L. D. / EFE.-
Jordan, que ha necesitado cinco meses para decir oficialmente que volvía, ya no podrá vivir del pasado glorioso que construyó con los Bulls de Chicago, a los que les ha dado en trece temporadas seis títulos de liga, sino que tendrá que hacer frente a la realidad de jugar con uno de los peores equipos de la NBA que en 13 no han jugado ni una sola vez la fase final del campeonato.
Tampoco tendrá a su lado jugadores de la clase de Scottie Pippen, Horace Grant o Toni Kukoc, sino jóvenes valores que todavía no han demostrado nada dentro del baloncesto profesional, por lo que si no logra los éxitos que tuvo con los Bulls nadie le va a quitar su condición de legendario.
Ante este panorama la primera gran pregunta que todo el mundo se hace es por qué Jordan, que terminó de forma gloriosa y magistral -desplazando con toque sutil a Bryont Russell- su segunda etapa dentro de la NBA, ha querido comenzar de nuevo después de tres años de retirada y ser accionista minoritario de un equipo profesional. Jordan ha dicho que su vuelta no está motivada por dinero sino simplemente por "amor al baloncesto" y por demostrar que a sus 38 años puede volver a ser la súper estrella que dominó el baloncesto profesional de la NBA.
Sus primeros argumentos no parecen convencer a muchos, especialmente porque si es tanto el amor que siente por el baloncesto podría haberse quedado con los Bulls para comenzar una nueva reconstrucción del equipo bajo la dirección del entrenador Tim Floyd, a quien públicamente había su falta de experiencia. Tampoco la disputa en los últimos días con la NBA para modificar el acuerdo que tenía firmado para los derechos de licencia de venta de productos parezca apoyar su declaración filosófica de vuelta "sólo por amor al deporte".
Los que conocen a Jordan aseguran que lo hace únicamente por el segundo argumento, demostrar una vez más a todo el mundo que es el mejor de todos, que puede superarlos en el campo de competición y puede transformar a los Wizards de un equipo perdedor en ganadores con aspiraciones a estar en la lucha por el título de liga. Dicho con el lenguaje y filosofía de Jordan, que vuelve porque quiere y porque siempre ha hecho lo que ha deseado dentro y fuera del campo, sin importar que algunas veces su imagen y comportamiento fuese cuestionado como en el caso de su gran afición por el mundo de las apuestas.
Durante los cinco meses de preparación para volver a la competición Jordan ha dejado muy claro que no ha perdido ninguna de las cualidades que lo colocaron en la cúspide del baloncesto profesional y su condición física, y que algún problema con la tendinitis en las rodillas no le va a impedir dominar a sus rivales en los 82 partidos que dura la temporada regular.
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Tampoco tendrá a su lado jugadores de la clase de Scottie Pippen, Horace Grant o Toni Kukoc, sino jóvenes valores que todavía no han demostrado nada dentro del baloncesto profesional, por lo que si no logra los éxitos que tuvo con los Bulls nadie le va a quitar su condición de legendario.
Ante este panorama la primera gran pregunta que todo el mundo se hace es por qué Jordan, que terminó de forma gloriosa y magistral -desplazando con toque sutil a Bryont Russell- su segunda etapa dentro de la NBA, ha querido comenzar de nuevo después de tres años de retirada y ser accionista minoritario de un equipo profesional. Jordan ha dicho que su vuelta no está motivada por dinero sino simplemente por "amor al baloncesto" y por demostrar que a sus 38 años puede volver a ser la súper estrella que dominó el baloncesto profesional de la NBA.
Sus primeros argumentos no parecen convencer a muchos, especialmente porque si es tanto el amor que siente por el baloncesto podría haberse quedado con los Bulls para comenzar una nueva reconstrucción del equipo bajo la dirección del entrenador Tim Floyd, a quien públicamente había su falta de experiencia. Tampoco la disputa en los últimos días con la NBA para modificar el acuerdo que tenía firmado para los derechos de licencia de venta de productos parezca apoyar su declaración filosófica de vuelta "sólo por amor al deporte".
Los que conocen a Jordan aseguran que lo hace únicamente por el segundo argumento, demostrar una vez más a todo el mundo que es el mejor de todos, que puede superarlos en el campo de competición y puede transformar a los Wizards de un equipo perdedor en ganadores con aspiraciones a estar en la lucha por el título de liga. Dicho con el lenguaje y filosofía de Jordan, que vuelve porque quiere y porque siempre ha hecho lo que ha deseado dentro y fuera del campo, sin importar que algunas veces su imagen y comportamiento fuese cuestionado como en el caso de su gran afición por el mundo de las apuestas.
Durante los cinco meses de preparación para volver a la competición Jordan ha dejado muy claro que no ha perdido ninguna de las cualidades que lo colocaron en la cúspide del baloncesto profesional y su condición física, y que algún problema con la tendinitis en las rodillas no le va a impedir dominar a sus rivales en los 82 partidos que dura la temporada regular.
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