Menú

Juan Señor: "Mi gol fue maravilloso, pero no habría valido nada si no hubiera once anteriores"

El mítico exjugador de la selección española, autor del 12-1 a Malta, repasa su carrera en un amplia entrevista a Libertad Digital.

0

"Señor, Señor... ¡gooool de Señoooor! ¡Gol de Señor! El número 12". Parece mentira, pero ya han pasado más de treinta años desde aquel 21 de diciembre de 1983. Un día inolvidable para los aficionados españoles. La selección de Miguel Muñoz necesitaba ganar a Malta por once goles de diferencia para estar en la fase final de la Eurocopa de Francia'84.

Y lo consiguió, vaya si lo consiguió. Señor empezó fallando un penalti y, al descanso, España sólo vencía por 3-1. Pero los goles empezarían a caer como churros en una grandísima segunda parte. Poli Rincón, Maceda, Santillana, Manu Sarabia… hasta que en el minuto 85 llegó la locura: Juan Antonio Señor Gómez (Madrid, 26 de agosto de 1958) recoge un rechace en la frontal del área y conecta un potente disparo con la zurda –su pierna menos buena o 'la de plata', como él mismo dice– para batir al portero Bonello y hacer subir el 12-1 al marcador del Benito Villamarín.

Y con la alegría del público sevillano, la de millones de españoles que siguieron en directo la antológica narración de José Ángel de la Casa por Televisión Española. Increíble pero cierto: la selección española había logrado una hazaña en la que muy pocos confiaban. Fue el triunfo de la fe. Los futbolistas españoles hicieron piña y se habían conjurado en las horas previas, creyendo que la gesta era posible.

El gran protagonista de ese 12-1 recuerda ese mítico gol, uno de los más hermosos en la historia del fútbol español por lo que supuso, en una entrevista a Libertad Digital en la que, además, repasa su exitosa carrera. "Este 12-1 fue algo histórico, algo que hizo felices a millones de españoles en un momento en el que necesitábamos una alegría", confiesa Señor, que también vivió otros éxitos como futbolista.

Así, el menudo a la par que talentoso centrocampista del Real Zaragoza también recuerda cuando ganó la Copa del Rey al Barcelona, en el Vicente Calderón en 1986; la Recopa de Europa que jugaron la temporada siguiente, cayendo en semifinales ante el Ajax de Cruyff, Rijkaard, Van Basten y Bergkamp; o el gol que le marcó a la Bélgica de Jean-Marie Pfaff en el Mundial de México'86, aunque de poco le serviría después a la selección al caer en la tanda de penaltis y quedándose a las puertas de las semifinales.

Todo un placer y un honor, sin duda, poder entrevistar a Juan Señor, que desde hace un cuarto de siglo, coincidiendo con su retirada, se dedica a ayudar a los chavales a través de los campus de fútbol que llevan su nombre. El exfutbolista atiende a los redactores de Libertad Digital en un céntrico hotel de Madrid para compartir sus experiencias, dentro y fuera de los terrenos de juego…

Entrevista a Juan Señor

Pregunta: ¿Quería comenzar preguntándote por tus inicios? Supongo que empezarías a darle al balón ya desde pequeño...

Respuesta: Siempre he sido un apasionado del fútbol. Al principio no tenía ningún ánimo de convertirme en futbolista profesional y sólo quería disfrutar de este deporte. Jugaba en el colegio y luego en la Institución Sindical Virgen de la Paloma, donde estudiaba Formación Profesional. En la edad de juveniles, vino una persona y me dijo que el Real Madrid quería contar con mis servicios. Lo consultó con mis padres y ellos se pusieron muy contentos. Tenía 16 años y pasé a formar parte del equipo juvenil del Real Madrid.

P: ¿Qué ocurrió después?

R: Por aquello de que uno no es muy grande (1,67 metros) ni estaba súper cachas, que entonces era la moda, pues parece que ese chavalín jugaba bien al fútbol pero físicamente le faltaba algo. El caso es que yo sigo jugando, me ceden y acabo mi periplo en el Real Madrid juvenil sin pena ni gloria.

P: ¿Cuánto tiempo perteneciste al Real Madrid?

