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John L. Sullivan, el último campeón de boxeo con los puños desnudos

Su irrupción significó el alzamiento del boxeo; su final, la regeneración para siempre. Entre ambas, más de 450 victorias, y una leyenda imborrable.

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Su irrupción significó el alzamiento del boxeo; su final, la regeneración para siempre. Entre ambas, más de 450 victorias, y una leyenda imborrable.
John L. Sullivan, antes del combate ante Kilrain en 1889. | Biblioteca del Congreso de los EEUU

Hay deportistas que han pasado a la historia por los grandes logros conseguidos a lo largo de su carrera. Otros, lo han hecho por la importancia que tuieron en el desarrollo del deporte que practicaban, por la gran trascendencia que dejó su irrupción. John L. Sullivan puede presumir de haber logrado ambos. Y es por eso que hoy, más de 100 años después de su desaparición, aún se le sigue recordando como uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos.

Boxeador por empeño

De padres irlandeses, John Lawrence Sullivan nació en South End, un pequeño barrio de Boston, Massachusetts, el 15 de octubre de 1858. A pesar de que sus padres pretendían que se dedicara al sacerdocio, el deporte fue lo que le llamó desde pequeño la atención. Y gozaba de una gran capacidad atlética como para poder tomarle en serio.

Sus inicios fueron en el béisbol, llegando incluso a recibir una oferta de los Boston Red Sox para que formara parte de su equipo profesional. Pero lo que a Sullivan le gustaba era pelear, y declinó la proposición para poder dedicarse por completo al boxeo.

Fue una decisión complicada, habida cuenta de que entonces el boxeo como lo conocemos no estaba permitido. Y de hecho sería detenido en diversas ocasiones por peleas clandestinas.

Su primer combate permitido, que no oficial, llegó en 1880. Y debió maravillar a todos, porque Billy Madden, que se encontraba entre los espectadores, decidió reclutarlo y otorgarle combates más importantes. Pronto se desplazó a Nueva York, donde se encontraban las incipientes figuras del boxeo, y donde sería conocido como ‘the Boston Strong Boy’ por su imagen agresiva y su estilo ofensivo.

Un ganador brillante

Fue en 1882 cuando se dio a conocer a ojos de los grandes seguidores del boxeo. Bajo las reglas del London Prize Ring Ruling, el sistema bajo el que se boxeaba con los puños desnudos, John L. Sullivan se convertiría en el campeón oficioso de Estados Unidos tras imponerse a Paddy Ryan, también de origen irlandés.

Sería la primera, pero desde luego no la última. Porque a partir de entonces comenzó una larga carrera que le llevó a imponerse a todos sus rivales, en todos los rincones del país (195 combates en sólo 238 días, pasando por 136 ciudades diferentes).

Hay que destacar que entonces no había títulos oficiales en el mundo del boxeo, lo que sin duda le hubiera granjeado una mayor fama. Pero aun así Sullivan conseguiría convertirse en un boxeador de gran prestigio gracias a todas aquellas victorias acumuladas, y gracias también a su nobleza sobre el ring.

En un boxeo en el que la corrupción y los amaños estaban más que presentes –era habitual, por ejemplo, que los árbitros se escogieran minutos antes de comenzar los combates para evitar que fueran extorsionados por los apostadores - se cuenta que Sullivan no dejó de aceptar peleas a todo aquel que le desafiara, excepto cuando se le ofrecían sumas importantes de dinero (mucho más de lo que podía llevarse tras cualquier victoria) por amañarlos.

Aquello, claro, también le granjeó ciertas enemistades, sobre todo por parte del entorno mafioso que envolvía el boxeo, que trató de empañar la imagen ganadora de Sullivan. A ello no ayudaba su habitual manera de celebrar sus victorias, con fiestas rebosantes de alcohol y chicas. Pero todo aquello no impidió que Sullivan se convirtiera en uno de los deportistas más reconocidos e influyentes de finales del S.XIX. En todo el mundo.

El primer gran combate nacional

El 8 de julio de 1889 es una fecha marcada a fuego en la historia del boxeo. En Mississippi, después de que el gobernador de Nueva Orleans rechazara albergar el combate, se enfrentaron John L. Sullivan y Jake Kilrain, en lo que está considerado el último campeonato del mundo con las reglas del London Prize Ring Ruling; esto es, con los puños desnudos.

La repercusión de aquel duelo fue tal que, por primera vez, un acontecimiento deportivo tuvo cobertura informativa en todo Estados Unidos. No sólo eso, también por primera vez los periódicos hicieron un amplio seguimiento de los días previos al combate, de los entrenamientos de los boxeadores, se hacían pronósticos de lo que podría pasar… Todo el país estaba pendiente de aquel combate. No sólo en Estados Unidos, también en Europa, donde se informó ampliamente del mismo.

Aquel 8 de julio de 1889, en Richburg se congregaron más de 3.000 espectadores, que presenciaron un combate irrepetible. Tras más de dos horas, en el asalto número 75 (sí, ¡75!) John Lawrence Sullivan terminó llevándose la victoria. Fue, de este modo, el último campeón del mundo de boxeo con los puños desnudos.

Protagonista de la regeneración

Tras aquella brillante victoria, a la que había llegado imbatido, Sullivan no defendería su título en los siguientes cuatro años. Ya 1892, y bajo las reglas del Marqués de Queensberry (las reglas que rigen desde entonces el boxeo actual), Sullivan se enfrentaría a Jim Gentleman Corbett, considerado por muchos el padre del boxeo moderno.

10.000 espectadores acudieron al combate, a pesar de que las entradas tenían un coste equivalente a unos 200 o 300 dólares de hoy en día. Las nuevas reglas, y el estilo totalmente novedoso de Corbett, desquiciaron a Sullivan, que terminaría cayendo en el 21 asalto. Era la primera y la única derrota de su vida.

Aun así, según relatan las crónicas de la época, lo hizo a lo grande. Tras caer al suelo y ser incapaz de levantarse en los diez segundos de cuenta, lo que obviamente significó la victoria de Corbett, Sullivan logró finalmente ponerse en pie, para afirmar "si tengo que ser derrotado, estoy orgulloso de ser derrotado como un estadounidense".

Aquel combate, aquella derrota, significó el final de Sullivan. Podría decirse que se retiró, pues no volvería a combatir de manera oficial, a pesar de que durante años siguió realizando peleas de exhibición. Y lo hizo con más de 450 victorias a sus espaldas, y la retención del título de campeón entre 1882 y 1892.

Pero sobre todo significó el final del boxeo antiguo, el de los puños desnudos, dando lugar al boxeo moderno, tal y como lo seguimos conociendo. No fue sólo un cambio en el ring, sino en la historia del boxeo.

La muerte del campeón

A pesar de ello John L. Sullivan continuó con su exitosa vida fuera de las doce cuerdas. Hizo de speaker, escribió en periódicos sobre boxeo y también sobre béisbol, incluso tuvo una breve carrera como actor.

Pero también siguió con sus grandes fiestas regadas de alcohol, lo que le provocó un importante sobrepeso y una delicada salud durante años. Terminaría falleciendo el 2 de febrero de 1918, aparentemente de un ataque al corazón. Tenía 59 años.

Con él, se marchaba el primer héroe deportivo estadounidense, el primer deportista de la historia que ganaba más de un millón de dólares, el primero en convertirse en una estrella mediática en Estados Unidos y también en Europa, el protagonista del primer evento deportivo de seguimiento informativo en todo el país... y el último campeón del mundo con los puños desnudos.

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