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Federico Jiménez Losantos entrevista a Bernard Henry Lévy en 'Es la mañana de Federico'

El filósofo estrena en España Looking for Europa, un espectáculo sobre los nacionalismos y populismos que arrasan el continente.

Libertad Digital / esRadio
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Federico Jiménez Losantos entrevista a Bernard Henry-Levy Es la Mañana de Federico

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Esta mañana Federico Jiménez Losantos ha tenido el honor de entrevistar a uno de sus maestros, según sus propias palabras. "Un autor en busca de personaje", le ha presentado, "que recuerda a Camus por su modestia en la acción, pero en su acción continua". Bernard Henry Lévy ha venido a estrenar, junto a su amigo Albert Boadella, su última obra de teatro. Se trata de un espectáculo sobre los nacionalismos y populismos que arrasan el continente titulado Looking for Europa, que será representado el próximo 20 de marzo en Valencia, el 25 en Barcelona y el 26 en Madrid. La conversación, pese a todo, a tocado otros muchos temas, y ha ido así:

Federico Jiménez Losantos: ¿Cómo ves tu vida de intelectual? ¿Qué ha cambiado desde tu primer libro hasta hoy?

Bernard Henry Lévy: Bueno, lo primero, mi vida no ha terminado aún. Tengo la firme intención de hablar todo lo que pueda, y de manera constante. Siempre voy a seguir interesándome por el presente. Para mí, lo más importante ahora es lo que voy a hacer en marzo en Valencia, Madrid y Barcelona. Luchar contra los populismos y contra los nacionalismos; pelear por los valores democráticos y liberales; pelear en frente de la ‘fatigue democratique’ sigue siendo, para mí, esencial. Al final del día, es todo lo que he hecho siempre: Intentar hacer del mundo un lugar menos malo. No caer en la trampa de las revoluciones que te prometen El Dorado y que acaban en el infierno ha sido la mayor constante de mi vida.

FJL: En este momento hay un Kurdistán en iberoamérica, que es Venezuela; en este momento hay centenares de jóvenes que están siendo asesinados en su lucha por la libertad; y es la primera vez, desde Ronald Reagan y su apoyo a la contra nicaragüense, que uno ve que esa águila vieja está desperezándose y está actuando, apoyando la lucha de los venezolanos contra la dictadura "narcocomunista" que allí se vive. Sin embargo, la Unión Europea no hace nada. Es más, presume de no hacer nada. ¿Qué se puede esperar de la Europa de los valores, cuando la Europa real, la de nuestros representantes políticos, es incapaz siquiera de reconocer a un gobernante legítimo en Venezuela? ¿Qué falla en esa Europa?

BHL: A Europa le falta valor. Cada vez que se ha tenido que enfrentar a la necesidad de defender sus valores, desde la Guerra Civil española hasta el genocidio armenio, Europa no ha ido a la cita. Ahora otra vez. Maduro es una mezcla entre Pinochet y Castro. Y esta evidencia debería haber sido reconocida desde hace años. Desde Chavez. Chavez era un dictador que transformó un país próspero, con riquezas naturales asombrosas, en una dictadura pobre y corrompida. Pero Europa nunca ha querido jugársela, y eso es cobardía. En Looking for Europa hablo de Venezuela, y de la cobardía como el apellido de nuestra actitud.

FJL: En tu último libro, de esos "cinco reyes" que mencionas, ahora al menos cuatro apoyan a Maduro: Rusia, China, Turquía e Irán…

BHL: Sí. Son una mafia. Una familia mafiosa. Lo que mi amigo Roberto Saviano ha descrito maravillosamente en sus libros, solo lo tienes que traspasar al juego político y funciona igual. Irán, Rusia y Venezuela es lo mismo. Son compadres.

FJL: Anteayer, de hecho, publicamos en Libertad Digital cómo Turquía e Irán están lavando el oro y los diamantes que extraen los ELN del Orinoco. Están actuando exactamente como una mafia, sí. Pero volviendo a tu último libro, me gustaría hacerte dos preguntas. La primera: La trayectoria de inclusión en el movimiento nazi del islamismo que empieza con los Hermanos Musulmanes. El Gran Muftí de Jerusalén. Pero que continúa con algo que describes muy bien: El cambio de nombre de Persia para convertirse de nuevo en el país de los arios, que se inscriben en ese movimiento fantasmagórico pero terriblemente eficaz, que ha tenido hasta en Heidegger a su filósofo. Ahora la izquierda, que en su día fue casi pro israelí, encabeza el antisemitismo en todo el mundo. ¿A qué se debe?

BHL: No toda la izquierda, gracias a Dios. Lo que sí que es cierto es que el antisemitismo tradicional, de origen católico, ha desaparecido. Gracias al trabajo de los propios católicos, que han reconocido a los judíos como sus hermanos —y no como padres, porque el padre está abocado a morir, igual que el hijo a heredar—. Hoy, en el centro del antisemitismo moderno está la cuestión de Israel, y la propaganda que lo vende como un estado asesino. También está la idea que dice que el Holocausto impide, hasta cierto punto, que juzguemos los crímenes de los propios judíos… Y todo esto, es verdad, es defendido por la izquierda más que por la derecha. Pero eso no quiere decir que toda la izquierda está empeñada en eso.

Luego, a propósito de Persia e Irán, es verdad. Sabíamos desde hace unos años que los Hermanos Musulmanes se veían a sí mismos como la versión arábica del nazismo. En la década de los 30, cuando Irán se llamaba Persia, hubo un movimiento que decía: ¿Qué pasa? El nazismo está triunfando en todo el mundo, ¿y nosotros vamos a quedarnos atrasados? No. De hecho, la embajada alemana en Teherán fue la que les dijo que sí, que eran puros arios, y que por eso debían cambiar el nombre de Persia por el de Irán. Hay una ley imperial de 1935 que anunciaba a todos los pueblos del mundo que tenían que olvidarse de lo que creían conocer de Persia, porque ahora eran arios. Y esto, curiosamente, ahora está envuelto en una nebulosa, y parece que nadie se acuerda de ello. Pero esa es la historia verdadera.

FJL: Una cosa me ha conmovido mucho de tu libro. Hay una película magistral de Henri-Georges Clouzot que se llama El cuervo. En ella alguien empieza a mandar cartas anónimas en un pueblecito de Francia. Cartas que hablan de cosas medio ciertas y medio falsas… y por ellas, de pronto, todo el pueblo entra en un frenesí, típicamente totalitario, de denuncias. En tu libro cuentas que conociste a Clouzot en un viaje. Y me ha conmovido, primero porque acababa de ver la película, pero también porque el metraje es una versión extraordinariamente lúcida de lo que está ocurriendo ahora…

BHL: Sí, claramente. En la película no se distingue la verdad de la mentira. Lo que Clouzot describió al nivel de un pueblecito francés, ahora es el mundo. Ese es el régimen nuevo de la humanidad. La gente pasa su vida mirando lo que hace el vecino y denunciándolo. Vivimos en el régimen de la denuncia general. Es Clouzot. Eso es la modernidad.

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