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Así toma el protagonismo Penelope Featherington en 'Los Bridgerton': Tercera Temporada

Critica de la tercera temporada de Los Bridgerton, esta vez dedicada a Penelope Featherington.

Critica de la tercera temporada de Los Bridgerton, esta vez dedicada a Penelope Featherington.
Los Bridgerton | Netflix

Penelope Featherington asciende a protagonista en la tercera temporada de Los Bridgerton, uno de los grandes emblemas de la plataforma Netflix cuya primera mitad de cuatro capítulos está ya disponible (la segunda llegará el 13 de junio). Que la compañía haya decidido partir en dos la ficción basada en las novelas de Julia Quinn ya da la medida de que -por utilizar lenguaje de época- Los Bridgerton es todo un blasón para Netflix, que la trata como lo que es: uno de los mayores éxitos de su historia.

Nueva temporada, nueva debutante. Esta vez es la propia narradora, a través del personaje ficcional que a su vez encarna en versión original la mismísima Julie Andrews, la que sale a la búsqueda del amor. El personaje de la estupenda actriz Nicola Coughan, Penelope, tendrá que resolver su cuelgue amoroso con Colin Bridgerton a lo largo de una temporada donde la serie producida por la todopoderosa Shonda Rhimes vuelve a demostrar ser un caramelo para sus (abundantes) seguidores.

Efectivamente, la tercera temporada de Los Bridgerton cumple. Pero llegamos al tercer año y cada temporada pasa a ser una masa un tanto indistinguible del resto debido a la rigidez del esquema. Pero sin ese esquema no sería Los Bridgerton… Lo que resulta un tanto criticable es que ese plus de atrevimiento de la primera temporada, exhibiendo sin tapujos los cuerpos de los guapos protagonistas, se haya reducido y apenas haya picante en esta tercera temporada. Si toda la tanda de capítulos consiste en poner en valor a la infravalorada Penelope, cuyo físico se aleja de las tersas damas de las anteriores, ¿por qué no exhibirlo igual?

Un pequeño gesto de hipocresía que quizá se resuelva en los capítulos del mes de junio. En todo caso, Los Bridgerton sigue siendo alegremente frívola, asume su carácter superficial en un drama de enredos amorosos que -y este es su gran mérito televisivo- ha logrado vestir de serie de época lo que en realidad es una telenovela. Un folletín de lujo hábilmente disfrazado que ha llevado a muchos a confundirla con lo que no es: una serie histórica.

Asumiendo esto, y con el uso de "covers" contemporáneos como música de cámara, se explica el elenco multirracial y otras licencias que, en realidad, solo modernizan el concepto de amor tradicional que vende la serie: hay que renovar convenciones, sí, pero ciertos usos y costumbres todavía tienen sentido y para eso está el ritual de la seducción, tan básico y a la vez sofisticado… a la par que contradictorio.

La serie, eso sí, pierde una oportunidad de oro de convertir a Penélope, la observadora de la propia serie y su personaje más inteligente, y quizá el mejor interpretado, en un verdadero elemento distintivo e irónico. Lo importante para sus creadores sigue siendo el despliegue de escenarios y de vestuario, verdaderamente impresionante, reforzado en todo momento por una fotografía digital limpia e impoluta. Aquí nadie intenta inventar la rueda, lo que repercute un tanto en el interés del que no es seguidor acérrimo: resulta imposible a estas alturas discernir qué temporada es mejor o peor, si la primera, la segunda o la tercera, o el spin-off dedicado a la reina Carlota. Pero los seguidores son legión, así que todos contentos.

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