R: Tres años. El caso es que disfruté del fútbol cedido a otros equipos y seguí. Estuve en el Ciempozuelos. Hice una prueba con ellos y a la siguiente semana me dijeron: 'Chaval, queremos contar contigo'. No acabé la temporada en el Ciempozuelos porque ocho o diez partidos antes de acabar vino el gerente del Deportivo Alavés, José María Zárraga, que fue jugador del Real Madrid, y me dijo: 'Queremos que vengas a Vitoria. Queremos hacerte un contrato profesional, pero no debes jugar los últimos cinco partidos'. 'No me hagas eso', le contesté. Lógicamente el premio era mayor y accedí, así que a la temporada siguiente me marché a Vitoria y ahí empecé mi periplo profesional con el Alavés.

P: ¿Cómo fueron tus primeros meses en el Alavés?

R: El primer año estuve compaginando el fútbol con el servicio militar y no jugué demasiado. El segundo y el tercero, sí. Entonces los clubes tenían la típica cláusula de que te tenías que quedar y que te podían retener. Yo les dije que me daba igual que hicieran efectiva esa cláusula. 'Quiero mejorar y si no es con el Alavés en Primera División, me marcho a otro equipo'. A partir de ahí aparece el Zaragoza, que dos años antes había firmado a dos jugadores del Alavés. Uno de ellos era Jorge Valdano, que fue compañero mío: coincidimos en Vitoria y posteriormente en Zaragoza. Luego estuve en el Real Zaragoza durante diez temporadas y también cinco años y pico en la selección española.

P: Un salto importante en tu carrera el fichaje por el Real Zaragoza, ¿no?

R: Fue un sueño hecho realidad. Llego al Zaragoza en 1981 y a partir de ahí fue un camino hacia arriba, siempre cumpliendo una etapa tras otra y un objetivo tras otro. Puedo decir que soy un privilegiado porque el fútbol se convirtió no sólo en mi profesión, sino también en un modo de vida. El fútbol es una filosofía en la que no puedes perder el tiempo lamentándote y diciendo 'qué mal lo he hecho' o 'qué error'. No. Tienes que pensar: 'tengo que mejorar, tengo que mejorar y tengo que mejorar'. Y eso, gracias a Dios, me dio la oportunidad de consolidarme en Primera División en el Zaragoza y hacer unas buenas temporadas, además de ser un fijo en la selección nacional.

LD | David Alonso Rincón.

P: Hablando de buenas temporadas... una de las mejores que tuviste en el Zaragoza fue la 82/83, cuando fuiste elegido como mejor futbolista español, ¿no?

R: Sí, fue cuando la revista Don Balón me otorgó el premio al mejor futbolista español de la Liga.

P: Y en el 86 le ganasteis la Copa del Rey al Barcelona en la final del Vicente Calderón…

R: Aquel año el Barcelona era favorito en todo: primero jugó la final de Copa contra nosotros y luego la de la Copa de Europa contra el Steaua en Sevilla diez días después. El favorito es antes de los partidos, pero luego lo tienes que demostrar en el terreno de juego. El primer varapalo se lo dimos nosotros ganándoles la Copa. Éramos un grupo de amigos. Se habla mucho de Juan Señor con la selección y de aquel gol a Malta. Es cierto que guardo grandísimos recuerdos de la selección, pero ganar esa Copa me produjo la mayor satisfacción de todas.

P: Esa temporada acabasteis cuartos en la Liga y la siguiente jugasteis la Recopa de Europa, quedando eliminados en semifinales frente a un Ajax que tenía un equipazo…

R: Sí, en aquel Ajax estaban Van Basten, Rijkaard, Danny Blind, Bergkamp… Nos eliminaron en semifinales y luego ellos se proclamaron campeones. Para un equipo como el nuestro, no humilde pero que tampoco estaba entre los grandes de España, tampoco estuvo nada mal. Fue una gran temporada, hicimos una gran Recopa y salimos muy satisfechos a pesar de la derrota.

P: De todos los entrenadores que has tenido en el Zaragoza, ¿te quedas con alguno especialmente?

