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Las seis claves de la cumbre de la OTAN de Ankara: del repliegue de EEUU a la presión sobre el socio díscolo español

Los líderes aliados hablarán también del apoyo a Ucrania, el fortalecimiento de la industria de defensa o el nuevo equilibrio interno.

Los líderes aliados hablarán también del apoyo a Ucrania, el fortalecimiento de la industria de defensa o el nuevo equilibrio interno.
Pedro Sánchez en la cumbre de la OTAN en La Haya en 2025. | Cordon Press

La OTAN celebra este martes 7 y este miércoles 8 en Ankara —Turquía— una de las cumbres más trascendentales desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania. Aunque no se esperan grandes anuncios políticos, la reunión estará centrada en comprobar cómo se adaptan los socios a las espasmódicas decisiones de Donald Trump y en mantener una unión que el presidente de Estados Unidos dificulta en demasiadas ocasiones.

La cita llega en un momento de profunda transformación para la Alianza. La amenaza rusa, la creciente inestabilidad internacional y el cambio de prioridades estratégicas de Estados Unidos han obligado a Europa a acelerar su rearme. Sobre ese escenario, los jefes de Estado y de Gobierno de los 32 países miembros —30 de ellos europeos— abordarán seis grandes cuestiones que marcarán el futuro de la organización durante los próximos años.

La primera de ellas será comprobar si los aliados están cumpliendo el compromiso de elevar el gasto en defensa. En la cumbre de La Haya —Países Bajos— se acordó la cifra mágica del 5 por ciento del PIB —el 3,5% en defensa propiamente dicha y el 1,5% en seguridad—, a la que todos los países deberían llegar en 2025. La OTAN quiere que los países empiecen a detallar cómo van a ir cumpliendo con ese aumento en defensa.

No se trata únicamente de gastar más, sino de invertir mejor y cubrir las capacidades que la Alianza Atlántica considera críticas. La organización evaluará el grado de cumplimiento de los planes nacionales y analizará qué países están acelerando realmente sus inversiones y cuáles continúan retrasando decisiones que afectan a la planificación militar conjunta y a la credibilidad del sistema de defensa colectiva.

La segunda gran cuestión será el reparto de cargas tras el repliegue parcial de Estados Unidos en Europa. Washington ha puesto sobre las mesa las primeras cifras sobre las fuerzas que va a retirar de suelo europeo. Por ahora sólo de medios aéreos y navales, no terrestres, y ha dejado claro que espera que sus aliados asuman una mayor responsabilidad en la defensa del viejo continente.

El mensaje que quiere transmitir la OTAN es que Europa está en condiciones de asumir una parte creciente de su propia defensa sin romper el vínculo transatlántico. El objetivo no pasa por sustituir a Estados Unidos, sino por construir un pilar europeo más sólido que permita a Washington concentrar parte de sus recursos en el Indo-Pacífico, con la perspectiva puesta en China, sin debilitar la disuasión europea frente a Rusia.

La tercera clave volverá a ser Ucrania. Los aliados revisarán la evolución de la guerra y coordinarán el apoyo militar a Kiev, especialmente en materia de suministro de armamento, entrenamiento, intercambio de inteligencia y fortalecimiento de la industria de defensa ucraniana. También se buscará mantener una posición unitaria frente al Kremlin y evitar cualquier señal de desgaste político entre los socios.

La cuarta cuestión girará en torno a la industria europea de defensa. El incremento del gasto militar ha puesto de manifiesto que muchos países carecen de capacidad suficiente para producir municiones, misiles, vehículos blindados o sistemas antiaéreos al ritmo que exige el nuevo contexto estratégico. La OTAN quiere impulsar una base industrial más potente, integrada y preparada para responder a futuras crisis.

La organización considera que aumentar los presupuestos resulta insuficiente si la industria no puede transformar ese dinero en capacidades operativas. Por ello, uno de los mensajes de Ankara será la necesidad de reducir la dependencia exterior, reforzar las cadenas de suministro y favorecer la cooperación entre empresas europeas y norteamericanas para acelerar la producción de material militar.

La quinta clave será el nuevo equilibrio político dentro de la Alianza. Europa aspira a asumir un mayor protagonismo estratégico sin cuestionar el liderazgo estadounidense, mientras Washington insiste en que los aliados deben incrementar su contribución. Al mismo tiempo, Turquía ejercerá como anfitrión de una cumbre que también servirá para abordar la seguridad en el flanco oriental, Oriente Próximo y el mar Negro.

El sexto gran asunto tendrá un claro protagonista: España. El Gobierno de Pedro Sánchez llegará a Ankara bajo la presión de varios aliados después de haber escenificado en la anterior cumbre un tratamiento diferenciado respecto al objetivo del 5% del PIB que no es real. Son muchos los países, incluido Estados Unidos, que quieren que España vuelva a comprometerse públicamente con ese 5 por ciento.

La delegación española tendrá que explicar cómo piensa incrementar sus capacidades militares y contribuir a los nuevos objetivos fijados por la OTAN invirtiendo tan sólo un 2 por ciento del PIB, algo de lo que duda la OTAN y el resto de países aliados. La cumbre de Ankara servirá así para medir hasta qué punto España sigue siendo el socio más incómodo en el debate sobre el reparto de cargas dentro de la Alianza.

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