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¿Tiene menos valor un teatro que entiende todo el mundo?

Se cumplen 75 años de la publicación de la novela de Agatha Chrisitie Diez negritos, la obra más popular de la autora inglesa.

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Las historias de Agatha Christie tienen su edad, y esa es la adolescencia. Agatha Christie es deliciosa, es inglesa, revoltosa, cruel, elegante, y en palabras del director de la adaptación de su obra 10 negritos que podemos ver en el Teatro Muñoz Seca de Madrid, Ricard Reguant, ambos se entienden porque "están más acá. No más allá". El mérito de esta clásica del misterio y la condición humana es que le gusta a todo el mundo, y como hay gente para todo, durante todo este tiempo, sus obras permanecen en escena años y años, en París o en Londres. En España nos gusta más superar complejos y mirar por encima del hombro al que osa volver a invertir su propio dinero en esta piedra preciosa del teatro. Sin etiquetas por favor.

En 10 negritos versión 2014, a nadie le sorprenden ya los golpes de efecto, a nadie le convencen las justificaciones de los asesinos, poco tenemos que ver con los protagonistas y sus circunstancias, pero hacemos noche con ellos en la isla sin mayor problema. Reguant se conforma "con ofrecer al público lo que espera ver". Le enorgullece que cualquier espectador pueda ir comentando por el pasillo del teatro, mientras se va echando el abrigo por encima, la función que acaba de ver, porque la ha entendido de pe a pa.

Ricard Reguant, el primero en montar un David Mamet en España, es un director que se hace pocos líos mentales. Sabe que dos y dos son cuatro y juega a que su mayor invento es mirar la obra con feliz sinceridad. No es un Shakespeare. Esta vieja-nueva adaptación de 10 negritos, el Lost de hace 75 años, es una obra de tresillo, con mini chester ladeado en salón elegante de cristalera con vistas a un falso mural fotográfico del mar. Mueble bar a modo de manantial (como en Mad Men), cigarrillos y mucha conversación de situación, que no es fácil, más para actores de academia acostumbrados reducir la interpretación al conflicto dramático.

El Muñoz Seca estaba lleno un jueves. Había muchos adolescentes que antes de ocupar su butaca tuvieron que tirar las patatas y la bebida que habían comprado un rato antes en el chino. Efervescentes cuando se hizo el primer oscuro pero enganchados durante toda la función. No es nada fácil mantener el clímax con unos personajes casi de "cartón piedra".

A pesar de que el asesinato no es una bella arte, en ninguno de los diez siniestros; de que optar por la comedia al final, con carcajadas de un público más de cine consigue diluir la solución del caso (qué más da quién sea el falso negrito); o pese a que la interpretación de los actores no es todo el rato convincente y falta algo de naturalidad, la obra se pasa. Como una telesierie de sobremesa. Incluso inglesa. (Por cierto Reguant estudió en la BBC realización de este tipo de "dramáticos".)¿Pecado mortal ser comercial? Perdón. Habíamos dicho que sin etiquetas.

Un dato sobre el director. En el año 2010 Reguant firmó el Manifiesto de la Vergüenza junto a otros actores y directores de escena catalanes denunciando el régimen clientelista de subvenciones de los nacionalistas a "sus elegidos" y la "competencia desleal" que este chorreo de dinero en los espacios públicos suponía para el sector privado.

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