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Entrevista LD con Brad Oleson: "A veces me sentía la kriptonita de Jaycee Carroll"

El escolta estadounidense conversa con LD acerca de una exitosa carrera forjada en Alaska y que le llevó a la elite del baloncesto europeo.

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El escolta estadounidense conversa con LD acerca de una exitosa carrera forjada en Alaska y que le llevó a la elite del baloncesto europeo.
Oleson posa para LD en el Palacio de los Deportes de Murcia | UCAM Murcia / Raúl Pelegrín

La de Brad Oleson (Fairbanks, Estados Unidos, 11 de abril de 1983) es la historia de uno de esos jugadores hechos a sí mismos, forjados en caminos que no indicaban lo logrado a lo largo de una carrera mucho más brillante de lo previsible por su origen. Y es que nacer en Alaska supone sin duda un serio handicap si uno pretende ser jugador profesional. A punto de concluir su primer año en el UCAM Murcia, donde aún pelea por jugar el playoff de la Liga Endesa, el escolta atiende a Libertad Digital y echa la vista atrás para analizar una trayectoria en la que llegó por la puerta de atrás a la elite para evolucionar desde un anotador compulsivo a uno de los mejores defensores de perímetro del baloncesto europeo en la última década.

P: Nacido y criado en Alaska, se formó allí íntegramente como jugador. Jugó allí al baloncesto en el instituto (North Pole) y en la universidad (Fairbanks). ¿Cómo empezó todo?

No es un deporte mayoritario, sin duda lo es el hockey hielo. Empecé a jugar y me fue bien, ya sabe, mis amigos querían jugar también, y nunca pensé que llegaría a donde estoy hoy, la verdad. Ya en el instituto obviamente la cosa avanzó, luego continuó en la universidad y a partir de ahí llegó todo lo demás.

¿Por qué empezó a jugar al baloncesto?

No lo sé, es una buena pregunta. Mi hermano mayor jugaba al baloncesto, y quizá quise seguir sus huellas, no estoy muy seguro de cómo empezó todo. Pero el caso es que las cosas no me fueron demasiado mal, tuve cierto éxito, y cuando eres bueno en algo, intentas seguir haciéndolo. Eso es todo.

Competir desde Alaska con el resto de Estados Unidos debe ser muy complicado.

Es muy difícil. Ahora existen los torneos AAU en el país, donde los jóvenes consiguen tener su escaparate, chavales de todo el mundo que compiten allí en verano, de Alaska o de donde sea. Pero cuando yo jugaba, lo hacía en High School (instituto) allí en Alaska, y nadie me veía, no tuve ningún reconocimiento en ese sentido, y por ello también tuve que ir a la Universidad en Alaska. De hecho, antes de mí, sólo tres jugadores de Alaska habían sido becados para jugar en grandes universidades estatales, Trajan Langdon, Carlos Boozer, y Kyle Bailey.

Con ese panorama, ¿Cree que sería posible ver alguna vez una franquicia de ligas mayores americanas, NBA u otra, en Alaska?

Creo que es imposible. No tenemos una población que pueda soportar eso. En todo el estado viven unas 800.000 personas, y es difícil mantener así una franquicia. Además, Alaska es muy grande. Imagínese, entre Anchorage y Fairbanks, las dos ciudades principales, hay 6 horas de carretera. Es muy grande y la densidad de población es realmente muy baja.

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Oleson, de blanco, durante su etapa en la Universidad de Alaska Fairbanks. | Alaska Fairbanks

Tras toda la vida entre los 67.000 habitantes de Fairbanks y los apenas 2.000 de North Pole, separadas 15 minutos, en 2005 Oleson emprende su gran viaje. En su apuesta por convertirse en jugador profesional, firma por el Rosalía de Castro de la LEB Plata, tercera categoría española. De Alaska a Santiago de Compostela, en lo que sería la primera estación de un salto a la elite europea que pocos vislumbrarían al aterrizar en Galicia. Hoy, veterano curtido en mil batallas, es una celebridad entre sus vecinos. Tanto, que incluso en North Pole el 24 de abril es el `Brad Oleson Day´.

Ya sabe usted que en España casi todo lo que sabemos de su estado es por la serie `Doctor en Alaska´. Sin embargo, usted hizo el camino a la inversa. El chaval de Alaska que viaja a la gran ciudad. ¿Cómo fue ese paso?

