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José Ángel Antelo, del calvario de la retirada a un horizonte ligado a Vox: "Lo he pasado muy mal"

El ex jugador atiende a Libertad Digital en los albores de su nueva vida en la UCAM de Murcia y con su incorporación a Vox a la vuelta de la esquina.

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José Ángel Antelo posa para LD | JMP

El 1 de septiembre de 2017, a José Ángel Antelo (Noya, La Coruña, 7 de mayo de 1987) el destino le propinó una "patada" tan virtual como demoledora. En la primera jugada del primer partido del Circuito de Pretemporada de la Liga Endesa, notó exactamente como si alguien le propinara un puntapié por detrás, a traición. Se giró a buscar al autor de tal felonía, pero no había nadie. Se había roto el tendón de Aquiles, la peor lesión para un jugador de baloncesto y que, de hecho, le ha costado su carrera tras una primera recuperación y una recaída letal para su juego. Todo ello justo cuando había encontrado la madurez de una carrera en la que, tras prometer mucho en categorías inferiores, le costó asentarse en la ACB. Ahora, y tras anunciar hace dos semanas su adiós a la pelota naranja, afronta una nueva vida en el departamento de marketing de la UCAM de Murcia y próximamente en las listas de Vox a las elecciones municipales en la ciudad pimentonera. Aún con el dolor de una retirada no deseada, y con cierto resentimiento al deporte que fue su vida por lo cruel de su último año y medio, atiende a Libertad Digital.

¿Cómo lleva eso de entrar a trabajar a las 9 de la mañana?

Bien, porque más o menos me levanto a la misma hora ya que llevaba yo a mi hijo a la guardería. Así que por ahí, sin problema. Antes de ser padre sí me levantaba a las diez y media u once.

¿Qué tal el día a día?

Vengo a la universidad, donde trabajo entre las oficinas en el Monasterio de Los Jerónimos y el UCAM Sport Center, y me dedico al marketing deportivo, aglutinando el potencial que tiene la universidad para atraer patrocinadores y gente que esté interesada en apostar por el deporte.

¿Llevaba tiempo preparándose para ello?

Mi idea siempre ha sido volver al baloncesto, hasta que vi que era imposible. Sí es verdad que el presidente, José Luis Mendoza, me había ofrecido trabajar para la universidad, así que tenía más o menos claro que mi futuro estaba aquí.

En los vestuarios, ¿los jugadores son conscientes de que tienen que preparar su futuro tras el baloncesto?

Lo más importante es la mentalidad de cada uno. Alfonso Reyes es un gran ejemplo, jugador de alto nivel y ahora ingeniero de Caminos. No es una cuestión del equipo donde estés, sino de lo que uno quiera hacer. Ciertamente la vida del deportista es complicada de compaginar con la académica, pero por ejemplo aquí en la UCAM te dan muchas facilidades en ese sentido.

Por cierto, ¿qué sería hoy del deporte español sin la UCAM?

De una forma o de otra hay hasta 6.000 deportistas ligados a la universidad. Cuando me dieron el dato, pensé que estaban equivocados. ¿Cómo van a ser tantos? Pero es así, una barbaridad. Es un plan ADO a lo grande.

¿Cómo llega un chaval de Noya de 14 años a jugar en el Real Madrid?

La verdad es que es algo muy difícil. Apenas tenemos 20.000 habitantes. Empecé a destacar allí y a ir con la selección gallega. Recuerdo estar en Orense en un Campeonato de España infantil en el que estaba el Madrid. Jesús Trueba, entonces director de cantera, fue a hablar con mis padres porque querían ficharme. Era pasar de un pueblo a una ciudad de 5 millones de personas. Pero mi padre era funcionario y pudo trasladarse y eso lo facilitó todo, porque mis padres se vinieron conmigo. Ahí ya jugaba con la selección española, pero al principio fue difícil porque pasé de entrenar tres horas semanales a tres horas diarias, y el preparador físico que me pusieron venía del atletismo y me tenía todo el día corriendo. Sufrí bastante y jugaba poco, porque era cadete de primer año y entré en el equipo de segundo año. Finalmente acabé jugando más y fuimos campeones de España cadete, algo que hoy es normal en el Madrid pero que entonces apenas se veía.

Es un caso un poco similar al de Jonathan Barreiro. ¿También le llovieron las ofertas?

