
Francia y Alemania han escenificado este viernes un nuevo impulso a su cooperación estratégica con una batería de acuerdos en materia de defensa destinados a reforzar el eje franco-alemán. El presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, han situado la disuasión, la industria militar y la autonomía estratégica europea en el centro de su reunión bilateral.
El anuncio más relevante ha sido el compromiso de intensificar la cooperación en el ámbito de la disuasión nuclear. Ambos dirigentes han confirmado que Alemania participará por primera vez en un ejercicio de las Fuerzas Aéreas Estratégicas francesas antes de que finalice el año. Berlín lo hará con medios convencionales y sin acceso al arsenal nuclear francés, cuyo control seguirá siendo exclusivamente francés.
También han acordado mantener la cooperación en los sistemas tecnológicos vinculados al FCAS, cuyo elemento principal era la fabricación de un caza de sexta generación que saltó hace unas semanas por los aires. Ambos gobiernos han apostado por continuar el desarrollo de las capacidades asociadas, especialmente la nube de combate, las comunicaciones seguras, la inteligencia artificial aplicada al combate y la integración de aeronaves tripuladas y drones.
Los dos mandatarios han reconocido que las diferencias industriales y las disputas entre los principales fabricantes han lastrado durante años los grandes programas conjuntos de armamento. Para evitar nuevos bloqueos, han decidido impulsar una nueva gobernanza que simplifique la toma de decisiones, agilice los calendarios y reduzca los conflictos entre empresas y administraciones.
La declaración conjunta concede una importancia destacada al desarrollo de nuevas capacidades militares europeas. Han acordado acelerar los trabajos en defensa antimisiles, misiles de largo alcance, vigilancia espacial y tecnologías digitales aplicadas al ámbito militar. Ambos gobiernos consideran que la evolución de la guerra en Ucrania y el deterioro del entorno de seguridad europeo obligan a reforzar cuanto antes las capacidades industriales y operativas del continente.
En el plano geopolítico, Macron y Merz han pactado un mensaje común sobre China. Ambos consideran que Pekín representa un desafío estratégico para Europa por su creciente influencia tecnológica, económica y militar. Sin plantear una política de confrontación, apuestan por reducir dependencias críticas, reforzar la competitividad industrial europea y responder de forma coordinada a las prácticas comerciales que consideran desleales.
La guerra de Ucrania también ha ocupado buena parte de las conversaciones. Los dos dirigentes han reiterado su compromiso de mantener el apoyo político, financiero y militar a Kiev mientras sea necesario y han defendido la necesidad de reforzar la capacidad europea para producir armamento y municiones. A su juicio, la seguridad del continente exige una industria de defensa más sólida y una coordinación mucho más estrecha.
