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El fenómeno creciente y cada vez más popular del baloncesto en la República Democrática del Congo

El pívot Jordan Sakho y el directivo Joe Lolonga narran la evolución del baloncesto en un país azotado durante años por guerras y problemas políticos.

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El pívot Jordan Sakho y el directivo Joe Lolonga narran la evolución del baloncesto en un país azotado durante años por guerras y problemas políticos.
Juancho Hernangómez, de rojo, se zafa ante dos jugadores congoleños | FEB

Hay ocasiones en las que el deporte puede ser el mejor vehículo para sacar la cabeza. Y de repente, la República Democrática del Congo, uno de tantos países del África negra habitualmente olvidados desde el hemisferio norte se ha plantado en España para jugar un torneo amistoso de preparación para la Copa del Mundo de China. En nuestro país, poco más que ‘sparring’ de medio pelo. Para ellos, con tanta experiencia a las espaldas en esos escenarios que sacan lo peor del ser humano, una oportunidad de dar a conocer cómo el baloncesto crece en la antigua colonia belga, que sufre una guerra casi interminable desde 1996. Allí, según estudios recientes, sigue habiendo más de cuatro millones de desplazados.

En ese entorno no es fácil hacer evolucionar el impacto de la pelota naranja en Congo, donde la simpleza logística del fútbol le mantiene varios pasos por delante. Incluso el balonmano ha pujado más fuerte históricamente. Allá, claro, no sobran canastas, como relata para Libertad Digital Jordan Sakho, hoy jugador del Baxi Manresa de la Liga Endesa y uno de los principales nombres de los Leopardos, apodo del equipo nacional congoleño. "Yo mismo me dedicaba al fútbol porque en Congo no es fácil jugar al baloncesto ya que apenas tenemos materiales e instalaciones, puedes ir a jugar y encontrarte en una pista con una canasta y un balón a veinticinco personas", relata. Sin embargo, lo suyo era cuestión de tiempo. Hoy, a sus veintidós años, alcanza los 207 centímetros, convertido en uno de los mejores interiores jóvenes de la ACB. "Crecí tanto que me dijeron que lo probara y aquello me gustó, pero empecé muy tarde a jugar", evoca.

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Jordan Sakho (izquierda), ante Willy Hernangómez. | FEB

Quizá no solo por su imponente físico, sino por proceder de la capital, Kinshasa, Sakho tuvo una oportunidad que a otros no se les dio. "Unos amigos me llevaron a jugar partidos con algo más de nivel". Ahí aparece una figura clave en su traslado a España, el ex pívot centroafricano Anicet Lavodrama. "Él tenía contacto con mi entrenador, que le habló de mí para que tuviera una prueba en España". Anicet, mentor de no pocos jugadores africanos durante años, vio potencial en Sakho. "Me dijo que me quedara para mejorar algunas cosas". De esa forma, en 2013, Jordan Sakho aterriza en Torrelodones para pasar tres temporadas, paso previo a su fichaje en Manresa donde, tras despuntar, en la LEB Oro y colaborar con el regreso a la elite de los catalanes en 2018, se ha estrenado en la Liga Endesa con 6 puntos y 4 rebotes de promedio. Nada descollante, pero a valorar en una competición muchas veces vetada a la savia nueva. "Me falta mucho por mejorar, estoy en ello", sonríe Sakho, ambicioso en la búsqueda de hacerse un nombre en España. "Quiero jugar al máximo nivel que pueda, quizá algún día en un club grande, pero para ello hay que trabajar".

Junto a Sakho también se reúne con LD Joe Lolonga, director deportivo de la federación congoleña. "Estamos creciendo con el objetivo de ayudar a los jóvenes a mejorar las cosas en el país", asegura. El mejor ejemplo es Goma, ciudad fronteriza con Ruanda, y famosa en la década de los noventa por ser el lugar al que huyeron los hutus del país vecino durante su genocidio, provocando una terrible crisis humanitaria. Allí, hoy, el baloncesto es sinónimo de esperanza. Tanto como que se ha convertido en el deporte rey, con varios proyectos que vinculan la canasta con estudios y juventud, trilogía crucial en el futuro del país. El pívot de Manresa lo sabe bien: "en los cinco últimos años el baloncesto está dando oportunidades a más gente, lo que hace que cada vez haya más jóvenes que quieren jugarlo, la mayoría como forma de ocio para no hacer otras cosas peores, pero también con el sueño de ganarse la vida", asegura.

