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Sergio Llull, dispuesto a conseguir la cuadratura del círculo en la Final 4 de la Euroliga en Belgrado

Tras su impactante regreso a las canchas, el balear charla con LD sobre su momento de forma y sus aspiraciones en la Final 4.

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Sergio Llull celebra un triple en el partido ante Panathinaikos en el que regresó de su lesión | EFE

Que la Final 4 de la Euroliga es el evento más relevante del año en el baloncesto europeo es algo que a estas alturas tiene poca discusión. Es así por la forma en que corona a sus vencedores, al igual que por cómo puede destrozar la temporada de los que salen con media estocada de ese fin semana, como bien sabe, por ejemplo, el Real Madrid tras sus malas experiencias en Londres 2014 y Estambul 2017, cuando terminó desintegrándose en la recta final del curso y cediendo incluso una Liga Endesa en la que parecía muy superior al resto en el mes de mayo. Sin duda, las 72 horas más intensas del baloncesto del Viejo Continente son capaces de relanzar carreras, como la de Tyrese Rice tras llevar en volandas al título al Maccabi en 2014, o de hacer que algunas sean seguramente infravaloradas, como la del alero lituano Ramunas Siskauskas, al que pese a su sólido palmarés y rendimiento, con dos títulos en 2007 y 2008, siempre perseguirán sus fallos determinantes en 2009 y 2012 que costaron dos entorchados al CSKA. Y es ahí, en ese escenario tan sumamente exigente, donde Sergio Llull quiere poco menos que cuadrar un círculo. Si el base menorquín del Real Madrid logra ser un factor determinante en el camino de su equipo hacia una nueva Euroliga de los blancos en Belgrado, cuando apenas se hayan cumplido 25 días de su regreso tras más de 8 meses de baja, habrá dado solución a un problema que, si no es tan complejo como calcular con una regla y un compás un cuadrado cuya área sea igual que la de un círculo, sí que desde luego habrá visto pocos precedentes en la historia.

Porque deportistas que hayan vuelto a gran nivel de una lesión de ligamento cruzado han existido, desde luego. Pero se podrían quizá contar con los dedos de una mano los que lo han hecho al nivel físico y de confianza al que lo ha hecho Llull. Quizá ese sea el motivo por el que la vuelta a las canchas se prolongó hasta 8 meses y medio, seguramente por encima de los 6-7 meses que hoy se estilan para una lesión de esa índole, pero es innegable que el Llull que ha regresado a la rotación blanca es perfectamente capaz de aportar al nivel que exige un aspirante a ganar la Euroliga, hecho sobre el que se podían tener dudas hace unas semanas, que ahora han quedado despejadas. Desde su vuelta, el base ha jugado ya siete partidos, cinco en ACB y dos en Euroliga, en los que promedia casi 18 minutos en juego y 10.8 puntos, con picos de 21 minutos ante el Real Betis el 9 de mayo y 18 tantos ante el Delteco GBC apenas tres días antes. Más allá de eso, sus cifras ante rivales de primer nivel tampoco atisban titubeo: frente a Baskonia en Liga Endesa anotó 14 puntos en 13 minutos, y su irrupción en los cuartos de final de la Euroliga ante el Panathinaikos ayudó a desequilibrar la balanza para los blancos, con 19 y 18 minutos respectivamente en el tercer y cuarto partido de la serie aportando 8 y 11 puntos de los que varios de ellos resultaron determinantes en los triunfos blancos.

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Llull protege el balón ante Vitor Benite, en el último partido del Real Madrid antes de la Final 4, ante el UCAM Murcia / ACB Photo - J. Bernal

También cabe destacar sus 6 asistencias en el duelo ante el Betis, aumentadas hasta 7 en el partido decisivo ante el equipo heleno de Xavi Pascual. Son cifras, desde luego, bastante impactantes para quien desde el mes de agosto no había podido competir hasta bien entrado abril. Por ello, el jugador se mostraba optimista el pasado sábado, cuando atendió en exclusiva a Libertad Digital tras la victoria de los Pablo Laso ante el UCAM Murcia: "estoy bien, anímicamente bien, contento de estar de vuelta y ayudar al equipo en lo que puedo". Cuestionado por su estado físico respecto a las expectativas que tenía en el momento de su vuelta, recalcó que "realmente no había expectativas. Había que ir un poco sobre la marcha y es lo que he intentado hacer. Nunca había estado tanto tiempo parado. La sensación es positiva porque estoy jugando y seguro que va a ir a mejor con el paso del tiempo".