Sí, vinieron muchísimas canteras a buscarme. Pero yo siempre fui del Madrid, no le voy a engañar. Siempre había sido mi sueño estar ahí.

Llega usted a un Real Madrid convulso, quizá en su peor momento. ¿Apostar por un joven era todavía más difícil?

Eran tiempos complicados, sí. Se pasaba muy mal. Había un gran líder en Alberto Herreros, que estaba llegando al final de su carrera, y el equipo necesitaba otro referente. Venía de años muy malos. Con Imbroda no se jugó ni el playoff, con Lamas las cosas no fueron mucho mejor. Y con Maljkovic se ganó aquella liga imposible. A partir de ahí todo cambió mucho, pero esos fueron tiempos difíciles, y sobre todo a nivel de cantera era una estructura casi deshecha. Había un equipo EBA y luego el ACB, y yo con 17 años me vi en el equipo ACB. Me hubiera venido bien poder haber tenido minutos en LEB, y me vi con 17 años jugando muy poco. Salí cedido hasta que me acabé desvinculando.

¿Cuántas veces le dijeron en todos esos años que debía cambiar su particular mecánica de tiro?

Fíjese, esta es buena. Cuando yo llegué al Madrid no tiraba de tres. Era un poco como Alberto Angulo, salvando las distancias, siempre botaba y tiraba de dos. Hoy es imprescindible para un ‘4’ tirar de tres, pero entonces estaba Garbajosa y poco más. Y yo siempre daba ese bote y tiraba de dos. Jesús Trueba me dijo que tenía que empezar a tirar de 3 porque esa era la evolución del ala-pívot. Y empecé a tirar uno o dos por partido casi por exigencias del guión, pero no metía. A final de mi primera temporada allí empecé a tirar y acabé casi tirando más de tres que de dos. Respecto a la mecánica, como mis porcentajes siempre fueron más o menos buenos, nunca quisieron tocármela mucho. Sí es verdad que luego Chus Mateo intentó que armara más rápido el brazo, porque la gente empezó a defenderme muy cerca, ya que el scouting a grandes rasgos contra mí era que penetrara y no tirara.

Es muy recordada aquella selección u18 campeona de Europa en Zaragoza. Sergio Rodríguez, Carlos Suárez, usted… y un chaval que no jugaba llamado Sergio Llull.

Él y yo éramos los pequeños, de un año menos. Vino a la selección por el famoso partido en Mahón que mete 60 puntos. Por aquel entonces era pequeñito y medio regordete, aunque tenía una calidad enorme, cada vez que tiraba metía. Pero físicamente le costaba mucho en ese momento, su cambio posterior ha sido enorme. Aunque ya tenía mucho talento sí.

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Antelo (14), celebra el título europeo sub 20 en Zaragoza en 2004. | FEB

¿Y al Chacho Rodríguez cómo lo recuerda?

Era magia. Había estado en el Siglo XXI y luego fue a Estudiantes. En Madrid teníamos buena relación porque aunque éramos de diferentes equipos luego quedábamos fuera y tal. Era un tipo distinto, veía esos pases que nadie veía. Es verdad que perdía muchos balones hasta que consiguió adaptarse un poco. Aquel Europeo en Zaragoza recuerdo un caño que le tiró en un contraataque a Demirel. Fue impresionante.

Le costó consolidarse hasta los 26 años. Pasó muchos años jugando en LEB y con alguna experiencia ACB pero que no fructificó, ¿por qué?

En Bilbao tenía 18 años y no encontré mi sitio físicamente y en los sistemas, porque el ‘4’ titular era Martin Rancik que no tiraba de fuera y los sistemas eran para él y a mí me costaba. El cambio de cantera a jugar con hombres me costó. En Cáceres peleamos por subir a ACB y no lo logramos y luego ya vine a Murcia.

Y fue en el UCAM donde se hizo jugador de primer nivel.

El primer año era un club que peleaba cada año por no descender, y lograrlo era un éxito. Y fue un año muy tranquilo, sin grandes opciones de playoff pero sin peligro por abajo. A partir de ahí el club empezó a crecer, a jugar en Europa, playoffs y hacer buenas temporadas.

Se lesionó el cruzado de la rodilla en 2013 y a los cuatro meses y medio estaba jugando. Pocas veces he visto algo así.

