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Svetislav Pesic y el arte de cambiar las cosas en el Fútbol Club Barcelona

Dos nombres balcánicos fueron los grandes protagonistas de la segunda jornada de la Copa del Rey: Svetislav Pesic y Marko Popovic

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Svetislav Pesic y el arte de cambiar las cosas en el Fútbol Club Barcelona
Svetislav Pesic, durante el partido ante el Baskonia | ACB Photo

Nacho Rodríguez, máximo responsable deportivo del Barcelona de baloncesto, se abrazaba efusivamente con Albert Soler, Director de secciones profesionales del club catalán, en la misma puerta del vestuario culé en el Gran Canaria Arena apenas unos instantes después de la sufrida victoria azulgrana (94-90) ante el Baskonia. La cara de ambos mostraba la inequívoca felicidad y liberación tras un partido que enseñó durante más de media hora acaso la mejor versión del Barça en lo que va de curso, antes de que, como por arte de magia y sin otra explicación que las dudas acumuladas por la irregular temporada que pesan demasiado en la mochila, el equipo decidiera inmolarse y entregarle la victoria a un Baskonia excesivamente inseguro como para aprovechar tamaño presente. Del vestidor azulgrana emanaba alguna voz de rabia, mientras terminaban de entrar los jugadores y el equipo técnico. En la puerta, puños cerrados, palmadas, abrazos y sonrisas, hasta que emergió por el pasillo la longeva figura de Svetislav Pesic.

Consciente de haberle cambiado la cara a su nuevo equipo en una semana, pero igualmente del amago de suicidio de los suyos en la recta final, el serbio evitaba cualquier sonrisa, incluso rehusó chocar alguna mano tendida en su camino. Mientras alcanzaba la puerta, sólo dos palabras salieron de su boca, repetidas hasta en tres ocasiones: "Next game, next game, next game!" (siguiente partido), expresó en ese particular inglés suyo, con acento a mitad de camino del serbio y el alemán, mientras cruzaba el quicio que le reencontraba con sus jugadores. Al contrario que a Rodríguez o Soler, la victoria no había liberado a Pesic, cuya carga no es más que el positivo recuerdo de la primera Euroliga conquistada por el Barça, allá por 2003. Quizá por eso su gesto evitaba completamente aparentar relajación o sonrisa. El afamado técnico de Novi Sad sólo tenía en mente ya la semifinal que medirá este sábado a los suyos con el anfitrión Herbalife Gran Canaria. Su actitud era la de aquel que, apenas un minuto después de abandonar la cancha, ya está jugando el siguiente partido, poniéndole las pilas a todos los que le rodean, no sólo a sus jugadores, sino igualmente a los directivos.

Porque Pesic sabe que tiene mucho camino por delante, por más que su Barça empiece a ser reconocible. Como avisó en su presentación –"no puedes ganar títulos jugando con 12 jugadores", aseveró- acortó la rotación a apenas nueve efectivos, denostando al ostracismo a Pressey, Koponen y Vezenkov. Ante el único amago de escapada vitoriana (4-10) no le costó gastar un tiempo muerto en apenas dos minutos, para escarmentar a sus discípulos. Entregó la manija del equipo a Heurtel, tan talentoso como a veces sospechoso, y a través del control del rebote (15 capturas más que Baskonia) y el manejo del bloqueo directo central con un Pierre Oriola descomunal, hizo jugar al Barcelona a una velocidad que no se le recuerda desde los albores de la etapa Pascual, también con Oriola y su colección de mates como estilete habitual. Los primeros 33 minutos azulgranas, muy especialmente la primera mitad, rebosaron buen juego, visibilidad y dinamismo, alcanzando el descanso con 52 puntos.

