
Los cazas del Ejército del Aire y el Espacio han concluido en las últimas horas una nueva misión bajo bandera de la OTAN en el Báltico. Esta vez la rotación ha sido breve, de tan sólo cinco semanas, y no de tres meses de duración como en otras ocasiones, pero no ha estado exenta de actividad. El control de las aeronaves rusas que vulneran la legalidad internacional y los ejercicios de interoperatividad con otros países aliados han colmado la agenda española.
El denominado Destacamento Ámbar, que ha operado desde la base aérea de Ämari (Estonia), ha estado compuesto por cuatro cazas F18 Hornet y un centenar de militares, que de forma mayoritaria procedían del Ala 15 y de la EADA (Escuadrilla de Apoyo al Despliegue Aéreo). Han estado integrado en el dispositivo de Alerta de Reacción Rápida (QRA) de la Alianza Atlántica y han sumado alrededor de 200 horas de vuelo.
El momento de mayor tensión llegó cuando el sistema de vigilancia aliado ordenó un Alpha Scramble, la activación real de los cazas de alerta. Dos EF-18M despegaron de Ämari para identificar y escoltar una aeronave de vigilancia rusa que volaba sobre aguas internacionales del Báltico. Procedía de la zona de San Petersburgo, no llevaba plan de vuelo, tenía el transpondedor desconectado y no mantenía comunicación con el control aéreo civil.
El incidente no supuso una incursión en territorio aliado: la aeronave rusa permaneció en todo momento sobre aguas internacionales. Tras identificarla visualmente, los dos F-18 completaron la escolta y regresaron a la base. La actividad diaria fue más amplia. Los españoles realizaron misiones de defensa aérea y apoyo aéreo cercano, de día y de noche, junto a F-16 turcos, Eurofighter italianos, medios polacos y aeronaves AWACS de la OTAN.
Uno de los ejercicios de adiestramiento más exigentes tuvo lugar de noche sobre Polonia. El capitán español Jorge Robayna Sahagún ejerció como Mission Commander (Comandante de Misión) y dirigió una operación contra aeronaves no tripuladas con participación española, polaca, checa, francesa y turca, además de un AWACS de la OTAN. Los F-18 emplearon sensores, equipos de visión nocturna y practicaron también reabastecimiento en vuelo.
El adiestramiento contra drones culminó con un ejercicio C-UAS con fuego real sobre aguas territoriales estonias. Los EF-18M utilizaron su cañón Vulcan de 20 milímetros, con una cadencia de hasta 6.000 disparos por minuto, para alcanzar los objetivos previstos. También los militares de protección de la fuerza practicaron tiro con escopeta contra drones.