Desde luego fue complicado. Venir de Alaska… Si no sales de casa, no entiendes muchas cosas. En mis primeros dos años en España estuve muy resguardado. Yo quería jugar al baloncesto en Alaska, y me resultó muy complicado abrir mi mente. Sabía lo que quería y lo quería de una forma concreta. Por eso, mis dos primeros años fuera resultaron muy complejos. A nivel baloncestístico fueron excelentes, pero fuera de la cancha, fue bastante difícil.

Y eso que esos dos primeros años fueron en Santiago de Compostela. No en una gran ciudad como Madrid o Barcelona, que llegaría después.

Sí, pero cuando fiché en Fuenlabrada ya tenía una mentalidad más abierta, había vivido más. Empezaba a disfrutar más de las cosas. Pero esos dos primeros años en Santiago, realmente lo pasé mal. La lluvia tampoco me ayudó. En la primera temporada intenté retirarme del baloncesto. Recuerdo que, creo que en febrero, llamé a mi agente y le dije que no quería seguir, que lo dejaba y me volvía a Alaska. "Esto no es para mí", le dije. Literalmente, estaba llorando. No se me olvida esto, y de hecho mi agente me lo recuerda muchas veces. Le agradezco mucho que no me dejara hacerlo. Pero recuerdo que yo lloraba y que quería volver a Alaska.

¿Ha estado alguna vez en North Pole el 24 de abril?

No (se ríe avergonzado). En realidad no sé muy bien cómo se estableció eso de que el 24 de abril era mi día, pero no es nada especial. Si estoy un 24 de abril en North Pole, no pasará nada. Es un poco una broma, ya sabe, North Pole solo tiene 2.000 habitantes, y nos gustan estas cosas. Todo esto me da un poco de corte, pero tampoco es que me avergüence, es una cosa guay de tener, un día en tu pueblo.

Cuando ficha por el Rosalía, ¿Cuáles eran sus expectativas en el baloncesto europeo?

No tenía mucha idea. Era un chaval que amaba el baloncesto, tenía solo 22 años y sólo quería jugar y poder ganar algo de dinero haciendo lo que me gustaba. No era demasiado dinero, pero para aquel momento de mi vida estaba muy bien, aunque realmente no era mucho. No tenía planes, me habían ido bien las cosas en la universidad y no quería dejar de jugar. Así que cuando llegué a España, sólo quería jugar más.

¿Cuál fue su primer salario en España?

(Se para unos segundos con la mirada perdida, y remueve la cucharilla de su taza de café) 3.000 dólares al mes.

Era difícil imaginar que pudiera convertirse en uno de los mejores exteriores del baloncesto europeo, supongo.

Pero lo peor es que después de esa primera temporada, ganando 3.000 dólares mensuales, creo que volví a casa con 12.000 dólares en la cuenta corriente, y aquello me parecía un mundo. Y pensaba, "tío, estoy bien, puedo comprarme casi cualquier cosa". Claro, era la primera vez que me veía con dinero en el bolsillo, un cambio enorme, y aquello me parecía mucho más de lo que realmente es.

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Brad Oleson (12), durante su etapa en el Rosalía de Castro. | FEB

Las dudas quedaron atrás, y tras dejar al Rosalía en LEB Oro, su impacto en la ACB fue inmediato. Con su fichaje por el Fuenlabrada en 2008 se desata un anotador compulsivo, con más de 18 puntos por partido. Líder de los madrileños, su camino hacia la cúspide del baloncesto del Viejo Continente pasaría, sin embargo, por la necesidad de convertirse en una referencia en la pista trasera. Pasaporte español mediante, el Real Madrid pagaría un millonario traspaso por él, aunque la llegada de Ettore Messina al banquillo blanco hizo que no vistiera nunca de merengue, comenzando una exitosa etapa en el Baskonia en la que Dusko Ivanovic sería la pieza clave en su cambio como jugador convirtiéndose en uno de esos casos que los americanos llaman late bloomer (jugadores de explosión tardía hasta su mejor nivel).

Poco después llegaría el Fuenlabrada, primero, y luego el Real Madrid, Baskonia o Barcelona pagando traspasos por usted, ¿En Santiago era imaginable todo aquello?

Si miro atrás, esos tres primeros años en España son alucinantes. Pasando de LEB2 a ACB. Ahora lo pienso y alucino, pero si pienso en entonces, sólo pensaba en jugar, en nada más. Sí, claro, tenía y ganaba dinero. Pero realmente creo que cuando firmé por el Real Madrid, no sabía bien lo que estaba pasando, la dimensión de aquello. Yo estaba en mi propio mundo, supongo.