R: Todos los entrenadores me han aportado y de todos he aprendido, incluso alguno de los que he visto cosas que no se deberían hacer. Se aprende de lo bueno y de lo malo para saber cómo caminar en el futuro. ¿De lo bueno? Tengo un hombre al que estoy agradecido y que no sé qué vio en mí o cómo lo vio. Es hombre es Leo Beenhakker. Siendo yo diestro y habiendo jugado siempre en la banda derecha, Beenhakker coge, ni corto ni perezoso, y el primer partido que juego con el Zaragoza me coloca de interior izquierdo. Yo pensé: 'Buenooo'. Pero luego te das cuenta de que a un futbolista lo que le gusta es jugar. Yo alucino muchas veces cuando escucho: 'No, es que esta no es su posición natural'. Perdón: la posición natural puede que sea esa, pero a veces se tiene que descubrir. Y la temporada siguiente no solamente se conforma con mantenerme en la banda izquierda, sino que me retrasa una posición y me hace jugar de lateral izquierdo. Él fue quien me hizo ver que yo podría rendir tanto en un sitio como en otro, que era una cuestión de concentración. Él fue el descubridor de ese talento que yo tenía oculto, el de ser un futbolista polivalente y eso me ayudó a tener un concepto futbolístico muchísimo más amplio.

Luego también tuve entrenadores como Luis Costa, que me dio confianza absoluta. Me decía: 'Juan, necesitas descansar'. Y yo le respondía: No, que tengo que dar ejemplo a mis compañeros'. Él no quería siempre a un hombre dándolo todo al 120 por cien, sino que me estaba haciendo ver que a veces los descansos son buenos porque mentalmente tú ya eres fuerte. Otro que me enseñó también mucho, a pesar de que su etapa en el Zaragoza fue efímera, fue Enzo Ferrari. Aunque sólo estuvo un año (temporada 1984-85), fue un hombre que me enseñó disposiciones tácticas nuevas, un hombre muy cercano a pesar de que no fue entendido. También he tenido algún otro entrenador que preferiría no nombrar demasiado…

P: Hablando de polivalencia: en una entrevista comentaste que has jugado con casi todos los dorsales, salvo con el 1 de portero, porque has jugado en todas las posiciones…

R: Efectivamente, he llevado todos los dorsales salvo el 1. He jugado de central, de nueve, de 11… Lo que no he tenido ocasión es de que a mi portero lo expulsaran y que me hubiera dado a mí por ponerme de portero (Risas).

P: ¿Dónde te sentías más cómodo en el campo?

R: Yo soy una persona eminentemente creativa a todos los efectos y con capacidad de sacrificio. Así que puedo decir que donde mejor me manejaba era como centrocampista. Ya sabes que todos los futbolistas corren muchos kilómetros, pero los centrocampistas tienen que hacer los esfuerzos más grandes. Como creativo que soy y con esa capacidad de sacrificio, esa posición natural que me correspondía a mí dentro del fútbol es la de mediocentro. Sobre todo con capacidad ofensiva.

P: Centrocampista creativo y además con gol. No en vano, has marcado 54 goles con el Zaragoza en Primera…

R: Sí, y además un año (temporada 1985/86) acabé como tercer máximo goleador en Liga con 15 goles, sólo por detrás de Hugo Sánchez (22) y Jorge Valdano (16), entonces ambos en el Real Madrid. Para un centrocampista, quince es un número importante de goles.

P: Pasamos a tu etapa con la selección española. Tu debut como internacional absoluto fue en Málaga en 1982, ¿no?

R: Sí, concretamente en octubre de 1982, contra Islandia en La Rosaleda (1-0, con gol de Pedraza), en el primer partido después de la absoluta decepción que vivimos los españoles con el Mundial. Desde luego que aquello fue un golpe muy duro. A partir de ahí cogió las riendas Miguel Muñoz: mantuvo a varios jugadores y nos dio salida a otros que veníamos creciendo y pidiendo esa oportunidad.

P: ¿Qué recuerdos guardas del día del debut?

R: Fue fantástico. La primera vez que escuché el himno nacional, me sentí lleno por dentro. En ese momento te acuerdas de todo lo que has trabajado para llegar hasta ahí. Sabes que te está viendo todo el mundo. En esos segundos que dura el himno, yo pensé: 'Tengo esta oportunidad, la tengo que aprovechar, no puedo defraudar a todos aquellos que confían en mí: mis padres, mis amigos, mi familia…'. Fue apasionante: sentí una emoción enorme y un orgullo que no te pues imaginar. Nada menos que vestir la camiseta nacional...

