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España conquista la segunda Copa Davis de su historia ante los Estados Unidos

España ya tiene su segunda Ensaladera después de que Carlos Moyá derrotara al número uno del equipo estadounidense, Andy Roddick, por 6-2, 7-6 y 7-6 en poco menos de dos horas y veintinueve minutos. Tras la derrota en los dobles ante los Bryan, el mallorquín aprovechó su oportunidad para otorgar a España la Copa Davis. Después, sin tensión, Robredo cedió el último punto ante Fish. A partir de ahí la Armada recibió la ponchera con todos los honores, menos el que le hicieron los estadounidenses, que se fueron a jugar al béisbol.

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España ya tiene su segunda Ensaladera después de que Carlos Moyá derrotara al número uno del equipo estadounidense, Andy Roddick, por 6-2, 7-6 y 7-6 en poco menos de dos horas y veintinueve minutos. Tras la derrota en los dobles ante los Bryan, el mallorquín aprovechó su oportunidad para otorgar a España la Copa Davis. Después, sin tensión, Robredo cedió el último punto ante Fish. A partir de ahí la Armada recibió la ponchera con todos los honores, menos el que le hicieron los estadounidenses, que se fueron a jugar al béisbol.
(Libertad Digital) Tras la derrota del equipo de dobles español, los partidos individuales tenían que decidir al ganador. Al final, con la disputa del primero de ellos, el que enfrentaba a los dos números uno de ambos conjuntos, se han despejado las dudas. España tiene ya su segunda Ensaladera, que se une a la conseguida hace cuatro años ante Australia.
 
Carlos Moyá tenía en su mano decidir la eliminatoria y así lo hizo. Se medía a Andy Roddick, un rival con el que había perdido las tres veces en las que se han enfrentado, aunque siempre en partidos en pista dura, una muy diferente a la instalada en el Estadio Olímpico de la Cartuja, de tierra lenta y pesada por la humedad. Además, el norteamericano llegaba tocado tras perder el viernes ante el jovencísimo Rafa Nadal. Su objetivo de la temporada era ganar la Davis y lo cumplió. Moyá se deshizo de Andy Roddick por 6-2, 7-6 (1) y 7-6 (5) en dos horas y 29 minutos, para que España se hiciera con el punto definitivo (3-1) con el que logró su segundo título en la historia de la Copa Davis.

Su triunfo zanjó la final sevillana en una actuación fenomenal, combinando dejadas oportunísimas con mortales globos, y decidiendo de la forma más acertada y rápida, un saque mortal, cuyo resto Roddick no acertó a colocar dentro. Moyá, que ya había dado el primer punto de la contienda al vencer a Mardy Fish en tres sets, tampoco dejó opción a Roddick, que se va de la capital hispalense sin haber logrado un solo triunfo.

Seguridad frente a velocidad

El norteamericano sirvió a 236 kilómetros por hora, pero la seguridad de Moyá y su motivación fueron dos obstáculos insalvables para el número dos del mundo. El juego de Moyá fue espectacular desde el principio cuando arrolló a Roddick con un parcial de 4-0 en solo 15 minutos. La combinación de sus dejadas y golpes de derecha anuló por completo a Roddick, que cedió el primer set en 36 minutos entregando su saque en el primer y cuarto juego.

En el segundo parcial, un despiste de Moyá en un remate fácil propició que Roddick dispusiera de tres puntos de ruptura. El americano aprovechó el segundo y se distanció en el marcador 3-1, pero el de Nebraska no supo aprovechar esta ventaja a continuación. Roddick cometió dos dobles faltas seguidas (falló cinco saques consecutivos) y Moyá, en un punto de gran pelea, restableció la igualdad. Llegado el desempate, el mallorquín controló mucho mejor este juego corto, mientras que Roddick cometió su cuarta doble falta. Un revés a la red del americano sirvió para que Moyá ganase por 7-1 este parcial en 59 minutos.

En el tercero, Moyá dispuso de su primera bola de partido cuando Roddick cometió su novena doble falta en el décimo juego, pero el americano lo salvó con su noveno 'ace' a 216 kilómetros por hora. Tuvo que ser en el segundo desempate de la tarde, cuando Moyá sentenció el duelo, con un punto de servicio, que Roddick no acertó a colocar dentro de la pista. Su impotencia se hizo patente en ese momento. Tras lograr ese histórico punto, el público sevillano se conmocionó en el delirio. Moyá se arrojó al suelo, lanzó su raqueta al suelo y se abrazó con fuerza con Jordi Arrese, el feliz capitán del G-3. Los Príncipes de Asturias fueron su siguiente objetivo, a quien acudió a saludarlos.

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