
Turquía ha reactivado las negociaciones con Francia y Italia para la adquisición de baterías antiaéreas SAMP/T, un sistema clave en la defensa aérea europea. El movimiento supone un giro estratégico tras años de fricciones con sus aliados de la OTAN, especialmente desde la compra del sistema ruso S-400, que provocó sanciones y desconfianza dentro de la Alianza.
El sistema SAMP/T, desarrollado por el consorcio Eurosam, está diseñado para interceptar misiles balísticos y amenazas aéreas avanzadas. Ankara no solo busca adquirir estas capacidades, sino también participar en su coproducción, una exigencia habitual en su política de defensa para garantizar transferencia tecnológica y fortalecer su industria militar nacional.
Este acercamiento tiene un claro componente político. Tras años de tensiones con Washington y varios socios europeos, Turquía intenta recomponer relaciones dentro de la OTAN mediante acuerdos industriales y militares con países clave del bloque. La elección de Francia e Italia no es casual, ya que ambos países representan un eje importante en la industria de defensa europea y en la arquitectura de seguridad del continente.
La compra del SAMP/T supondría, en la práctica, un paso atrás en la estrategia que llevó a Turquía a adquirir el sistema ruso S-400, una decisión que desencadenó su expulsión del programa del caza F-35 y la imposición de sanciones por parte de Estados Unidos. Con este nuevo movimiento, Ankara busca recuperar credibilidad y demostrar su alineamiento con los estándares tecnológicos y estratégicos de la OTAN.
Sin embargo, las negociaciones no están cerradas y presentan obstáculos. Entre ellos, el alcance de la transferencia tecnológica, las condiciones de coproducción y el encaje político de la operación. Francia, en particular, ha mostrado en el pasado cautela ante acuerdos militares con Turquía debido a tensiones geopolíticas en el Mediterráneo oriental y diferencias en política exterior.