P: Y eso en 41 ocasiones…

R: Bueno, siempre se empieza por la primera y a partir de ahí vas cogiendo el hilo. Tengo que dar las gracias a Miguel Muñoz y a Vicente Miera, que era el segundo entrenador, por la oportunidad que me dieron. A partir de ahí yo creo que les correspondí, así que me siguieron llamando y estuve yendo a la selección durante algo más de cinco años y, como dices, en 41 ocasiones. Sólo en uno de los partidos, en todas las convocatorias en las que he ido con la selección, no pude salir al terreno de juego, en el Mundial de México'86 (contra Irlanda del Norte, con victoria por 1-2).

P: Llegamos ya a aquella mágica noche del 21 de diciembre del 83. Aquella noche del España-Malta en el Benito Villamarín. Necesitabais once goles para estar en la fase final de la Eurocopa. ¿Habíais hablado algo en las horas previas o la noche anterior?

R: No es una cuestión de una noche. Estábamos concentrados, era el último partido de la fase de clasificación y teníamos que lograr un número muy grande de goles. En esa semana de preparación del partido nos dio tiempo a hablar de muchas cosas: había momentos en los que nos dejábamos invadir por la euforia, diciendo 'vamos a conseguirlo', y otros en los que pensábamos que era imposible porque nadie había metido 11 goles. Habíamos visto el vídeo del Holanda-Malta, que se había jugado unos días antes (17 de diciembre). Había ganado Holanda por 5-0, pero tuvo muchas ocasiones. Han hecho muchas ocasiones, pero sólo han metido cinco. '¡Nosotros podemos hacer las mismas ocasiones!', pensábamos. Por lo menos las ocasiones las íbamos a tener. Luego está el porcentaje de efectividad que tengas en el partido. Vas siete veces, hay postes, hay portero... y sólo marcas un gol. Pero luego hay otras veces que vas tres y marcas las tres. Esta es la grandeza del fútbol, que puedes hacer muchos méritos, pero hay factores externos que son los que condicionan el resultado y hace que lo consigas o te quedes en puertas.

Pasamos por muchos estadios porque era una semana es muy larga. Sabemos que el rival no es profesional, pero indudablemente tienes que conseguirlo. Antes el mundo del fútbol era mucho más cercano con los medios de comunicación y convivíamos con muchos compañeros de prensa. Hacías comentarios y estabas siempre a disposición de los medios para conceder una entrevista: 'Cómo lo ves, cómo lo vais a tener'. Nosotros fuimos con la mentalidad de decir: 'Vamos a hacer las ocasiones y que luego sea lo que Dios quiera'. Efectivamente, hicimos ocasiones pero también hubo pequeños detalles que nos ayudaron. No tardábamos ni dos segundos en que la pelota estuviera con nosotros porque, además, cada cinco metros teníamos recogepelotas por todo el campo. Y una vez iniciado el partido, pensamos en salir a apabullar al rival, que era gente que no estaba acostumbrada a jugar a ese ritmo. Casi ni felicitábamos al que marcaba gol, sino que directamente íbamos a por la pelota y la colocábamos en el centro del campo. Esto, conforme van pasando los minutos, al rival lo machaca, lo hunde y no sabe qué hacer. Estaba absolutamente destruido.

P: El caso es que la cosa no pintaba muy bien de primeras: fallaste un penalti y, aunque Santillana enseguida el primero, Malta logró empatar pocos minutos después. ¿Os afectó ese gol en contra?

R: En absoluto. No había tiempo para bajones, ni siquiera cuando yo fallé el penalti. Hicimos un gol y luego nos marcan: no pasa nada, hay que seguir. Me acuerdo que en la primera parte generamos 8 ó 9 ocasiones de gol, incluyendo el penalti que tiré al palo, y sólo conseguimos hacer tres goles en esos primeros 45 minutos. De cara a la segunda parte el objetivo era volver a hacer por lo menos el mismo número de ocasiones y ahí yo creo que igual hicimos once. Tuvimos un porcentaje de efectividad muchísimo mayor. Entre eso, el detalle de los chavales (recogepelotas), de que provocamos un poco y expulsaron a uno (Degiorgio) que ya llevaba una primera amarilla… Afrontamos los últimos 15 minutos con uno más y nosotros seguimos marcando goles… hasta que lo conseguimos. Aún ahora seguiría corriendo si Maceda no me hubiera placado (Risas).

LD | David Alonso Rincón.

