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El digno true-crime de Netflix sobre Lockerbie que corta de raíz el sensacionalismo

Esta rigurosa producción aborda la tragedia del vuelo de Pan Am sin caer en el espectáculo fácil, destacando el testimonio de las víctimas.

Esta rigurosa producción aborda la tragedia del vuelo de Pan Am sin caer en el espectáculo fácil, destacando el testimonio de las víctimas.
Bomba en el Pan Am 103 | Netflix

Que no quede tragedia sin su correspondiente true crime, catástrofe sin minuciosa recopilación de acontecimientos, asesinato sin dramatización (o incluso dos). Dentro de esta política, una de las consecuencias de la globalización del streaming en distintos territorios, Bomba en el Pan Am 103 es una de las más dignas, nobles y menos sensacionalistas aportaciones. La miniserie británica de seis capítulos disponible en Netflix reproduce el atentado terrorista del avión que cayó sobre la pequeña localidad escocesa de Lockerbie en diciembre de 1988, acabando con la vida de 270 personas.

Tras la miniserie que protagonizó Colin Firth, disponible en Movistar y SkyShowtime, repasar de nuevo los acontecimientos de la tragedia ocurrida en suelo británico y que implicó a varias agencias internacionales en su investigación suena a innecesario. Y esa, la verdad sea dicha, es una impresión de la que Bomba en el Pan Am 103 nunca se sobrepone. Pero el creador Jonathan Lee se pone por bandera Chernobyl de HBO, sin duda la referencia más exitosa y lograda del género, para —siguiendo un estilo más austero incluso— reproducir el puro y duro procedimiento de investigación y acentuar la difícil colaboración entre organizaciones y agencias internacionales.

A partir de ahí, y despojada de elementos sensibleros, la serie elabora un melancólico y austero desglose de todos los pasos de la investigación y el puro ingenio humano que logró reproducir, pese a las dificultades, las circunstancias del atentado, todo con el afán de rendir un mínimo honor a las víctimas. El resultado corta de raíz el sensacionalismo y la espectacularización (pese a que sí se echa de menos la brillantez y medios de, precisamente, Chernobyl) para centrarse en el elemento humano, pero despojado de excesos dramáticos: puro y duro procedimental de investigación, y de ahí y solo de ahí se desprende la crítica política y corporativa.

Por eso lo que destaca de la serie son rasgos y anclajes dramáticos austeros y parcos, pero reconocibles, puramente británicos, como la evidente simpatía entre dos individuos tan distintos como McClusker (Connor Swindels), un agente de calle que la serie elige como punto de vista, y Patrick J. Adams (de la serie Suits), la del primero con el superintendente de policía Orr (un entrañable Peter Mullan) o el retrato sencillo de la cabezonería rural y serenidad, digna de otra época, de los habitantes de Lockerbie. Quizá sepa a poco a los devoradores de series más emocionantes, pero el liberar de nostalgia y estilo a la serie da como resultado que, precisamente, emerja su sustancia.

Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

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