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Muere Ricardo Chibanga, el primer torero negro de la historia

El romance del matador y una mujer inspiró al cantante Carlos Cano a componer la canción "María la portuguesa".

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Muere Ricardo Chibanga, el primer torero negro de la historia
Ricardo Chibanga, el primer torero negro, en plena faena. | Youtube

Este pasado martes, día 16, ha muerto el primer torero negro africano de la historia, Ricardo Chibanga, que gozó de un buen cartel en los ruedos españoles en la primera mitad de la década de los 70. Tenía setenta y seis años. Había sufrido un derrame cerebral hace mes y medio y tras recibir el alta médica falleció en su casa de Golegä, Portugal, a causa de un ictus.

Era natural de Mozambique, de una familia modestísima. Su padre regentaba una pastelería y hubo de alimentar a siete hijos. Quiso Ricardo salir de la pobreza y, como cerca de su casa había una placita de toros, pensó que la mejor manera de ganar dinero era probar suerte en tan difícil profesión. Con nueve años repartía propaganda taurina, trataba de llevar a espectadores africanos a los festejos, en tanto daba capotazos al aire. Pasaba el tiempo y cuando en casa entró algún dinero su progenitor le aconsejó que estudiara una carrera. Quiso convertirse en ingeniero agrónomo pero al final decidió marcharse a Lisboa, en pos de alguna oportunidad para vestirse de luces. Lo hizo primero en un espectáculo cómico-taurino. Luego fue novillero en los mejores cosos lusos, donde ya se sabe no se permite la suerte suprema, es decir, muerte de los toros. Tenía que venir a España, donde realmente la fiesta brava tiene su mayor prestigio y popularidad.

En la plaza de San Sebastián de los Reyes (Madrid) el empresario lo motejó en los carteles, para atraer público curioso, como El rey africano. Hizo una buena campaña de novillero, hasta tomar la alternativa nada menos que en la Maestranza sevillana, detalle de que su toreo calaba en la gente. Para ese día tan soñado, en agosto de 1971, Ricardo Chibanga estrenó un vestido de luces blanco y oro, como contraste con el color de su piel, recibiendo el doctorado de manos de Antonio Bienvenida, y como testigo su amigo Ricardo Torres. Éste y Paco Camino fueron sus mejores valedores cuando empezó a entrenarse en el campo sevillano.

En esa primera mitad de los años 70, Chibanga hizo el paseíllo con los mejores diestros, desde Curro Romero a Paquirri y otros espadas de renombre, recorriendo las plazas de toda España. También en Francia. Toreando una tarde en Fréjus brindó uno de sus toros a Pablo Picasso, que ocupaba una barrera junto a Jacqueline, su esposa. El matrimonio invitó a cenar en su chalé al diestro, quien al despedirse recibió de regalo un cuadro del genial malagueño. Hizo temporadas también en México. En resumen, su carrera fue notable, a pesar de que no se le llegara a considerar una primera figura.

En 1974 comenzó a perder la vista. La última vez que se puso delante de un toro fue en la colonia portuguesa de Macao, en China. Como se advierte, ya con este dato, se completaba su anecdótica biografía taurina. Finalmente se hizo empresario, con dos plazas portátiles. De su vida particular poco sabemos. Solo que cada vez que iba a Vila Real, población lusa en la frontera con Huelva, visitaba una casa de lenocinio que regentaba su buena amiga Aurora Murta Gonzaga, con la que llegó a establecer una íntima relación amorosa. Esta mujer resulta que fue la que inspiró a Carlos Cano para su conocida canción "María la portuguesa".

Ricardo Chibanga estuvo no hace mucho en un tentadero, en la finca de su amigo Morante de la Puebla. Nunca se le quitó su afición a los toros, pese a estar ya retirado desde hacía más de cuarenta años. Ahora que desde años atrás existe una agresiva tendencia a descalificar la fiesta de los toros, conviene resaltar que Ricardo Chibanga nunca tuvo problemas, dentro y fuera de las plazas, por la condición de su raza. Fue respetado y querido por la afición española.

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