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Jordan Sakho posa para LD. | LD (JMP)

Sin embargo, las infraestructuras no dejan de ser una lacra. Quizá su mejora pase por los éxitos de la selección y el crecimiento del germen por la canasta. El pasado 28 de julio, los Leopardos ganaban en Mali el Afrocan, torneo de selecciones reservado a los jugadores que militan en equipos africanos, con la posibilidad de añadir dos fichas de aquellos que lo hagan fuera del continente, motivo por el que Sakho lo disputó como referente interior. A ello se une la clasificación para el Afrobasket de 2017, por primera vez en una década. Buenas noticias que acarrean promesas que sólo el tiempo dirá si se cumplirán. "Tras ganar el Afrocan nos recibió el presidente Félix Tshisekedi y nos ha prometido tener un pabellón para 15.000 personas y mejores recursos", asegura Lolonga. Una victoria que además ha servido para olvidar en parte el mal papel de la selección de fútbol, incapaz de pasar de la fase de grupos en la Copa de África. "Ganar el Afrocan ha ayudado a quitarnos estrés y malos pensamientos", asegura Lolonga.

Los próximos retos de los Leopardos pasan, claro, por las siguientes citas internacionales. Congo no estará en la Copa del Mundo de China, por lo que lo más inminente es el Afrobasket de 2021, en la vecina Ruanda. "Clasificarnos por segunda edición consecutiva tras tantos años fuera es un reto y sería un honor pasa nosotros", apunta Sakho. Lolonga es aún más ambicioso y mira un poco más adelante: "El Afrobasket es un objetivo claro, y luego queremos desde luego pelear por un puesto en el mundial de 2023".

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Joe Lolonga, director deportivo de la República Democrática del Congo. | LD (JMP)

Antes de esos altos vuelos, la República Democrática del Congo se enfrentó a España en Málaga el pasado fin de semana tras derrotar a Filipinas en la semifinal del Martín Carpena. "Estar aquí es una enorme oportunidad para nosotros de medirnos a equipos que van al mundial. Filipinas está el 31 del ranking FIBA y fuimos capaces de ganarles, siendo nosotros el 82, sin duda fue un gran paso", asevera el directivo, que afirma que había una notable expectación en la república por el partido. Efectivamente, los datos registran algo más de 600.000 pinchazos desde el Congo en la retransmisión online del encuentro a través de internet. Cifras más que notables dadas las dificultades de conexión en muchas zonas del país, a las que se suman los muchos compatriotas que hay en Europa y que confirman el crecimiento del baloncesto en el antiguo Zaire. Allí, jugar ante España fue sencillamente un día histórico para su deporte.

El siguiente paso será que las promesas políticas sean reales, y que en la República Democrática del Congo realmente sigan llegando oportunidades a lomos de un baloncesto cada día más importante. Allí el ídolo al que todos quieren parecerse sigue siendo Serge Ibaka. También Jordan Sakho, que aspira a coger su relevo. "Es el espejo de muchas personas, realmente es muy famoso en el país. Yo quiero ser como él pero tengo claro que no lo soy todavía y que el único camino es el trabajo", concluye el pívot del Baxi Manresa.

El regreso al Afrobasket, la victoria en el Afrocan y los sueños de jugar una Copa del Mundo alimentan el futuro. La realidad de jugar un torneo en España ante la número dos del ranking mundial es el presente del que presume el país, orgulloso de una genética portentosa que, eso sí, lucha contra la falta de oportunidades con proyectos como el de Goma donde el baloncesto es motor de vida. Así es el baloncesto en la República Democrática del Congo, buscando seguir dando pasos al frente y confirmar que cualquier tiempo pasado fue peor.

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