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Sadiel Rojas, el tipo más odiado de la Liga Endesa: "Los entrenadores incitan a sus jugadores contra mí"

De fuerte carácter y enorme compromiso en su equipo, Rojas busca lavar su maltrecha imagen: "nunca juego para hacer daño a nadie".

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Rojas, con máscara, durante un partido ante el Iberostar Tenerife | ACB Photo / Ángel Pérez

Sadiel Rojas (Wichita, 16 de julio de 1989), responde perfectamente a ese prototipo de jugador que, por su estilo de juego y carácter, resulta a partes iguales adorado por sus aficionados y detestado por buena parte de las gradas rivales, e incluso, como él mismo admite, por sus compañeros de profesión. Y casualmente, el tipo al que casi cualquier entrenador quisiera tener defendiendo sus intereses, sabedor de que no va a dejar ni un ápice de esfuerzo por entregar tras los 40 minutos. El alero reconoce que su español progresa adecuadamente ("lo entiendo ya casi todo"), pero se encuentra más cómodo en esta charla en inglés, donde profundiza en muchos temas sin tapujo alguno. En primer lugar, la delicada situación de su equipo que, lejos de lo logrado en el pasado ejercicio, se las está viendo y deseando para igualar esos registros esta temporada. Pese a todo ello, la afición del UCAM Murcia sigue teniendo en el jugador formado en la Universidad de Oklahoma Wesleyan a su mayor exponente en cancha, no tanto en lo técnico, pero sí en lo que se refiere a ese concepto que tanto gusta en la grada: el de sudar la camiseta. Con sus ideas claras sobre lo que quiere decir, Rojas no elude ninguna pregunta.

P: Nacido en Kansas, de origen dominicano, pero a veces usted parece un murciano más. La gente allí le adora.

R: Me encanta la vida aquí. La gente siempre es buena conmigo. Me apoyan, en los buenos y malos momentos, me animan por la calle. Me encanta este ambiente. Y el tiempo es estupendo, siempre hace sol. Es una gran ciudad, amo estar aquí. Y es en ambos sentidos, sí, sí, en ambos sentidos, les amo y noto que ellos me aman.

Es usted ese tipo de jugador siempre necesario dentro de un grupo, especialmente para acoger a los nuevos foráneos. De hecho, organizó la fiesta de Nochevieja en su casa para buena parte del equipo.

Estoy sólo aquí. Mi madre, mi padre, mi primo, todos ellos están en Estados Unidos. Siempre intento que estemos todos juntos. Y mi casa está siempre abierta. Me gusta organizar fiestas para el equipo, invitarles a la piscina, invitarles en Acción de gracias, todos me conocen, y saben que cuando Sadiel va a hacer una barbacoa, todos pueden venir. ¡Me encanta!

Su temporada del año pasado fue sencillamente inolvidable, ¿Cuál fue la clave?

Sí, fue increíble para todo el mundo, pero fue muy duro llegar hasta ahí. Fue complicado todo el año. Pero estuvimos juntos toda la temporada, y cuando ganamos esos cinco partidos seguidos al final para llegar a los playoffs contra el Real Madrid, fue una gran experiencia. Fuimos un gran bloque, y fue duro, pero caímos como un equipo, juntos. Tuvimos al Madrid contra las cuerdas, ¡Debimos ganarle el primer partido en Madrid!

Y sin embargo este año, las cosas no terminan de rodar, ¿Qué le sucede al UCAM Murcia? La afición no está contenta.

Es comprensible. Aman a su equipo, y están dolidos. Hemos perdido partidos difíciles de explicar. A mí me pasa también, me duele. Pero ellos siguen detrás, apoyando, detrás del entrenador también. Aunque ellos tienen sus opiniones y hay que respetarlo. Pero creo que en 2017 todo va a ir mejor.

El entorno hacia el entrenador no parece el más propicio. Ha habido partidos de pitada incluso tras ganar, como ante Movistar Estudiantes.

Como digo, hemos perdido partidos difíciles de explicar. No es culpa del entrenador, es de los jugadores. Ellos aman a su equipo, aman a sus jugadores. Por eso no nos culpan a los jugadores y culpan al entrenador. Vamos a luchar por seguir haciendo ruido y volver a los playoffs.

¿Está siendo jugar la Eurocup un problema para un club como el suyo?

No. No. Hemos perdido dos o tres partidos inexplicables que si hubiéramos ganado nos habrían dejado al límite de jugar la Copa del Rey y clasificados para el Top 16 de la Eurocup y nadie se estaría quejando. Y todo el mundo estaría feliz. Tenemos un gran equipo y jugar en Europa no nos está haciendo daño, nos está sirviendo para ganar confianza. Si sólo tuviéramos la ACB habría gente que diría "todo está fatal", pero la Eurocup nos permite evitar eso, así que está bien.