Un tiempo, que, evidentemente, no sobra cuando se echa encima el momento cumbre de la temporada, el que determina la preparación y el máximo pico de forma de los equipos aspirantes. Ante el reto que se avecina, Pablo Laso, también en declaraciones a Libertad Digital, ratifica su conocida fe en Llull: "yo le veo bien, seguramente no para jugar 40 minutos, porque es alguien que juega con mucho corazón y apenas lleva un mes con el equipo. La inactividad se nota, hablamos de un jugador que ha estado 8 meses parado, y él mismo es consciente de que le queda mucho por mejorar, pero ya ha demostrado en estos días que nos aporta mucho y estamos encantados de que nos pueda ayudar", señaló.

Pero junto al optimismo, y la firmeza en el trabajo hecho, a veces aparece una realidad que puede ser tozuda. Tras el duelo en Murcia, en el que Llull, quizá con parte de la mente puesta en Belgrado, se fue hasta un 1/6 en triples, sin mostrar sus clásicas y potentes penetraciones al aro, Laso desvelaba a LD que el menorquín no tuvo las mejores sensaciones: "Me decía que al principio se había notado un poco frío. Y eso que normalmente nadie ve a Sergio Llull frío en el campo, pero él mismo lo ha dicho. Estaba cabreado por estar tirando solo y no meter, pero esto es baloncesto", admitía el entrenador vitoriano, cuya gestión de los minutos del internacional español está siendo casi milimétrica, como muestra el hecho de que Llull no disputará los minutos finales del partido en Murcia, resuelto en el último segundo del mismo. A la conclusión, Laso no dudó en admitir la estrategia: "pensábamos que jugara 15 minutos, en varias tandas seguidas de tiempo, para que pudiera descansar. Queríamos que jugara tres o cuatro tandas, sabiendo que jugaría entre 10 y 20 minutos, dependiendo un poco del partido. Si ha jugado 17, se nos ha ido un par de minutos (risas). Y sabiendo que él siempre nos aporta cosas en el juego y sí es verdad que ha llegado un momento en el último cuarto en el que no ha jugado. Teníamos claro que no queríamos pasarnos de minutos".

Con todo, y pese a ese tiempo limitado en pista, parece evidente que buena parte de las opciones merengues en Belgrado pasan por su línea exterior, más si cabe en el duelo ante el CSKA de camino a la final, con protagonistas copando los focos como Sergio Rodríguez, y Nando De Colo en los rusos, y Luka Doncic y el propio Llull en el bando español. Dos parejas de enormes kilates, por más que el menorquín tire de libreto y señale que "dos jugadores solos no ganan partidos. Lógicamente, será muy importante parar a esos dos grandes jugadores, pero vamos a tener que hacer un trabajo muy serio colectivamente en defensa y rebote para tener opciones". Y más allá de por todo lo que hay en juego, será especial, pues `los Sergios´, Llull y Rodríguez, se enfrentarán casi por primera vez en su carrera como jugadores consagrados (la única vez que lo hicieron fue en 2006, con el madridista jugando en Manresa y el `Chacho´, en el Estudiantes), hecho que el balear reconoce que "seguro que será divertido". En todo caso, y pese a que ambos se conocen "muy bien", preguntado por si necesitarán scouting para afrontar al base tinerfeño, Llull señaló que esa es una herramienta que "hace falta contra todos, porque por mucho que hagas, estos grandes jugadores encuentran la manera de meterte canastas, así que será un trabajo colectivo".

De lo que no cabe duda es de que la Final 4, que arranca el viernes a las 18h con el Zalgiris-Fenerbahce en el Kombank Arena de la capital serbia, estará repleta de alicientes para ser degustados por el aficionado. A las 21h comenzarán su batalla Real Madrid y CSKA, en la que los rusos, primeros destacados en la liga regular, parten como teóricos favoritos, pero sus malas experiencias en los últimos años les harán evitar caer en cualquier tipo de confianza ante un rival en el que Sergio Llull parece dispuesto a cuadrar ese círculo tan complejo que supone ser crucial en el altísimo nivel apenas vuelto a la actividad. Cuestionado por el papel de víctima de los madrileños, el de Mahón avisa: "No lo sé. No creo en los favoritismos en un evento como este. Están los cuatro mejores equipos de la Euroliga, y los cuatro tienen las mismas opciones de ganar". Es la velada amenaza de un jugador de fantasía que quiere completar uno de los mejores retornos que se recuerdan a la actividad baloncestística. Y tratándose de Sergio Llull, bien haría Dimitrios Itoudis, entrenador del CSKA, en pensar que eso puede ocurrir y prepararse para evitarlo.

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