P: Efectivamente, después del 3-1 con el que acabó la primera parte, lograsteis nueve goles más tras el descanso…

R: En un partido se juegan muchos partidos a la vez. Hay momentos puntuales en los cuales se decanta hacia un lado u otro. Hubo momentos en los que marcábamos tres goles en cinco minutos: era sacar, hacer una jugada, 'pum', gol y otra vez... Eso nos dio mucha fuerza. Nos encontramos en el minuto 15 de la segunda parte con seis goles. Ya llevamos la mitad y entonces ya no estaba tan lejano como en el descanso. No había tiempo para nada, sólo para marcar el siguiente y el siguiente…

P: Cuando marcaste ese gol, el del 12-1 en el minuto 85, ¿qué es lo primero que se te pasó por la cabeza?

R: No es nada fácil expresarlo con palabras. Hay un balón suelto y me viene el rechace a la pierna de plata, que no la mala porque nunca podemos decir que es la mala o la de palo, no; tenemos una buena, pero la otra también hay que trabajarla. El caso es que, con la confianza por el trabajo realizado con esa pierna de plata, según me vino, golpeé. Golpeé seco y bien, y la pelota entró. Vi que entraba, me di la vuelta y no quise saber nada de nadie. Yo corría y corría, con un júbilo absoluto... hasta que me placaron. Te puedo asegurar que tener a Maceda, a Goikoetxea y a unos cuantos compañeros, más de 300 kilos encima... pues no sentí el peso. Fue una sensación fantástica y una emoción desbordante. Luego eres consciente de todo aquello, de que has dado una gran alegría a millones de españoles, de que formas parte de un equipo... El gol mío fue maravilloso, del que se acuerda todo el mundo, pero no habría valido nada si no hubiera once anteriores. No habría valido nada si no hubiera un esfuerzo de todo un grupo en el que todos nos llevábamos muy bien.

P: No sé si llegasteis a pensar después del 12-1 que tal vez Malta, pese a jugar con uno menos, os podía marcar un gol…

R: El caso es que después de mi gol, Gordillo marcó otro pero no subió al marcador por fuera de juego. Nos quedaban cinco o seis minutos para el final y dijimos: '¿por qué no podemos marcar más goles?'. Había dos cuestiones importantes: una, que no se acercaran a nuestra portería, por lo que hicimos un fútbol control; y dos, que con ese fútbol más calmado tuvimos que aplacar un poco a la gente. Si te acuerdas bien, saltaron muchos aficionados al campo con ese gol número 12 y corríamos el riesgo de que el partido se suspendiera o se tuviera que repetir. Jugamos con muchas facetas, pero en el aspecto psicológico conseguimos derrumbar al rival y conseguimos aplacar la alegría desbordante de los sevillanos que acudieron al estadio. Y logramos que el rival no se acercara y que ellos también dijeran: 'Bueno, que esto se quede aquí. No queremos saber nada más'.

P: Pero también tuvisteis alguna anécdota más después del encuentro, ¿no?

R: Sí, como por ejemplo el regreso al hotel Oromana, en Alcalá de Guadaira, desde el campo. Si habitualmente con tráfico normal puedes tardar media hora, creo que nos costó hora y media o dos horas. Toda la gente, todos los coches... fue tremendo. Tremendo pero muy bonito.

P: Se habló después de un posible tongo, de que el partido pudiera estar amañado. Y, cómo no, algunas de esas dudas llegaron desde Italia. ¿Qué piensas al respecto?

P: Ya sabes, ellos que tienen fama. Se piensa el ladrón que todos son de su condición. Yo lo único que les digo es que visualicen el partido y que vean que no nos dieron ninguna facilidad, que ganamos por méritos propios porque fuimos muy efectivos, especialmente en la segunda mitad, y que vean cómo hubo roces y cómo hubo enfrentamientos. No estaban por la labor y encima el portero (John Bonello) se tiró en el penalti hacia el mismo lado donde yo lancé. ¡Si eso son amaños! Que cada uno se quede con lo que quiera, pero repito: que visualicen y comprueben que no nos regalaron nada. Si hubo algo que nos regalaron fue alguna que otra patadita.

P: Hablando del portero Bonello, ¿alguna vez has tenido ocasión de hablar con él tras ese partido?