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Sadiel Rojas, aclamado por la afición del UCAM Murcia. | ACB Photo / Javier Bernal.

Efectivamente, las aguas bajan revueltas por el Segura, con Óscar Quintana en el punto de mira de los aficionados, una importante plaga de lesiones, y la reciente marcha de Vitor Faverani al Barcelona como nuevo varapalo. Una temporada complicada, llena de curvas, como la que adquiere la entrevista en este momento, y que Sadiel Rojas no duda en afrontar a máxima velocidad. Tan intenso en las respuestas como en su estilo de juego, el reciente internacional dominicano busca limpiar una imagen probablemente estereotipada sobre su desempeño en la cancha.

Hablemos de usted. Es el tipo de jugador amado por su grada pero odiado por las otras, e incluso por algunos jugadores, ¿Cómo se siente por ello?

Todos los equipos de la ACB me odian, y creo que los entrenadores hacen a sus jugadores odiarme. Creo que el resto de entrenadores, antes de los partidos, no sé si es cierto o no, pero incitan a sus jugadores a odiar a este tío. Y eso hace que algunos jugadores, que incluso ni me conocen, llegan al partido ya odiándome, y pensando, "este tío es el más sucio del mundo". Y salen golpeándome, como si les hubiera dado un codazo ya antes… ¡Si yo nunca he jugado contra este tío antes! Lo hacen porque les han dicho que me maten o yo les mataré (gesto de resignación). Pero no me preocupa, Ojalá los árbitros tuvieran un poquito más de respeto por mí. No me preocupa ser un jugador odiado por los otros equipos. Llevo mucho tiempo jugando, me gustaría tener más respeto del que tengo de los árbitros de la Liga Endesa, pero estoy trabajando para ello y deseo que ocurra en los próximos años, o meses. No me importa cómo me consideren, sólo trabajo para conseguir ese respeto de los árbitros para que me favorezcan también a veces.

¿Cree que le tienen fichado?

En cada partido, por lo menos cinco o seis jugadores van a hablar con los árbitros sobre mí. No sólo ante el Madrid o el Barça, en cada partido. Van y dicen "mira este tío lo que hace", van a quejarse. Pero como le digo, no me preocupa, quiero seguir trabajando, ganarme el respeto de los árbitros, algún día van a respetar cómo juego, mi estilo agresivo, pero no sucio. No juego para lesionar a nadie. Me han dado muchos golpes en la cabeza, golpes duros, pero no me levanto y voy a gritarle al árbitro, "mira cómo juega este tío, ¡Es sucio!". Ni siquiera si recibo una falta flagrante en la cabeza digo que ese jugador es sucio, o si me dan un codazo flagrante en la cara. Sólo sigo jugando. Es una parte del juego. El árbitro pita lo que pita. Si alguien ha dado un codazo en la cara, es expulsado. El arbitraje es parte del juego. No hay problema. Sólo quiero ganarme el respeto como un buen jugador y estoy trabajando para ello.

Dentro de ese estilo que tiene usted, ¿Es de los que usan el trash-talking (lenguaje provocador empleado en ocasiones entre jugadores)?

No lo uso, para nada. Lo que más hago es cuando los árbitros se acercan a mí, diciéndome que me calme, que no juegue duro o que haga esto o lo otro. Lo que es hago es hablar con ellos, porque siempre me explican lo que no puedo hacer. No, no hago trash-talking.

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Un momento de la entrevista

En su tercera campaña en España, todas en Murcia, Rojas ya es conocido por su juego intenso, que le hace ser un buen reboteador y uno de los mejores defensores de la competición. Aceptable tirador de tres puntos, el de Wichita se las ha tenido tiesas con algunos pesos pesados de la competición, como Gustavo Ayón, Rudy Fernández, o Romain Sato. Probablemente el no haber tenido las cosas nada fáciles ha forjado ese carácter indomable, de un tipo que se parte la cara por su equipo y que siempre, o casi siempre, está disponible al siguiente entrenamiento. Pero que las ha visto de todos los colores a lo largo de su carrera. Y de su vida. Algún relato, de hecho, resulta escalofriante.

Hábleme de aquella grave lesión de espalda que sufrió en febrero de 2012.

