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Jeffery Taylor, el hombre sin ego, determinante en la victoria del Real Madrid ante el Panathinaikos en la Euroliga

El alero sueco resultó trascendental en el triunfo blanco ante el Panathinaikos, por su acierto ofensivo y su gran defensa a Nick Calathes.

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Jeffery Taylor, el hombre sin ego, determinante en la victoria del Real Madrid ante el Panathinaikos en la Euroliga
Jeff Taylor machaca el aro | ACB Photo

Poco antes de las nueve de la noche comenzó a llover en Madrid. El ambiente era de día importante, pero quizá no el de las noches más relevantes. La coincidencia con el Miércoles Santo no ayudaba a registrar un llenazo en el Wizink Center. Enfrente, un Panathinaikos al que no pocos daban también como víctima propiciatoria, ante un Real Madrid superior en plantilla pero cuyo momento quizá, seguro, no era el más boyante de la temporada, más con la baja de Sergio Llull mediante. Como si no fuera a hacer falta dar el mejor nivel para tumbar a los de Rick Pitino.

Quizá conscientes de la cierta frialdad con el comenzaría el primer partido, en el club blanco prepararon un homenaje a Luka Doncic justo antes de comenzar. Ahí la grada se volvió loca, mientras Felipe Reyes y Sergio Llull entregaban a su ex compañero una réplica de la última Euroliga. El Wizink, patas arriba con todos los focos apuntando al de Liubliana, cuya primera parada europea tras volver de Dallas ha sido precisamente Madrid, para seguir aumentando la leyenda de su madridismo.

En esas comenzó el partido, y entonces los focos comenzaron a girar hacia el que casi nunca miran. Cuando Jeff Taylor llegó al Madrid en 2015 lo hizo con la vitola de su potencia física y experiencia NBA, aunque pronto quedó claro que en Europa no sería un jugador para dominar en ataque, por más que la reciente inclusión del paso cero le hiciera un favor a su clásica salida de escuela americana, tan castigada en su primera experiencia española. Pero de lo que no cabe duda es que, cuatro temporadas más tarde, el alero de Hedvig es una pieza trascendental para Pablo Laso. Y el sueco, además de ser el previsible perro de presa de Nick Calathes, fue el que mejor se movió en el fango que planteó el Panathinaikos de salida.

Tras casi cuatro minutos de partido, los de Pitino no había encestado ni un punto, pero poco les importaba, pues habían logrado evitar una salida diabólica del Madrid. Una de esas ebulliciones de los de Laso que pueden reventar un partido. Los blancos llevaban seis puntos, obra de Taylor con dos triples, un escenario del juego donde su amenaza ha mejorado considerablemente desde que llegó a la entidad de Concha Espina. Poco después, tras las dos primeras canastas helenas, Taylor machacaba el aro visitante, sacando el primer gran rugido de la grada, todavía desgastada por la ovación a Doncic. Y acto seguido, el hombre sin ego agachó rápidamente el culo y la cabeza para volver a ser la sombra de Nick Calathes. Jeff Taylor apenas celebra una canasta, casi nunca sonríe y nunca hace una alharaca. Sólo piensa en cómo complicarle la vida a la estrella rival, con la que habitualmente le toca bailar. Cuando concluyó el primer cuarto con 21-17, el sueco sumaba ya once puntos con tres aciertos desde el 6'75, registros muy inusuales para él. Pero él sólo pensaba en su próximo emparejamiento con Calathes. Sabe que ahí puede estar buena parte de la eliminatoria.

Llegó entonces uno de esos triples imposibles de Jaycee Carroll, mientras el veterano Ian Vogioukas le sacaba los colores a Ayón en defensa y Keith Langford derrochaba calidad para apretar las costuras a los locales, pese al 1 de 8 en tiros de campo de Calathes al descanso, sobre el que Causeur, también muy acertado en ataque pese a ser de los últimos en aparecer sobre el parqué, había tomado el relevo de Taylor. Y comenzó la segunda parte, y de nuevo el más caliente había nacido en Suecia, por paradigmático que resulte. Otro mate y una asistencia a Tavares dispararon al Madrid, aunque Calathes se las apañó para forzarle la tercera falta a Taylor y mandarle al banquillo.

Ahí todo empezó a cambiar, porque no tardaría el base greco-estadounidense en, al fin, mover el partido a su antojo. Pese a su 1 de 11 en lanzamientos tras tres cuartos, y al descaro con el que los blancos le retaban a lanzar, el ex de los Memphis Grizzlies se las ingenió sin Taylor para voltear la situación. De pronto al Madrid se le hizo de noche, y los 9 puntos y 3 asistencias de Calathes en 6 minutos colosales firmaron un parcial de 0-13 encendió todas las alarmas en el recinto de Felipe II, con el Panathinaikos dominando por 64-69 a cuatro minutos del final. Casi sin red volvió a recurrir Laso a Taylor para ser la sombra del base rival, que lo primero que hizo fue anotar otro triple, ante la estupefacción local por el 66-72 del luminoso. Pero el sueco ahí, en el tropiezo, tampoco cambió la cara, como no hace en la alegría. En la siguiente acción firmó un rebote ofensivo trascendental que terminó en un triple salvador de Rudy Fernández, sin el que el Madrid no habría ganado este encuentro. Tras ello, le apagó la luz a Calathes y los helenos no volvieron a ver el aro español, cerrándose el partido con un parcial de 9-0 en el momento oportuno, justo tras la última salida de Jeff Taylor a cancha.

Y cuando sonó el bocinazo final, la tele, como de costumbre, no reclamó a Jeff Taylor pese a haber sido el gran artífice de la agónica victoria blanca. Él se limitó a acercarse a Luka Doncic, su gran amigo en el vestuario hasta hace unos meses, abrazarle y dirigirse a la bocana de salida del parqué pensando en el siguiente reto ante Calathes, en 48 horas. Mientras, los focos alumbraban a Campazzo, Tavares, o al mismo Doncic, claro. Pero no a Jeff Taylor, que salió del Wizink Center sin hacer ruido, mientras en Madrid seguía lloviendo.

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