
Al igual que Mi querida señorita, la nueva versión producida por los Javis de la mítica película de José Luis López Vázquez, la serie cómica Cochinas insiste en presentar la España de finales de los años noventa a ritmo de pasodoble y censura, de liberación sexual femenina en un mundo, ya saben, dominado por hombres. Una visión de lo pintoresco un tanto discutible, pero que como habitante de los barrios populares (en este caso, en la Valladolid de 1998) uno puede reconocer y asimilar… eso sí, si es que uno decide jugar al juego de la ficción de Prime Video.
Protagonizada por una excelente Malena Alterio en el papel de un ama de casa obligada a tomar las riendas del videoclub de su marido reconvirtiéndolo en un negocio X, la serie que comienza dirigiendo Andrea Jaurrieta (no se pierdan su película Nina) trata de jugar con las texturas de una España de figuritas de Lladró, gatos de porcelana y costumbres todavía ancladas en el pasado.
Y hay algo de verismo en la propuesta, no lo vamos a negar; pero en cierto modo resulta decepcionante que esta mezcla de Breaking Bad y Californication en versión femenina, con un fuerte componente de liberación sexual (las clientas del videoclub en cuestión serán en su mayoría mujeres) al final se sirva de los mismos tópicos que pretende demoler… incluyendo los chistes a costa de los títulos de películas porno y sí, escenas de erotismo cómico típicas del destape pero adaptadas a los criterios de diversidad corporal actuales.
Pero el resultado de Cochinas (y precisamente es mejor cuando la serie lo tiene claro) está más cercano a una versión mucho más descarnada y sexualmente explícita de Aída, pero sin que esos elementos de una España atávica en tránsito hacia algo estén plenamente justificados. Como retrato social, la serie resulta fallida pero el conjunto resulta ameno porque, precisamente, aceptamos ese humor que la serie parece considerar tabú un cuarto de siglo después.
Hay más para impulsar la digestión de la serie: la inyección de nostalgia por los tiempos del VHS facilita y mucho el tránsito por la ficción de Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo (autores del libreto de Todos los lados de la cama), consistente en ocho capítulos de media hora que se consumen bien. Cochinas, no obstante, da la impresión de ser un guiso no del todo amalgamado de relato de entrepreneur visionario tan caro a las series televisivas, retrato social costumbrista y humor ridículamente picante a costa del kitsch del porno barato.
Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

