
El Gobierno británico ha dado un paso de calado en su estrategia de defensa al confirmar la incorporación de nuevos cazas F-35A Lightning II a la Real Fuerza Aérea (RAF). La decisión, incluida en el Plan de Inversión en Defensa 2026, supone el regreso del Reino Unido a la misión de disuasión nuclear aérea de la OTAN, una capacidad que había abandonado hace casi tres décadas.
Aunque el documento no concreta el número de aeronaves que serán adquiridas, el Ejecutivo ya anunció durante la Cumbre de la OTAN celebrada en junio de 2025 la compra de 12 F-35A para la RAF, junto a otros 15 F-35B. Con ello, la flota británica comprometida ascenderá a 75 aviones F-35, de los que 63 corresponderán a la variante B y 12 a la versión A. El objetivo final del programa sigue siendo alcanzar las 138 aeronaves.
Vuelta a la misión nuclear de la OTAN
Según recoge el Plan de Inversión en Defensa 2026, los nuevos F-35A estarán destinados a participar en la misión de Aeronaves de Doble Capacidad (DCA) de la OTAN, que permite a determinados aliados disponer de aviones y tripulaciones certificadas para emplear las bombas nucleares tácticas estadounidenses B61, siempre bajo decisión política de la Alianza.
La incorporación de estos cazas permitirá a la RAF recuperar una función que no desempeñaba desde la retirada de la bomba nuclear WE.177 en 1998. Desde entonces, la disuasión nuclear británica ha descansado exclusivamente en los submarinos de la clase Vanguard de la Royal Navy, equipados con misiles balísticos Trident II D5.
El Gobierno británico subraya que esta nueva capacidad no sustituirá ese sistema de disuasión estratégica basado en el mar, sino que reforzará la aportación del Reino Unido a la arquitectura de defensa colectiva de la OTAN.
Las ventajas del F-35A frente al F-35B
A diferencia del F-35B, empleado actualmente por la RAF y la Royal Navy desde los portaaviones británicos, la variante F-35A está diseñada para operar desde pistas convencionales. Esto le proporciona un mayor radio de acción, más capacidad de combustible, una carga útil superior y unos costes de adquisición y mantenimiento más reducidos.
Además, está certificado para transportar la bomba nuclear táctica B61-12, lo que explica su elección para la misión de doble capacidad de la OTAN.
Estas características también mejoran su rendimiento en operaciones de largo alcance, ataques de precisión, supresión de defensas aéreas enemigas y misiones de penetración en entornos altamente protegidos.
Una modernización más amplia de las Fuerzas Armadas
El programa F-35A forma parte de una transformación mucho más ambiciosa de las capacidades militares británicas. El Plan de Inversión en Defensa 2026 sitúa esta adquisición junto a otras prioridades como el desarrollo del Programa Global de Combate Aéreo (GCAP), que dará lugar al futuro caza de sexta generación Tempest, el impulso a aeronaves autónomas de combate, el refuerzo de la defensa aérea y antimisiles y la modernización de las redes de mando y control.
El documento desarrolla así el anuncio realizado por el Ejecutivo durante la Cumbre de la OTAN de 2025 y mantiene el programa F-35 como uno de los pilares de la modernización de la defensa británica a largo plazo.
Una flota conjunta entre la RAF y la Royal Navy
Actualmente, la UK Lightning Force opera 47 F-35B Lightning II desde la base de RAF Marham, una fuerza conjunta integrada por personal de la RAF y de la Royal Navy.
El 617.º Escuadrón constituye la principal unidad de combate equipada con estos aviones, mientras que el 207.º Escuadrón se encarga de la formación de pilotos e instructores. A ellos se suma el 809.º Escuadrón Aéreo Naval, reactivado para apoyar las operaciones desde los portaaviones HMS Queen Elizabeth y HMS Prince of Wales.
El F-35B seguirá siendo el principal avión de combate embarcado del Reino Unido gracias a su capacidad de despegue corto y aterrizaje vertical, una característica que le permite operar desde los portaaviones británicos sin necesidad de catapultas.
Impacto industrial
La apuesta por el programa F-35 también tiene una importante dimensión económica. La industria británica participa en aproximadamente el 15 % de la fabricación de cada aparato producido a nivel mundial.
Empresas como BAE Systems, Rolls-Royce, Leonardo UK y Martin-Baker suministran componentes estructurales, sistemas de propulsión, equipos electrónicos y asientos eyectables, una actividad que sostiene miles de empleos cualificados y consolida al Reino Unido como el único socio internacional de nivel 1 del programa Joint Strike Fighter.
Con la llegada del F-35A, Londres no solo amplía sus capacidades convencionales, sino que vuelve a desempeñar un papel activo en la disuasión nuclear aérea de la OTAN, reforzando su peso dentro de la estrategia de seguridad de la Alianza en un contexto marcado por el deterioro del escenario estratégico europeo.



