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El misterioso caso de Benítez, el jugador del Barcelona que pudo morir envenenado

A dos días de enfrentarse al Real Madrid, el uruguayo Benítez fallecía de manera repentina. Nunca se ha sabido exactamente por qué.

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A dos días de enfrentarse al Real Madrid, el uruguayo Benítez fallecía de manera repentina. Nunca se ha sabido exactamente por qué.

Benítez fue un futbolista uruguayo, un lateral derecho avanzado a su tiempo, que brilló durante la década de los 60 en el Barcelona. La vida se le quebró en su plenitud futbolística, cuando tenía tan solo 27 años. Oficialmente, una intoxicación alimentaria fue la causa. Pero para siempre quedaron sombras y muchas dudas de qué fue lo que realmente sucedió.

Un adelantado a su tiempo

Julio César Benítez Amodeo nació en Montevideo, Uruguay, el 1 de octubre de 1940. Tras formarse en el Racing, con 19 años llegó al Valladolid. Una brillante temporada le llevó al Zaragoza, donde también duró sólo un año. No paraba de crecer, y el Barcelona puso sus ojos en él. En 1961 se vestía de azulgrana.

Benítez era un lateral derecho muy potente, con una gran zancada, gran disparo desde media distancia, y un toque de la pelota excelso. Algo totalmente inaudito en aquella época para un defensa. El Barcelona utilizaba su posición en el carril diestro como uno de los principales puntos de apoyo a la hora de generar juego y peligro. Efectivamente, era como Dani Alves. Pero 50 años antes.

Durante siete años fue uno de los futbolistas más importantes de un Barça que, pese a vivir a la sombra de un Real Madrid capaz de conquistar ocho ligas en nueve temporadas -del 61 al 69- ganó dos Copas del Rey y una Copa de Ferias. Pero la afición azulgrana –y la madridista– le recordará sobre todo por ser el único futbolista capaz de parar a Gento. En una época en la que el cántabro marcaba el ritmo del fútbol español, en la que aniquilaba una defensa tras otra, Benítez encontró la fórmua para detenerle. Le ofrecía el interior, nunca la banda, siempre presto a arrancar antes que él; y Gento no tenía más opción que volver a soltar el balón cuando le llegaba.

Una muerte misteriosa

Uno de aquellos apasionantes duelos estaba a punto de vivirse de nuevo. Estamos en abril de 1968. En el Camp Nou, Barcelona y Real Madrid deben medirse con sólo tres puntos a favor de los blancos en la clasificación, y tres jornadas para terminar la competición. Además, el choque venía caliente, porque sólo unos días atrás se había producido la negativa de Joan Manuel Serrat de participar en Eurovisión si no le dejaban cantar en catalán. Ya por aquel entonces, política y nacionalismo envolvía los Barça-Madrid.

Días antes del decisivo choque, los jugadores del Barcelona recibieron el día libre. Benítez aprovechó para viajar a Andorra junto a su mujer. Y de aquél viaje ya regresó enfermo. Una intoxicación por unos mejillones en mal estado, se dijo. Sea como fuese, y para decepción de la parroquia azulgrana -y alegría de Gento-, no iba a poder jugar el partido.

El viernes Barcelona y Real Madrid comenzaron sus concentraciones. La misma noche, Benítez tuvo que ser ingresado de urgencia. En torno a las tres de la madrugada, se comunicaba su muerte. "Fallecimiento por fibrilación ventricular consecutiva a una séptico-piohemia intensísima, cuya etiología, dada la rapidez del cuadro, no se ha podido establecer. Cuadro humoral repetidamente estudiado por los doctores Salazar Badía y Travé Alonso. Cultivos bacteriológicos por los doctores hermanos Foz Tena", fue el parte. Incomprensible para nadie. Pero tremendamente aterrador para todos.

El partido, obviamente, se suspendió. En el Camp Nou se instaló una capilla ardiente, por la que pasaron más de 100.000 aficionados, además de todos los jugadores de ambos conjuntos. El lunes fue el entierro, al que en representación del Real Madrid acudió Gento. El partido se disputó finalmente el martes, y el empate a uno con que terminó decantó de manera defitinitiva el título de liga para los blancos. Pero la pregunta no se marchaba de la cabeza de todos. ¿De qué había muerto Benítez?

La mujer lo niega

En los días siguientes se recordó con insistencia que ya había sufrido dos hepatitis en los últimos años, y que no se cuidaba como debía hacerlo un deportista de alto rendimiento. Se habló de la posibilidad de un neumococo, y los mejillones en mal estado seguían siendo el principal recurso. Pero nada estaba claro.

El doctor Baxarias, uno de los que estuvo presente durante su fallecimiento, generaba más dudas al afirmar pocos días después que "no hay ninguna razón clínica para creer que la muerte de Benítez se deba a haber comido mariscos".

Unas dudas que, años más tarde, quizá demasiados, volvió a levantar su viuda. En una entrevista concedida a La Vanguardia, afirmó que "Julio (Benítez) murió de un envenenamiento", explicando que en Andorra el futbolista había comido carne y verduras, nada de marisco, y afirmando que quiso pedir una autopsia, pero que no tuvo los medios para hacerlo.

La historia riza el rizo si se toman en cuenta las palabras de otro futbolista del Barcelona, también uruguayo y también lateral derecho: Amarillo. Al llegar al club azulgrana y conocer la historia de Benítez, comenzó a visitar la tumba del exfutbolista. Esas visitas se fueron haciendo más asiduas. Y poco después, afirmó que Benítez le hablaba desde el más allá, que incluso se reencarnaba en su mujer, que le hablaba con su voz, y le afirmaba continuamente que había sido envenenado.

Tomando en consideración las palabras de su mujer, las dudas que genera que un futbolista todo energía y fortaleza falleciera tan repentinamente, y la poca claridad existente cuando se produjo su muerte, queda claro que las dudas nunca se disiparán. Nunca se podrá conocer si Benítez, efectivamente, murió envenenado.

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