Sí, me rompí la espalda. Estaba en mi primer año en la D-League (Liga de desarrollo de la NBA), iba a hacer un mate y caí mal. Tuve una lesión en la LI, LII y en la LIII. Estuve muy fastidiado, muy decepcionado, no pude caminar durante un tiempo. No pude atarme los cordones de las zapatillas durante cuatro meses. No podía ponerme los calcetines. La primera semana sólo dormía, apenas pude ir al baño una vez. Estuve todo el tiempo en la cama, sin hacer nada, toda la semana. Fue muy doloroso. Siempre he sido un tío que ha tenido lesiones, pero siempre he vuelto. Me lesiono y no pasa nada, vuelvo al día siguiente. Me rompo la nariz y sigo jugando. Me rompo el dedo, y no hay problema. Pero cuando me rompí la espalda apenas podía moverme. Pasé miedo. Antes de empezar la siguiente temporada, los fisioterapeutas estuvieron siempre conmigo, empecé a trabajar con ellos, me premiaban cuando conseguía pequeñas metas, como caminar, trotar, saltar de nuevo, volver a hacer de todo… Y los entrenadores me conocían, sabían que cuando volviera lo iba a hacer sin miedo. Así que fui a tope, y volví a hacer de todo. No podía tener miedo, porque eso contendría mi juego. Mi juego es duro, si juego es al 100%, no hay medias tintas. En los partidos, estoy listo para ir fuerte a por cualquier balón en cualquier momento.

Imagino que en esas primeras semanas, temió por su carrera, ¿Es así?

Sí, en ese momento estaba atemorizado. Porque era la primera que estaba lesionado y no podía volver pronto. No podía darme la vuelta o girarme en la cama, no podía plantearme intentar jugar. Era la primera vez que experimentaba algo así. Fue duro no poder hacer nada por mí mismo en ese momento. Por el dolor, físicamente era imposible siquiera girarme.

Peor aún pudo ser otro suceso en su época universitaria, ¿Qué ocurrió en aquel coche?

Fue un mal momento, también. Era 11 de septiembre, yo soy de Wichita y fui a la Universidad de Oklahoma Wesleyan, en Bartlesville (nota: a 218 kilómetros de Wichita). Organizamos un viaje a Wichita para visitar a la familia y unos colegas, y jugar al basket allí, con varios compañeros de equipo, grandes amigos además. Éramos una piña. Así que fuimos a Wichita y pasamos la tarde con amigos y familia. Y al día siguiente, nos despertamos, fuimos a desayunar y luego a jugar al baloncesto. Iniciamos el viaje de vuelta sobre las 2 o las 3 pm.

Todos estábamos algo cansados. Todos algo cansados. Y yo estaba como, eh, vamos a descansar un poco y volvemos. "No, volvamos". Y volvimos. Y, probablemente, tras 45 minutos, todos estaban dormidos. Y yo estaba como "tío, baja la música’". Así que estoy al volante con todos en el coche. Todos dormidos y yo estoy un poco de bajón. Y supongo que en un momento me quedo frito. Me quedo frito. Es…No es más que una carretera de dos carriles, sin cunetas. Así que me quedé frito, nos salimos del carril hacia la izquierda. Y entonces, me despierto y nos vamos por la hierba. Era un prado. Así que estamos bien. El coche avanza, pero dando botes. Muy incómodo. Aún estaba funcionando la velocidad de crucero. Íbamos a 105 ó 110 km/hora por el autocontrol. Conseguí bajar la velocidad. Cuando desperté íbamos por la hierba, los colegas decían "despierta, despierta", y traté de enderezar para volver a la carretera, pero iba adormilado y no pude enderezar el camino del todo, y de pronto escuchamos ese ruido, ¡¡Boom!! Entonces se hizo un completo silencio. Sólo el coche destrozarse, "¡Boom, boom, boom!". Íbamos siete en el coche, viviendo un milagro. Era un coche muy seguro, gracias a Dios. Dimos siete vueltas de campana, uno de los chicos salió volando por la ventanilla trasera porque no había cinturones atrás. El coche acabó boca abajo, así que cuando todo acabó yo estaba boca abajo agarrado por el cinturón. Entonces en pleno silencio, vi sangre. No quería mirar hacia atrás, porque los chicos podían haber muerto.

Mi acompañante estaba aterrado, vi que se quitó el cinturón e intentó ir a ayudar. De pronto escucho que mi primo me llama, "¡¡Pequeño, pequeño!! ¿Dónde está mi primo?" Porque no podía verme desde su sitio. Yo mientras no podía parar de pensar que todo el mundo podía haber muerto. Y sin embargo nadie salió herido, ni con golpes serios en la cara. Aquello me impresionó, fue un milagro. Llamé a mi madre, que me preguntó si estábamos todos bien, a mi entrenador, que vino lo antes posible. No quisimos que se llamara a una ambulancia siquiera. Fue un milagro, estábamos todos bien.

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Rojas, con el balón, pelea un rebote ante Valencia Basket. | ACB Photo / Javier Bernal.

