
La previa del partido entre el FC Barcelona y el Atlético de Madrid en el Estadio Metropolitano ha venido marcada por una polémica inesperada: el estado del césped. Durante el entrenamiento previo, Hansi Flick llamó la atención al inspeccionar minuciosamente el terreno de juego, agachándose para tocarlo, medirlo e incluso comprobar su textura. Las sensaciones no fueron positivas.
El técnico alemán trasladó sus inquietudes a un miembro de la UEFA presente en la sesión. El motivo: la sospecha de que la hierba podría estar más alta de lo habitual. Un detalle aparentemente menor, pero con gran impacto en el juego. Un césped alto ralentiza la circulación del balón, algo que históricamente incomoda al Barça, cuyo estilo se basa en la velocidad y precisión en los pases.
La normativa de la UEFA
Según el reglamento del organismo europeo, la altura del césped no debe superar los 30 milímetros y debe ser uniforme en todo el campo. Ante las dudas del conjunto azulgrana, la UEFA se ha comprometido a revisar el estado del terreno y, si fuera necesario, ajustar su altura antes del encuentro. El protocolo contempla incluso la posibilidad de obligar al club local a recortarlo si no cumple los estándares.
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— FC Barcelona (@FCBarcelona_es) April 13, 2026
Desde el Atlético de Madrid han sido tajantes: el césped está "como siempre" y cumple con todos los requisitos. Además, defienden que su estado ha mejorado notablemente en las últimas semanas tras los problemas derivados del frío a comienzos de año. De hecho, recuerdan que si el terreno no estuviera en condiciones reglamentarias, la UEFA no habría permitido la sesión de entrenamiento del Barcelona.
El factor riego, clave
Más allá de la altura, otro elemento importante es el riego del campo. En este aspecto, la UEFA tiene un mayor margen de intervención. La normativa establece que el césped debe regarse de forma uniforme y, por lo general, hasta una hora antes del partido, aunque puede hacerse más tarde si el club local lo decide. Incluso existe la opción de un doble riego si ambos equipos están de acuerdo. Durante el entrenamiento del Barça, los aspersores estuvieron en funcionamiento, lo que añade otro matiz a la preparación del partido.
No es la primera vez que el césped del Metropolitano genera debate. Jugadores del propio Atlético, como Koke o Griezmann, ya han mostrado su disconformidad en el pasado. Además, el recuerdo de errores puntuales, como un resbalón en un partido anterior, sigue presente. Tampoco es una situación nueva para el Barcelona, que en otras ocasiones ha señalado el estado del terreno de juego en eliminatorias importantes, tanto en Madrid como en otros estadios.
Más allá del césped: la batalla psicológica
Aunque no existe una queja formal del club, el gesto de Flick y el comentario trasladado a la UEFA forman parte del contexto previo a un partido decisivo. El Barcelona busca controlar todos los detalles en una eliminatoria complicada, donde cada factor puede marcar la diferencia. En este sentido, el estado del césped se convierte también en un elemento de presión y estrategia dentro de la llamada otra batalla, la psicológica.
Con antecedentes recientes entre ambos equipos y una eliminatoria abierta, el choque en el Metropolitano se presenta como un duelo de máxima exigencia. Flick es consciente de que cualquier pequeño detalle —desde una decisión arbitral hasta el estado del terreno de juego— puede inclinar la balanza. Por eso, nada se deja al azar. Ni siquiera la altura del césped.

