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Jure Zdovc, primera víctima deportiva de la desintegración yugoslava

En 1991, como miembro de la selección Yugoslava, fue obligado a abandonar el Eurobasket, tras la independencia eslovena.

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Jure Zdovc, primera víctima deportiva de la desintegración yugoslava
Jure Zdovc, durante su etapa como seleccionador esloveno. | Cordon Press

El triunfo de Eslovenia en el reciente Eurobasket supone ya una de las grandes sorpresas de la historia del deporte moderno, comparada incluso por algunos a la gesta del Leicester en la Premier League 2015/16. La selección de Igor Kokoskov, liderada por Luka Doncic y Goran Dragic, no ocupaba precisamente uno de los primeros puestos en las apuestas antes de iniciarse el torneo. Y sin embargo ha sido capaz, con un baloncesto eficaz, rápido y enormemente versátil, de pasar por encima de todos y cada uno de sus oponentes, incluidos los dos grandes favoritos: España, que cayó en semifinales, y Serbia, derrotada en la final.

Para que un país como Eslovenia, con apenas dos millones de habitantes, sea capaz de alzarse con semejante trofeo, deben existir, seguramente, varios condicionantes. El primero puede ser la importante cantidad de bajas del resto de selecciones favoritas. Pero sin duda, uno de los más importantes, es que en el país ex yugoslavo, el baloncesto es una auténtica religión. Como muestra, el hecho de que hasta 9 oriundos del menudo país centroeuropeo hayan jugado en algún momento en la NBA, y que entre ellos no estén algunas de sus estrellas más reconocidas, como los ex barcelonistas Jaka Lakovic o Erazem Lorbek, o dos leyendas del baloncesto balcánico: Ivo Daneu, 209 veces internacional yugoslavo en la década de los 50, 60 y primeros de los 70, y Jure Zdovc. Precisamente este último es, seguramente, la figura clave del baloncesto moderno en su país. En lo deportivo, y en lo simbólico.

Nacido el 13 de diciembre de 1966 en Maribor, Zdovc, base director y gran defensor, se convirtió pronto en el referente del baloncesto esloveno durante los últimos años de la antigua Yugoslavia. Fue miembro del equipo `plavi´ (azul) en la plata olímpica de Seúl, o en el inolvidable Eurobasket de Zagreb de 1989, donde la superioridad de Yugoslavia fue incontestable, con Drazen Petrovic como MVP, prolongando su exhibición al Mundial de Argentina en 1990, cuando los balcánicos de alzaron con la medalla de oro… Por más que en ese momento algo empezara a romperse en el corazón de aquel equipo. Entre importantes tensiones en el seno de un país a punto de romperse diez años después de la muerte del Mariscal Josip Broz, `Tito´, Vlade Divac evitó que un aficionado croata saltara a la cancha durante la celebración del título mundial con la bandera ajedrezada, hecho que enojó de forma considerable a Drazen Petrovic, tal y como se relata en el excelente documental de ESPN `Once Brothers´, Hermanos y Enemigos en su versión española. Allí, en el Luna Park de Buenos Aires, a escasos metros del incidente de una bandera, estaba Jure Zdovc. Exultante, incapaz de saber que realmente sería él el primer gran damnificado a nivel deportivo de la ruptura yugoslava.

Viajamos hasta el Eurobasket de 1991, en Roma. Yugoslavia, pese a la fractura social más que evidente en el país, sigue siendo un equipo inolvidable. España (76-67), Polonia (103-61), y Bulgaria (68-89), no pueden hacer nada ante la casi inexpugnable plantilla dirigida por Dusan Ivkovic. La ausencia de Drazen Petrovic o el enorme pívot Stojko Vrankovic no fue óbice para que los `plavi´ dominasen con puño de hierro. Baste nombrar sólo a algunos miembros de aquel equipo para entender su potencial: Vlade Divac, Toni Kukoc, Predrag Danilovic, Dino Radja, Zarko Paspalj, Arijan Komazec, Velimir Perasovic, o Aleksander Djordjevic. Y Jure Zdovc, pieza importante para Ivkovic, titular de hecho en el partido inicial ante España, por más que desde su tierra llegaran noticias seguramente preocupantes para él. Eslovenia se había proclamado independiente de Yugoslavia el 25 de junio de 1991, coincidiendo con la segunda jornada del torneo y el partido frente a Polonia de los balcánicos. 24 horas más tarde, varias unidades del Ejército Popular Yugoslavo se dirigieron a la frontera de Eslovenia con Italia, provocando una reacción inmediata del pueblo esloveno, como acto de desaprobación. Fue el inicio de la llamada `Guerra de los diez días´, breve en el tiempo debido a la ausencia de intereses de los nacionalistas serbios en el territorio esloveno, a diferencia de lo ocurrido posteriormente en Croacia y Bosnia y Herzegovina.

Pero quizá no fue hasta tres días más tarde cuando Jure Zdovc fue realmente consciente de cómo lo que estaba ocurriendo relativamente cerca de Roma, le podía afectar. Ese día 28 de junio, Yugoslavia debía enfrentarse en el Palaeur a Francia en la semifinal, y el hasta entonces jugador del Olimpija Ljubljana se entrenó por la mañana con sus compañeros. Fue a mediodía cuando recibió la llamada del Ministro de Deportes Esloveno, solicitándole no volver a vestir la camiseta azul de la Yugoslavia unida, bajo amenaza de convertirse en traidor a la causa eslovena. Atemorizado, el base se quedó en el hotel y no asistió al triunfo ante Francia (76-97). Tampoco, al día siguiente, a la victoria en la final ante la anfitriona Italia (73-88), que confirmaba el rotundo dominio yugoslavo en la cancha mientras el país se desmoronaba políticamente. Evidentemente, Zdovc tampoco pudo recoger la medalla de oro a la que se había hecho acreedor, como miembro del equipo campeón.

Posteriormente, el jugador siguió su carrera de forma exitosa, siendo parte activa de otra gesta todavía hoy recordada con honores: el triunfo del Limoges de Bozidar Maljkovic en la Copa de Europa de 1993. Tras retirarse, ha tenido una prolífica carrera en los banquillos, que se prolonga todavía, incluyendo, casi como no podía ser de otra forma, el cargo de seleccionador esloveno, que ostentó durante seis años, en dos etapas distintas.

Sin embargo, Zdovc finalmente se colgó la medalla de 1991. Fue el jueves 30 julio de 2005, en un acto celebrado a tal efecto en Ljubljana, que acogió un partido homenaje tributado al jugador esloveno disputado por jugadores de las diversas repúblicas de la antigua Yugoslavia y algunos extranjeros, en el que el esloveno jugó un tiempo con cada equipo. Fue precisamente Dusan Ivkovic, su entrenador en el Eurobasket de Roma, quien entregaría la medalla al base, rindiendo justo homenaje a la que se puede considerar la primera víctima deportiva de la ruptura del país balcánico. Y un nombre que, a buen seguro, ha sido el gran referente sentimental de la sorprendente campeona de Europa en Estambul. El gran símbolo del baloncesto esloveno, mientras Luka Doncic no diga lo contrario.

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