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Gabriel Deck y Trey Thompkins lideran el triunfo del Real Madrid ante Valencia Basket en el estreno de la Copa del Rey

Con 46 puntos y 10 rebotes entre ambos, el argentino y el estadounidense dispararon al Real Madrid hacia la semifinal copera.

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Con 46 puntos y 10 rebotes entre ambos, el argentino y el estadounidense dispararon al Real Madrid hacia la semifinal copera.
Gabriel Deck, con el balón, ataca el aro de Valencia Basket | ACB Photo

Es este baloncesto de 2021 un deporte en muchos casos de tipos musculados, atléticos hasta el extremo, veloces como el rayo, de potentísimas piernas que actúan como resortes, capaces de mantener un altísimo ritmo de juego corriendo a un lado y otro de la cancha hasta que el libreto del entrenador indica que, por las, en muchos casos prefabricadas rotaciones, les toca coger el camino del banquillo tras un derroche físico espeluznante.

Pero en esa evolución del juego de la pelota naranja quedan aún tipos de la vieja escuela, de los que ponen el talento por encima de la exuberancia corporal, y que incluso en ocasiones dan la sensación de jugar andando, tal es la clase (ese concepto tan etéreo que tanto adoramos los del baloncesto) que atesoran. Fue así, con esa cara inmutable, con su lenguaje corporal acaso indescifrable, como Gabriel Deck y Trey Thompkins catapultaron al Real Madrid en su estreno en la Copa del Rey ante un muy decepcionante Valencia Basket. Los taronjas, incluso favoritos en muchos pronósticos antes del salto inicial por las dificultades que presentaba su rival (sin Randolph, Taylor ni, a última hora, Garuba), comparecieron demasiado tarde al partido, dieron vida a un animal competitivo como es el equipo de Pablo Laso y se quedaron lejísimos del nivel que se les puede exigir rubricando la que fue, sin ambages, una participación copera más que decepcionante.

Por contra, el Real Madrid, consciente del riesgo, salió como en los días grandes. Firmó 29 puntos en el primer periodo, igualando su mayor anotación copera de siempre en ese tiempo pese a que los problemas no dejaron de crecer: antes de los 30 segundos de juego, Edy Tavares cometió su primera falta. Laso sorprendió mandándole al banquillo, dando la iniciativa a un Felipe Reyes casi desaparecido todo el curso pero sobradamente cumplidor en un furibundo arranque blanco al ritmo que marcaba Carlos Alocén, con la confianza desbordada tras las dos semanas de ‘mili’ que le ha otorgado el positivo en coronavirus de Laprovittola justo antes de la Copa. El maño, con cinco asistencias en el primer cuarto, firmo sus mejores minutos como merengue, revolucionando el juego y desarbolando a los de Jaume Ponsarnau. Su comunión con los tres estiletes blancos, Carroll y Thompkins abiertos en el triple y Deck finalizador al poste, dinamitó el encuentro por la vía rápida con los anfitriones dominando los tableros aún sin Tavares (11 rebotes por cuatro).

Hay que volver a Thompkins y Deck. El primero, de dudosa entrada en el Real Madrid, se ha convertido en una leyenda de la canasta blanca que va mucho más allá de su icónico rebote ofensivo en Belgrado para rubricar ante Fenerbahçe la última Euroliga el club. Seis temporadas suma ya el de Lithonia en la casa blanca siendo cada año un valor más sólido. Manteniendo su extrema fiabilidad en el triple abierto (sin apenas saltar, recuerden que este es de los que juegan a fuego lento), evolucionando su magisterio en el poste con una pausa y un juego de espaldas que hoy se llevan cada vez menos y convertido en pasador de elite y defensor más que solvente. Hasta parece, desde su perfil bajo, uno de los líderes espirituales de este Real Madrid mermado como nunca pero fiable como casi siempre. A Thompkins le rezuma la clase (sí, otra vez) por los costados, aunque no necesite exhibirse físicamente para ello más de lo imprescindible. En la semifinal, el fuego lento que tan bien domina volvió a valerle, pero incluso se atrevió a exhibir algún recurso físico de los que no desparrama por costumbre: dos mates (llevaba uno en toda la temporada ACB) y un sensacional tapón (había puesto apenas cinco en toda la campaña) en las alturas a Van Rossom le sirvieron para, incluso, marcar el territorio corporal, costumbre nada habitual en su repertorio. En uno de esos ‘días D’ demostró no pesarle el asumir los galones que buena parte del núcleo duro valenciano no cogió hasta que ya era demasiado tarde.

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Trey Thompkins machaca el aro del Valencia Basket. | ACB Photo

Suele ser el de dominador un papel llamado a ejercerse por Edy Tavares. Pero el segundo advenimiento del gigante caboverdiano a la cancha acabó como el primero, con una rápida falta personal que le mandó al banquillo. Al descanso, el de Mao había pasado 44 segundos en la pista. Con todo, el Madrid ganaba por 14 ante el descalzaperros de un Valencia Basket que vivía del tiro libre (15 de 16 en el paso por vestuarios), que vivía y moría en la sobreexcitación de Klemen Prepelic y que no anotó un triple hasta mediado el segundo cuarto. Todo para los de Ponsarnau parecía llegar demasiado tarde en una cita en la que se les esperaba con mayor madurez.

Falta hablar de Deck, tipo que contraviene el estereotipo argentino como pocos. Al ‘Tortuga’ no le gusta hablar. No tiene verbo fácil ni una verborrea que enamore o hastíe por partes iguales. No cambia la cara ni a las buenas ni a las malas. No grita, apenas cierra los puños en el éxito ni clama sobre conchas o boludos cuando las cosas van mal dadas. Cuenta que limpió autobuses de joven para ayudar a la economía familiar pero, él, en el fondo, es como decían esos anuncios de coches en los ochenta: "de cero a cien en 8 segundos". El de Colonia Dora entra en la cancha con aspecto de no enterarse de nada, como si todo le diera igual, dando cierta sensación de abulia. Camina arrastrando los pies y lanza a canasta levantándolos apenas unos centímetros del suelo. Lo de tirar en suspensión, desde luego, no va con él. Pero cuando el reptil transforma sus piernas saca un arsenal cuyo origen tiene difícil explicación si se le observa en su estado basal. Aunque siga sin cambiar el rostro, ataca el aro verticalmente como pocos y ejecuta con finalizaciones a mano cambiada prácticamente imparables por inesperadas. Porfía el rebote con poderío, aguanta a aleros y ala-pívots en defensa y en el poste bajo se convierte en un martirio, como bien confirmaron en Valencia. A cancha abierta es un demonio y se gusta en esos momentos en los que el reloj corre a expirar su vida útil.

Valencia Basket mejoró en la segunda mitad, pero fue a todas luces insuficiente. Sencillamente no tuvo respuesta para dos tipos que a primera vista impresionarían a muy pocos pero que, en este Real Madrid en constante reinvención, se han convertido en dos de sus valores más seguros. Ayer ejercieron de martirio taronja. Eso sí, sin levantar demasiado los pies del suelo más que cuando era estrictamente imprescindible. Un hecho este que debe valorarse como merece. Matar andando es algo que está al alcance de solo unos pocos.

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