfrutamos de su trabajo en series como La bola de cristal, Farmacia de Guardia, Los Serrano y Aquí no hay quien viva.

Eficaz actor de reparto, disfrutamos de su trabajo en series como La bola de cristal, Farmacia de Guardia, Los Serrano y Aquí no hay quien viva.
José Lifante, en Aquí no hay quien viva | Atresmedia

A consecuencia de una trombosis, este martes 16 de enero falleció en el Hospital Clínico de Madrid el actor José Lifante, a la edad de ochenta años. Intervino a partir de la década de los 60 en representaciones teatrales, películas y series de televisión personificando a personajes de muy diversa condición. Solía decir que valía para todo. Pongamos dos ejemplos, entre los que le aportaron mayor popularidad: el cura don Benito en Cuéntame como pasó y el mayordomo de Patrimonio Nacional, muy solícito en escenas compartidas con Mary Santpere, en presencia de Luis Escobar y José Luis López Vázquez.

Nada se sabía de su vida privada, salvo que estuvo casado desde 1974 con la actriz catalana Elisenda Ribas, magnífica comediante especializada en papeles cómicos, aunque destacase en otros como el que interpretó en la película La plaza del Diamante, doña Enriqueta. José Lifante enviudó de ella en 2020.

Nacido en Barcelona en 1943, José Ruiz Lifante estudió Filosofía y Letras, rama de Historia del Arte, pero ejerció de actor desde muy joven. Ya a los catorce años se subía a un escenario y, profesionalmente, formó parte de la compañía de dos extraordinarios genios de la escena, Enrique Diosdado y Enrique de la Torre, matrimonio por otra parte. Ello sucedía en 1960 y hasta que Lifante se vino a Madrid en 1974 estuvo desarrollando toda su actividad artística en la Ciudad Condal. En ese periodo resaltó entre otros estrenos en El adefesio, una obra de Rafael Alberti, que estaba desterrado, y ello despertó interés en los medios culturales, aunque la crítica dividió sus opiniones sobre su calidad.

Fue ya en su época madrileña, a mitad de la década de los 70 cuando José Lifante intensificó su presencia más en el cine y la televisión. En este último medio se recuerdan sus trabajos en La bola de cristal, Farmacia de Guardia, Los Serrano y Aquí no hay quien viva, donde le encomendaron el personaje del exorcista.

Alto, enjuto, con escasos cabellos, ojos saltones, risa sarcástica, Lifante tenía algo en su mirada que podía calificarse como surgida de una historia draculiana. En el fondo no nos equivocamos con esta particular comparación, pues le gustaban mucho las películas de terror y en 2011 estuvo preparando una serie sobre ese género. Mucho antes ya había probado su vis terrorífica a las órdenes de Jorge Grau, que lo dirigió en No profanar el sueño de los muertos donde hizo muy bien de zombi.

Era una persona sencilla, con una voz muy peculiar, con quien mucho tiempo atrás trabé cierta amistad cuando, en compañía de Elisenda, su esposa, formábamos tertulia en la ya desaparecida discoteca Bocaccio, la de Madrid. Trabajó mucho, no le faltaban contratos, era muy preciso a la hora de interpretar, sin saltarse una línea de cualquier libreto o guion que cayera en sus manos. Y hasta tuvo su oportunidad en una coproducción cinematográfica en 1988, dirigido por Terry Gilliam en Las aventuras del barón Munchausen, junto a Robin Williams y Uma Thurman.

Jamás se quejó de que no le llegaran papeles protagonistas. Era un eficaz actor de reparto, genérico o secundario, términos que en modo alguno son peyorativos, de los que cada vez hay menos en el mundo de la farándula. José Lifante era uno de los mejores en esa especialidad.

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