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'Las Golondrinas', un triunfo psicológico en la Zarzuela

Giancarlo del Mónaco debuta en este teatro y abre la temporada con un arrebatador montaje.

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'Las golondrinas' | Teatro La Zarzuela / Javier del Real

El precoz y malogrado José María Usandizaga marcó un cambio de época con el estreno de Las Golondrinas (1914), un ambicioso título lírico a caballo entre la ópera y la zarzuela. Más de un siglo después, la recuperación de esta obra llega en un momento de transición en el Teatro de la Zarzuela, con un nuevo director, Daniel Bianco, empeñado en renovar el género y llegar a nuevos públicos.

No ha sido mala elección. Dos maestros han sido los encargados de revivir esta historia de ambiente circense: Óliver Díaz en la dirección musical y Giancarlo del Monaco en la escénica. Díaz saca buen partido de la arrolladora música, quizá con excesivo protagonismo de los metales y en franco conflicto con las intervenciones cantadas: cuesta oír a los intérpretes en varias ocasiones, sobre todo cuando se encuentran en movimiento -este aspecto técnico es mejorable en toda la producción-. Monaco, por su parte, otorga una versión lúgubre de la obra, con un primer acto rico en matices y en distracciones -los artistas circenses-. El nivel sube con el segundo acto y la famosa pantomima, resuelta con simpatía y limpieza, con unos intérpretes muy entregados.

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'Las golondrinas' | T. Zarzuela / Javier del Real

Y precisamente en los intérpretes se encuentra la mejor baza. Frente al esquematismo de la mayoría de títulos zarzuelísticos, los autores del libreto (el matrimonio de dramaturgos Gregorio Martínez Sierra y María de la O Lejárraga) crearon tres personajes protagonistas, de gran complejidad emocional y psicológica y sin atisbos cómicos: el payaso Puck, posesivo y enamorado, gana en oscuridad y se beneficia de un potente trabajo del barítono Rodrigo Esteves, si bien en la noche de estreno llegó sin resuello al final del famoso racconto "Se reía"; Lina, enamorada en secreto de Puck conserva la candidez original, a la que se añade una sensualidad nueva en el personaje, encarnado por Carmen Romeu, más brillante cuando gana en intensidad dramática, y algo floja en sus escasas partes dialogadas; cierra el triángulo Cecilia, amante del primero, amiga de la segunda, mujer frustrada con su vida ambulante y desencadenante de la tragedia: ¿víctima o instigadora? Es la joya de la función: Nancy Fabiola Herrera -recordemos esa magistral Luisa Fernanda en el Real- compone un rol apasionado, contradictorio, verdadero motor del montaje.

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Un exquisito vestuario y una sugerente ambientación, evocadora de la época del cine mudo, redondean esta producción, generosa en propuestas y con pequeños detalles que empañan el resultado -ese injustificable parón entre el segundo y tercer acto-. En cualquier caso, un interesante arranque de temporada y, para el aficionado teatral, motivo de alegría, ingrediente cada vez más escaso en este país.

Ficha técnica:

Título: Las Golondrinas
Teatro: Teatro de la Zarzuela (calle Jovellanos, 4, Madrid)
Hasta el 23 de octubre.

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