Un relato que corta la respiración, y en que Rojas, a medio camino entre el arrepentimiento y el agradecimiento eterno, se vuelca. De un tipo tan implicado en la cancha, no se puede esperar menos que lo sea fuera de ella. Su ONG iRebound Foundation, creada en su época universitaria, es buena muestra. Con ella trata de ayudar a niños desfavorecidos, como con otro proyecto similar que lleva a cabo en Murcia, los Guerreros de Rojas. En lo deportivo, su siguiente paso lo dio el verano pasado, cuando se hizo internacional con República Dominicana, aprovechando sus orígenes familiares. Un equipo nacional del que por talento individual se espera mucho, pero del que hay más dudas de su funcionamiento colectivo.

¿Qué puede aportar usted a Dominicana?

Tenemos muchos anotadores, mucha gente capaz de meter puntos, tipos muy ofensivos, pero no tenemos tanta gente que juegue bien en defensa, ni jugadores de equipo. Yo soy un poco una mezcla. Puedo anotar varios tiros seguidos y no es problema. Puedo pasar el balón o ayudar al equipo en defensa y rebote. Necesitamos un par de grandes piezas que tenemos y de momento no han venido juntas al equipo. Tenemos buenas mimbres, pero con esas piezas en el equipo, si tenemos la necesaria intensidad y unión, aspiraremos a estar en Tokio en 2020. Están contentos conmigo en el equipo, porque nunca me quejo porque tiren, siempre les animo a hacerlo: "tira, tira, yo voy a por el rebote", les digo.

¿Por dónde pasa el salto al siguiente nivel para la selección?

Necesitamos que vengan esas dos piezas. Tener a Al Horford y Karl Anthony Towns en el equipo. Towns es un jugador top en la NBA, Horford es elite también. Hay que mezclarles con los jugadores que viven en Dominicana, que juegan en las ligas del país, que están anotando 40 puntos por partido, que muestran su pasión y demuestran su orgullo (Se golpea el pecho). "Ey, yo también soy bueno, no soy un NBA pero represento al país, estoy jugando aquí y no puedes venir a quitarme todos los tiros y los minutos". Ellos quieren demostrar que valen, es un tema de orgullo. Pero si todos vamos en la misma línea, haremos grandes cosas para Tokio.

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Rojas (4), en una concentración con su selección. ACB Photo / UCAM Murcia

En la recta final, la conversación vira hacia Estados Unidos. En Europa preocupa el incremento de salarios de la NBA y su liga de desarrollo, y Rojas no duda en afirmar que los temores son fundados, antes de terminar mojándose incluso en el tema de moda en el país de las barras y estrellas: Donald Trump.

Parece asentado en la Liga Endesa, y feliz, pero, ¿El sueño de la NBA sigue ahí?

Sí, sí, claro. Pero mi sueño, incluso cuando jugaba en la universidad, o en el instituto, era jugar en la NBA, o en la ACB. Conocía la liga española, y mi sueño era la NBA o jugar en España. La NBA claro que sigue siendo un sueño, me gustaría ir. Quizá podría tener la oportunidad de colarme en la liga y echar una mano a una franquicia y ganar un buen dinero. Pero si no, estaré muy contento con mi carrera aquí, en Europa, seguir disfrutando la vida, de esta etapa. Esto es lo más importante, disfrutar lo que tienes y lo que puedes conseguir.

Hablando de jugadores llegados de la D-League como usted, ¿Cree que el nuevo convenio colectivo y la subida salarial va afectar al nivel de jugadores que vendrán a Europa?

Sí, será así. He escuchado sobre dos tipos de salarios. Actualmente hay 2-3 jugadores por franquicia que cobran unos 100.000 $, que son los que completan los rosters de las franquicias NBA en los training camps. El resto cobran unos 25.000$. Pero si ellos pasan a pagar a todo el mundo 60 o 70.000 $, sí, lo vais a sufrir, seguro. Estos jugadores americanos no vendrán, te lo puedo prometer. Para la ACB, donde los salarios hoy no son lo que eran, va a ser un problema seguro.

¿Qué opinión le merecen los problemas raciales en Estados Unidos, y cómo puede afectar la victoria de Donald Trump a la situación?

Trump ganó por el voto cristiano, los cristianos necesitaban sentirse más cuidados y por eso le votaron muchos de ellos. No me va a engañar, es humano y los humanos cometemos errores como también los cometió Hillary Clinton. Pero el racismo no es cosa de Trump, todo esto ha pasado con Obama de presidente, es algo que lleva tiempo en las calles. Pero no es un tema de racismo, los cristianos queremos que todo el mundo quiera a todo el mundo. Quizá le votaron muchos racistas, pero desde luego no es presidente porque le votaran muchos racistas, la gente cristiana hizo escuchar su voz.

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