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Pierre Oriola machaca el aro del Baskonia. | ACB Photo

Con todo, no era imprevisible que llegara un momento de duda, aunque quizá no tan salvaje como el ocurrido a partir de un cómodo 77-67 para los de Pesic, que parecieron pasar de la fiabilidad a la esquizofrenia sin que nada les obligara a ello, volviendo a rozar esa línea de imprevisibilidad tan peligrosa para un equipo aspirante a ganar cosas. Ahí Heurtel mostró la versión Mister Hyde y enlazó varias pérdidas de balón poco explicables que contagiaron al equipo. Las malas decisiones y el desacierto en varios tiros consecutivos se acumularon, y el empeño de Shengelia y Beaubois en evitar la caída alavesa, devolvieron la vida al juego cuando pocos contaban ya con ello (82-82). El Barça entró en estado de nervios, con la corbata apretando en el cuello de Soler y Rodríguez como nunca en toda la tarde. Y sin embargo, Baskonia no lo aprovechó, mermadísimo en la posición de base. Ante el pésimo momento de forma de dos pesos pesados como Marcelinho Huertas y Jayson Granger, Pedro Martínez se la jugó con el joven argentino Lucas Vildoza dirigiendo al equipo en los últimos minutos. Y al de Mar del Plata el envite le vino gigantesco, mucho más cuando los vitorianos le echaron el aliento en el cogote al rival. Con el Barça listo para el descabello, Baskonia se unió al disparate, y tanto Vildoza como Voigtmann salieron malparados del minuto decisivo.

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Jayson Granger protege el balón ante Víctor Claver. | ACB Photo

Al final del partido, la cúpula alavesa dejaba entrever el enorme cabreo y preocupación que a día de hoy existe en el club de la carretera de Zurbano con su afamada pareja de bases titular. Un handicap que deberá subsanar el club o los jugadores cuanto antes de algún modo si Baskonia quiere tener algún recorrido esta temporada, pues con ese nivel en el puesto de `1´ le resultará imposible a los alaveses aspirar a nada.

Hoy mismo tendrá el Barça una nueva prueba de fuego importante, ante el `Granca´ buscando un puesto en la final. Los amarillos ganaron con solvencia al honrosísimo Montakit Fuenlabrada, mermado por las bajas claves de Marko Popovic y Blagota Sekulic, pero que salió a toda pastilla (14-24) buscando una sorpresa demasiado poco probable. El anfitrión lució músculo y fondo de armario, y Luis Casimiro alargó el partido hasta límites en los que sabía que el `Fuenla´ no podría seguirle, permitiéndose dar sus primeros minutos en el partido a Eulis Báez o Marcus Eriksson mediado el segundo cuarto, cuando el entrenador rival, `Ché´ García, ya exprimía en exceso su limitada rotación. El paso de los minutos y la superioridad del checo Ondrej Balvin en la zona no hicieron sino confirmar el claro pronóstico local con un triunfo vistoso para la grada (107-92) de un equipo que quiere volver a una final que ya disputó en 2016 en La Coruña, y en el que los fichajes del argentino Brussino y el serbio Radicevic a mitad de temporada son un lujo enorme para un club de su nivel.

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Marko Popovic celebra una canasta de su equipo desde el banquillo. | ACB Photo

Para el Montakit, la baja de Popovic, su capitán general, fue demasiado lastre. Se había anunciado la caída del montenegrino Sekulic en la previa, y en la matinal del viernes corrió por Gran Canaria como la pólvora el rumor de la lesión del croata en el sóleo, confirmada a mediodía por él mismo. Tras el partido, el de Zadar se mostraba apesadumbrado por el momento de la dolencia. Jugar la Copa para él era un hecho relevante, como lo es poder ayudar a su selección el próximo fin de semana en su ciudad, en partidos clave tras comenzar la clasificación para el Mundial con dos derrotas ante Italia y Holanda, en la que se vislumbra como su última participación con la ajedrezada, ahora en seria duda. "Esto sólo me puede pasar a mí, era la peor semana para lesionarme, con la Copa y la despedida de la selección en mi casa", mascullaba. El croata fue, para su desgracia, uno de los nombres propios de una jornada en la que un ex compatriota suyo, el serbio Pesic, empezó a demostrar los argumentos con los que el Barça oposita a soñar en esta Copa del Rey. De momento, ya ha conseguido que su equipo le crea, que no es poco.

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