Fue todo muy bien. Había visto a gente sufrir mucho por lesiones del cruzado, llorar mucho. Nunca tuve dolor, hinchazón ni adherencias ni nada. Fue como estar cuatro meses y medio en el gimnasio y volver luego. Todo fue muy bien, justo al contrario que el tendón de Aquiles.

Seguramente su mejor año fue 2016, ¿le sorprendió no estar en la lista inicial de la selección que dio Scariolo para preparar los Juegos de Río?

No, realmente no. Y luego cuando llegaron las ventanas que podía haber tenido opciones, ya estaba lesionado del tendón.

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Antelo, ante Felipe Reyes en un partido de 2016. | Cordon Press

Termina 2017 jugando y sin poder entrenar con molestias ya en el tendón de Aquiles. Su primera lesión viene en el primer partido de la pretemporada siguiente. ¿Le habían avisado que podía pasar algo así?

Nadie espera romperse. Notaba dolor pero no esperaba eso. Al acabar la temporada me hice un alargamiento de gemelo para liberar tensión, y a los 10 segundos de ese partido en Moralzarzal me rompo.

¿Cómo es esa sensación? Es seguramente la lesión más grave que puede tener un jugador de baloncesto.

Fíjese que casi todo el mundo dice que romperse el cruzado de la rodilla es peor. Yo creo que no. El Aquiles es muy complejo, sobre todo para la gente grande. Noté como que me daban una patada, y de hecho miré para atrás buscando al que había sido. Fue raro porque no me dolía, sino que tenía el pie anestesiado. Estuve hasta las 3 de la mañana sin sensibilidad, con el pie como dormido.

Llegó otra recuperación exprés, pues a primeros de febrero ya está jugando, algo inaudito para un Aquiles roto.

Viéndolo con perspectiva igual hubiera sido mejor ir más tranquilo, pero todas las pruebas y ecografías indicaban que el tendón estaba bien. Sí me faltaba fuerza en el gemelo pero el tendón estaba recuperado. Obviamente la cosa no fue bien porque a los cuatro partidos noto un tirón y estoy dos meses fuera. Luego volví en la Final4 de la Champions League para echar una mano un par de minutos y luego centrarme en la recuperación. Pero al minuto y medio me rompo.

En ese periodo antes de la lesión final incluso hay algún partido que se va a casi 20 minutos y jugando bien. ¿Se sentía recuperado?

Notaba que tenía una pierna que me daba potencia y otra con la que me apoyaba, sin más. Pero es verdad que por mi forma de jugar, porque siempre me impulsaba con la pierna izquierda para penetrar, no se me notaba mucho. El típico paso atrás para tirar también lo hacía con la izquierda, y eso hacía que la gente no se diera cuenta. Pero sí que cuando me tenía que impulsar con la derecha, por ejemplo en defensa, me notaba limitado, como si me faltara fuerza.

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Antelo celebra una canasta con el UCAM Murcia. | ACB Photo/J.Bernal

Cuando se lesiona en la Final 4 de la Champions League en Atenas, ¿qué pensó?

Sabía que me había roto, y lo más difícil fue avisar a la familia de que había vuelto a pasar. Por mí no era muy malo porque ya sabía lo que era una lesión grave y quería tomármelo con calma y recuperarme, pero darles ese mal rato a ellos era lo peor.

¿Fue la misma sensación de patada?

Noté que fui a saltar y que estaba roto. En este caso no hubo patada, pero sí que noté que el pie me fallaba.

Durante la recuperación dio una rueda de prensa muy emotiva diciendo que intentaría volver a jugar. ¿Notaba ya que era el final?

Sí.

¿Cuándo empezó todo a complicarse?

Ya en la cirugía, cuando el médico vio cómo estaba el tendón. Me quitaron el flexor del dedo gordo, que ya no puedo moverlo, para reforzar el tendón y poder levantar el talón. Ahí empezó a complicarse todo, y la infección posterior lo remató.

¿Cómo se enteró de que había ido mal?

Recuerdo estar despertándome medio drogado aún y escuchar al médico lo que le dice a mi familia. Me enfadé bastante. Hasta entonces era "me ha tocado otra y ya está, me recupero y vuelvo". Pero para entendernos, si a un deportista le quitan la impulsión y la estabilidad, poco le queda, ¿verdad?

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Antelo, llorando en una rueda de prensa en octubre de 2018. | UCAM Murcia

Llegaron después casi cuatro meses sin poder caminar.