¿Cuál es la clave de ese éxito tardío? Se considera un late bloomer, o el hecho de venir de Alaska con poca exposición no le ayudó?

Sin duda, soy un late bloomer. Creo que he sido así en todo, no sólo en el baloncesto, también en la vida. Siempre se me comparaba con mi hermano, él era el mejor en todo. Yo era el niño delgadito, el hermano flaco. Quizá todo eso me ayudó a conseguir mi ética de trabajo, porque siempre fui el pequeñito, el flacucho. Además, hubo un verano en el que crecí 20 centímetros, y eso me ayudó también. Fue en el paso de freshman (novato) a sophomore (segundo año) en el High School. Pasé de medir 5 pies y 7 pulgadas (1´70m), a 6 pies y 3 pulgadas (1´90m). Así ha sido un poco todo para mí, así de rápido.

¿Cómo de importante ha sido para usted tener el pasaporte español?

Desde luego, ha sido muy importante. No voy a decir que haya sido la clave, porque creo que he jugado a buen nivel, pero desde luego me ha ayudado. Está claro que hubiera sido difícil jugar donde lo he hecho sin él. Si miro atrás, sé que ha sido muy beneficioso, estoy realmente muy agradecido, y seguramente esa es la razón por la que ahora estoy sentado aquí con usted.

¿Considera una oportunidad perdida el hecho de no haber jugado nunca con España?

No. España siempre ha tenido un gran equipo estos años. En primer lugar, nunca me creí mejor que la gente que jugó con España. Sinceramente, pienso que nunca merecí más que ningún otro, nunca quise quitarle el puesto a alguien que realmente lo mereciera.

Quizá cuando estuvo más cerca fue en 2010, para el Mundial de Turquía, ¿Habló con Scariolo entonces?

Realmente no creo que estuviera cerca de ir, en absoluto. Sí, estuve en esa primera preselección de 20, pero aquel equipo tenía aleros con mucho talento.

Hablemos de otro entrenador italiano: Ettore Messina. ¿Qué pasó ese verano en el que ficha por el Real Madrid?

Simplemente, cuando fichó por el Real Madrid me llamó y me dijo que no entraba en sus planes. Que tenía contrato y podía quedarme, pero que no planeaba usarme porque tenía ya cuatro escoltas. Y ahí fue cuando entré en la negociación con el Baskonia para que llegara Pablo Prigioni al Madrid. Pero lo divertido de esto es que cuando nos vimos en la Final 4 de Milán, en 2014, Messina entraba al CSKA y yo estaba en el Barcelona, se acercó a mí y me dijo, "¿Todavía me odias?". Le contesté: "No, no hay problema, estoy en el Barcelona ahora". Él simplemente contestó: "Está bien, uno menos en la lista de personas que me odian".

¿Y realmente, sigue aún hoy un poco decepcionado con lo ocurrido?

No. Esto es el negocio del baloncesto. Por algún motivo, yo no le encajaba. Y ese año, tuve la oportunidad de ganar la liga con el Baskonia tras ser traspasado a Vitoria, jugué con enormes jugadores, por ejemplo Marcelinho Huertas, que es uno de mis mejores amigos.

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Brad Oleson, con el balón, intenta desbordar a Jaycee Carroll, en un Barcelona-Real Madrid. | Cordon Press

De lo que pudo ser una etapa de blanco, a convertirse en un enemigo habitual. Durante los años de la rivalidad entre el Barça de Xavi Pascual y el Madrid de Pablo Laso, los duelos entre Oleson y Jaycee Carroll no tardarían en convertirse en una gozada para el paladar de los aficionados. Pocos jugadores han sido capaces de defender al escolta de Wyoming como hizo Brad Oleson, obligando a Carroll a reinventarse una y otra vez. Un emparejamiento premeditado por el club azulgrana y que no tardaría en conventirse en un auténtico clásico de la Liga Endesa.

Me interesa mucho hablar sobre su rivalidad con Jaycee Carroll, uno de esos emparejamientos que serán recordados con los años.

Le tengo mucho respeto, especialmente ahora. Es un gran jugador. Yo simplemente traté de hacer mi trabajo cuando me tocó defenderle. Aprendí muchos conceptos defensivos con Dusko Ivanovic, y cuando estaba en la cancha sólo trataba de ponerlos en práctica. Este era mi trabajo, estar concentrado y tratar de pararle. Pero realmente ese tío es muy bueno.

