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Es una revolución, Ceferin, es una revolución

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Alexander Ceferin, presidente de la UEFA.
Alexander Ceferin, presidente de la UEFA. | EFE/Archivo

¿Y tú qué pones, Ceferin? ¿Tú qué pones? Itzhak Stern le pregunta más o menos eso mismo a Oskar Schindler en la famosa película de Steven Spielberg: "Si ellos ponen el dinero y nosotros ponemos el trabajo, ¿usted qué pone". Y entonces Schindler responde: "Yo pongo la presentación". Bueno, pues eso es lo que doce de los catorce clubes europeos más poderosos le han preguntado a los presidentes de FIFA, UEFA, federaciones nacionales y Ligas profesionales. Real Madrid, Milan, City, Barcelona, Liverpool o Atlético de Madrid tienen que pagar a los jugadores, cederlos a las selecciones cuando se les requiere, poner el terreno de juego, las aficiones y la historia. ¿Y tú, Ceferin, qué pones tú? Y Ceferin responde lo que Schindler: "No, no, yo pongo la presentación". Bueno, pues ya no vale con la presentación.

Con esto de la Superliga ha pasado como con el pastorcillo Pedro. Resulta que Pedro se pasaba la mayor parte del tiempo cuidando de las ovejas y se aburría un montón hasta que un día se le ocurrió gastarle una broma a la gente del pueblo pidiendo auxilio porque le atacaba el lobo; los aldeanos agarraron de inmediato todas las herramientas que tenían a mano y acudieron rápidamente a ayudar a Pedro pero resultó que todo había sido una broma de mal gusto. Le hizo tanta gracia a Pedro esta historia que volvió a repetir la broma y hete aquí que los aldeanos, de nuevo, corrieron en su auxilio pero se dieron cuenta de que todo volvía a ser mentira otra vez. Al día siguiente Pedro volvió a gritar "¡El lobo, el lobo! ¡Que viene el lobo! ¡El lobo se come mis ovejas!" pero, esta vez, los aldeanos hicieron caso omiso cuando (a la tercera fue la vencida) en esa ocasión sí era cierto que el lobo se estaba comiendo a los pobre animalitos.

Pedrito era un crío. Mentirosillo, eso es cierto, y algo ocioso y un pelín tocapelotas, para qué nos vamos a engañar, pero un crío al fin y al cabo. Pero Ceferin, Infantino o, aquí, Tebas Medrano o Luis Rubiales, ya son mayorcitos, peinan canas, salvo Luis, que está como yo. Se les dijo. Les dijeron que venía el lobo. Les advirtieron de que había que hacer cambios radicales, también con el reparto del dinero aunque no exclusivamente. Los clubes trasladaron a UEFA y FIFA su malestar y, como los aldeanos al final, no hicieron caso y ahora el lobo se va a comer a las ovejitas. Las novedades siempre implican incertidumbre. La comunidad científica se volvió loca cuando Marie Curie descubrió el radio. A Colón le tacharon de eso, de loco, cuando dijo saber dónde estaba América (aunque él creía que era otra cosa y, por supuesto, aún no se llamaba América). En otro orden deportivo de cosas, también quisieron comerse por los pies a Santiago Bernabéu cuando creó la Copa de Europa. Y ahora, los mismos que llevan viviendo setenta años de las gallinas ponedoras ajenas, quieren asustar al personal echándole huevos. Pero el tren del futuro del fútbol profesional ya está aquí. No hay marcha atrás.

Me hace gracia cuando oigo eso de que este no es el fútbol que quiere la gente, que ha cambiado. Claro, el fútbol del siglo XXI no es el del XX, y el del XX no fue el fútbol que empezó a practicarse en el siglo XIX. Me hacen gracia los que dicen que esta Superliga no la va a poder ganar un equipo modesto porque es muy elitista y cerrada. Pues claro. Como lo era la Copa de Europa. Como lo es la Champions. Para saber quién ha ganado la Copa de Europa retrocedamos 20 años, hasta 2000: Real Madrid, Bayern, Real Madrid, Milan, Oporto, Liverpool, Barcelona, Milan, United, Barcelona, Inter de Milán, Barcelona, Chelsea, Bayern, Real Madrid, Barcelona, Real Madrid, Real Madrid, Real Madrid, Liverpool y Bayern. 17 de las últimas 21 Copas de Europa las han ganado 7 de los 12 socios que han fundado la SuperLiga. La Champions está teóricamente abierta a todo el mundo pero la ganan siempre los mismos, y la ganan siempre los mismos porque tienen a los mejores jugadores, pagan a sus futbolistas mejor que nadie, ponen a su disposición las instalaciones más modernas y los mejores profesionales para tratarles y tienen más aficionados que el resto.

Tal y como yo lo veo, la Superliga ahorra tiempo, va al grano: ¿para qué una fase de grupos? ¿Para dar una falsa sensación de democratización de la competición que no existe ni por el forro? Me hacen gracia los que dicen que esta competición es elitista como si la actual no lo fuera. Claro que es elitista. La vida es elitista. En la vida diaria hay pobres y hay ricos, altos y bajos, guapos y feos. También me hacen mucha gracia los del "to p'al pueblo". El romántico Roy Keane, por ejemplo. Lo entendería si Roy Keane hubiera acabado su carrera deportiva en el Auxerroise y hubiera rechazado todas las ofertas económicas que le fueron llegando pero es que acabó jugando en el United... por dinero. El mensaje de Gary Neville, por ejemplo, no es creíble porque ahora trabaja como comentarista de un canal de televisión propietario de unos derechos que intuye se verán mermados con la aparición de la nueva competición. Lo de Neville es pura supervivencia.

Y luego está el asuntillo insignificante de eso que los seres humanos dimos en llamar en su día como dinero. Según un informe que Diego Sánchez de la Cruz acaba de publicar en Libre Mercado, la SuperLiga puede multiplicar por cuatro los ingresos de los equipos participantes. Como dice Diego, el problema no está tanto en el aspecto deportivo como en las rigidísimas estructuras del fútbol europeo y por la reducida influencia de los clubes privados en la toma de las grandes decisiones. No es de recibo, por ejemplo, que el fútbol americano tenga 150 millones de seguidores frente a los 2.000 millones que tiene el fútbol europeo pero los derechos de televisión de la Champions estén en 1.500 millones y los de la NFL en 7.000. Para abrir boca, JP Morgan inyectará 3.500 millones a repartir entre los socios fundadores.

Las Ligas son compatibles con la Superliga como lo son con la Champions. Perfectamente compatibles. Y ahora debe ser la Liga española la que decida si quiere una competición con o sin Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid. Este proyecto no surge en la barra de un bar a las 5 de la madrugada, entre otras cosas porque ahora sería ilegal reunirse a esas horas. Tampoco surge en un domicilio privado a las 5 de la madrugada, con mascarillas, distancia de seguridad y ventilación. Algunos tuits de Javier Tebas sin embargo sí parecen surgidos de la cabeza de alguien que estaba en un bar a esas horas. No se puede ser más chusco. Ni uno se puede enterar menos de lo que está pasando a su alrededor. Bueno, sí se puede: el 14 de julio de 1789, Luis XVI, que andaba de cacería, apuntó lo siguiente en su diario: "Nada", aludiendo a que no había conseguido presa alguna. De repente, un mensajero irrumpió en su habitación y le dijo "¡Su Majestad, han tomado la Bastilla!" "¿Es una revuelta?", preguntó Luis. "No, Sire, es una revolución". Ceferin, es una revolución.

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