No quiero ni recordarlo. Iba con muletas tras la operación, y al mes o así me empieza a doler el pie por una infección. Estuve diez días ingresado, limpiando la herida y tal, y luego tuve que seguir bastante tiempo con antibióticos potentes. Parecía todo controlado pero a los diez días volvió todo, por lo que tuvieron que volver a ingresarme y tras ello tuve que estar en casa tres meses. Tenía un sistema de vacío para mantener la herida muy seca y seguía haciéndome las curas y retirando la piel necrosada.

Imagino que durante ese tiempo fue una persona dependiente.

Sí, claro está. Estaba mi mujer conmigo a todas horas.

La secuela que le queda es tener que andar con unas alzas. ¿Cómo le limitan?

Para bajar escaleras tengo que ir una a una, no puedo ir más rápido. Y para andar normal necesito las alzas.

¿Qué piensa ahora cuando escucha eso de que deporte es salud?

(sonríe) Que deporte es salud siempre y cuando no sea profesional. Trotar, jugar, pues sí. Pero el deporte profesional te exige al máximo y, si no tienes suerte, te quedan secuelas.

¿Tiene su cuerpo más cicatrices del profesionalismo?

No, la verdad es que la rodilla no me duele, y la espalda la tengo bien. El tendón es lo único, a veces me duele por la mañana o cuando estoy mucho de pie, aparte de las limitaciones. Pero en el resto no tengo problema, por suerte.

¿Le faltó algo por hacer?

Siempre hago la misma broma. Que empecé y me retiré joven, con lo cual sigo siendo joven. Claro que me hubiera gustado ir con la selección. Estuve con la B pero obviamente no es lo mismo. Hoy todos quieren ir a la NBA, pero en mi época el sueño era estar en la ACB y lo logré.

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Antelo, durante la entrevista con LD. | JMP

¿Y de qué está más orgulloso?

Los mejores recuerdos los tengo de la cantera. Empezar en el baloncesto con los amigos, el ir para aquí y para allá, esa época es muy bonita. Después el profesionalismo es exigencia, ganar cada día. Si ganas por cinco tienes que ganar por siete y si lo haces por siete lo debes hacer por nueve. Pero obviamente a nivel profesional aquel playoff en 2016 contra el que quizá es el mejor Real Madrid, el de los Sergios. El de ahora es bueno pero creo que aquel era mejor.

¿Disfrutó por tanto jugando más como chaval?

La verdad es que sí. Eres un chaval, vas al cole, disfrutas. Era una distracción, tu hobby, no tu trabajo.

Ha reconocido públicamente que no esperaba la llamada de Vox. Más allá de eso, ¿tuvo siempre inquietud política?

Siempre me ha interesado la política, sí. Son circunstancias de la vida, me han pedido que eche una mano con el deporte, y tras hablar con mi familia, acepté el reto.

¿En una hipotética alcaldía de Vox en Murcia sería usted concejal de deportes?

No, de primeras no hemos hablado nada de eso. Sólo ayudar en el programa de deportes. Pero para ser claros mi trabajo está en la UCAM. En la política echaré una mayo y ayudaré en lo que pueda, esa es mi idea. Pero nada más.

¿En los vestuarios se habla de política o era usted un bicho raro?

Todos lo hacen. Los americanos siempre están que si Trump por aquí y por allá. Y claro, es verdad que a veces es complicado hablar de política española porque cada vez hay menos nacionales con los que hablar.

¿Hay ya gente que no le coge el teléfono? O todo lo contrario, ¿le estén llamando mucho?

(risas) No. Creo que no tiene nada que ver. Que cada uno piense lo que quiera. Pero Antelo es el mismo antes y después de ser jugador, ocupe el sitio que ocupe. Sea como jugador profesional, en la universidad o en la política. Quien mezcle una cosa con la otra debería, desde mi punto de vista, reflexionar.

Una vez que ha dado el paso a la esfera pública, ¿se ve de alguna forma trabajando por el baloncesto desde ahí?

Ahora mismo no. Muchos me preguntan si me veo de entrenador o algo. Pero ahora mismo, sin estar desligado, sí necesito mi tiempo, alejarme un poco. Lo he pasado mal, decir esto no es engañar a nadie. Estar en la universidad, en un ambiente totalmente distinto al deporte profesional, me viene muy bien.

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