¿Se sentía un poco su kriptonita?

A veces, en algunos momentos, sí, pero otras veces no. Creo que en general le defendía bien. Soy un poco más grande, quizá un poco más rápido que él, pero aun así él seguía jugando realmente bien.

¿Se preparaba de una forma especial para enfrentarse a él, o como en el resto de partidos?

Sí, desde luego que era diferente. Veía muchísimos vídeos de él. Era un poco una cuestión de orgullo. Si él anotaba, yo me enfadaba. Y al día siguiente, había que ver más vídeos. Ese era mi principal trabajo.

¿Dónde surgió esa capacidad defensiva?¿Destacaba ya en Alaska, o se curtió con los años?

No, en absoluto. Al principio pensaba sobre todo en anotar. En Alaska siempre era el máximo anotador de mi equipo, y defendía menos. Pero mi carrera dio un giro cuando empecé a jugar más en defensa, anotar tiros abiertos, tratar de tomar siempre la decisión correcta, y no tener el balón siempre en mis manos. Sinceramente, cuando entendí esto fue jugando con Dusko Ivanovic. Para estar en la cancha tenía que ser bueno atrás, porque había muchos jugadores muy buenos en aquel equipo.

¿Cómo se encuentra físicamente? ¿Cómo están esas piernas, otrora tan poderosas?

Tengo mucho problemas, tío. Los pies, los tobillos… He tenido seis lesiones importantes, básicamente de los tobillos hacia abajo. He tenido fascitis plantar, me he operado dos veces del tobillo, tengo sindesmosis en los dos tobillos, una fractura por estrés en el pie izquierdo… Es difícil. Mi tren inferior está fastidiado.

Cada año será más difícil, supongo.

Claro. Mis tobillos y pies están hechos polvo. Tengo que tener cuidado. Pero entiendo que es algo normal en el baloncesto y en la vida cuando sumas años.

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Brad Oleson charla con Libertad Digital.

Viendo esa situación, ¿Va día a día, o se ha planteado ya la retirada?

No puedo mentir. He valorado dejarlo. Tengo una opción para la próxima temporada aquí, en el UCAM Murcia. Y ahora mismo, le diría que quiero jugar un año más, pero no puedo mentir, eso puede cambiar este verano. Tengo que hablar con mi agente, valorar las opciones fuera del baloncesto también. Pero este año hemos tenido una buena temporada, con éxitos y también con malos momentos, aunque diría que para Murcia esta ha sido una buena temporada.

Así que será usted el que decidirá seguir o no.

Sí, pero en mi cabeza ahora mismo está seguir.

¿Cómo es posible que pueda usted jugar con España, pero no pueda jugar como español en la Champions League de la FIBA?

Yo tampoco puedo entenderlo. Es difícil de entender para mucha gente, pero supongo que FIBA tiene sus propias reglas. Es algo que nos ha afectado bastante este año, es verdad que al final nos fueron bien las cosas, llegamos a la Final 4, pero ahí por ejemplo tuvieron que quedarse sin jugar un par de tíos que se habían merecido jugar esa Final 4 tanto como los demás.

¿Son ustedes los `Bad Boys´ de la Liga ACB?

"Definitivamente, tenemos algunos `Bad Boys´, aunque yo no soy uno de ellos, pero está claro que tenemos algunos `Bad Boys´. Bueno... no diría exactamente `Bad Boys´. Es un equipo agresivo en la pista. Ellos quieren ganar. Y creo que tienen algunas características de los `Bad Boys´, pero a veces se les interpreta de forma errónea. Pero sí, a mis compañeros les gusta tener esa imagen, lo aceptan y van a seguir con ella hacia adelante.

Pero ya sabe que hay quien les acusa de a veces cruzar la línea, y que la intensidad se convierta en juego sucio, ¿Qué opina?

No diría que es sucio (silencio valorativo).

Por ejemplo Pedro Martínez se ha quejado alguna vez públicamente de algunas acciones de Sadiel Rojas.

Pienso que Sadiel es uno de esos jugadores a los que odias cuando está en contra, pero que lo amas si lo tienes de tu lado. Sinceramente, tras jugar este año con él, cambié de opinión. Ellos tratan de ver su nivel, de probarse a sí mismos. Quieren más, quieren ganar. Son jóvenes y ambiciosos. Yo no creo que sea un juego sucio.

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