R: No, lo vi en un spot publicitario que se rodó en España hace no demasiados años (anuncio de Amstel en 2006), pero no. Tiene que dolerle a cualquier portero. Ellos no son profesionales, no se dedican a eso, pero te duele porque te gusta competir, pero no te ponen una cruz desde el punto de vista profesional. A los dos o tres días estaban trabajando en sus trabajos. Él seguro que se acordará de lo que dijo antes del partido: 'Que ni lo sueñen'. Tuvo que tragarse sus propias palabras porque incluso pudieron haber sido más goles. A cualquier deportista le duele, sea profesional o no. A mí me han marcado siete goles en un partido de Primera División o mi equipo le ha marcado ocho goles a otro. Es humillante. Pero lo bueno que tiene el fútbol es que la vida continúa, que rápidamente se olvida uno. De este 12-1 no porque fue algo histórico, algo que hizo felices a millones de españoles en un momento en el que necesitábamos una alegría.

LD | David Alonso Rincón.

P: El caso es que ese 12-1 os valió la clasificación para la fase final de la Eurocopa'84, donde hicisteis un papel extraordinario…

R: El grupo de amigos continuaba. Se había incorporado alguno más, como por ejemplo Butragueño, que entonces no jugaba de titular aunque luego sí lo fue en el Mundial de México'86, por lo que seguíamos siendo una piña. En Francia no empezamos bien porque empatamos los dos primeros partidos (1-1 contra Rumanía y Portugal). Pero aquí es donde vienen los momentos importantes. Cerrábamos la primera fase contra Alemania, a la que no se había ganado nunca en partido oficial, y nos tocaba ganar para pasar a la siguiente ronda. Maceda marcó el gol en el 90' y yo fui quien le dio el pase. Nos metimos en semifinales. Fuimos de menos a más y no sólo supimos valorar lo que nos costó conseguirlo, sino que eso nos dio más fuerzas para afrontar el resto de la competición.

Venía Dinamarca, que era la sensación del torneo, y les ganamos con ese pelín de suerte en los penaltis. Esa suerte que es la que no tuvimos en la final. Jugamos con Francia, el anfitrión, que además tenía un equipazo con Platini, Tigana, Giresse... Lo que sí te puedo asegurar es que vendimos muy cara esa derrota porque en todo momento les jugamos de tú a tú. Tuvimos un error puntual, de esos que marcan tristemente una trayectoria. Me refiero obviamente a Arconada, que estaba teniendo una carrera inmaculada. Es injusto. Ese error puntual hizo que se adelantara Francia y luego ya se nos puso todo muy cuesta arriba. Pero creo que dejamos el pabellón muy alto.

P: El siguiente gran torneo fue el Mundial de México’86, que también dejó momentos inolvidables hasta aquella eliminación contra Bélgica en cuartos…

R: ¡Un mes entero nos pegamos en México! Fue duro pero mereció la pena. Fue una experiencia fantástica. Conviví todo el mes con Zubizarreta, una grandísima persona. Estuve muy a gusto. Ya habían empezado a venir a la selección los Butragueño, Míchel, Calderé... Yo no siempre era titular, aunque participaba prácticamente en todos los partidos. Pero bueno, son esas cosas que uno tiene que aceptar. A veces jugaba y a veces no, con esa competencia ante grandísimos futbolistas como eran ellos. Vinimos de perder 1-0 contra Brasil, con el no gol de Míchel, y teníamos que ganar a Irlanda del Norte y Argelia. Ganamos esos dos partidos y luego vuelve a tocarnos contra Dinamarca (octavos de final), que yo creo que todavía se acuerdan de nosotros. Se siguen acordando ahora, fíjate. España es su bestia negra y siempre la tumba en grandes eventos. Dinamarca llegaba después de quedar primera en su grupo, jugando fenomenal, mientras que nosotros fuimos segundos por detrás de Brasil. Les pasamos por encima en ese partido en el que Butragueño marcó cuatro goles (5-1). Salvo en el Mundial que España ha ganado (Sudáfrica 2010), en México estuvimos a punto de conseguir la mejor clasificación de la selección en todos los tiempos. Habríamos llegado a semifinales, pero nos eliminó Bélgica. Si hubiéramos pasado nos habría tocado Argentina, que no nos quería ver ni en pintura.

P: Por eso te quería preguntar precisamente, por aquel partido de cuartos contra Bélgica…

R: Marqué yo el gol del empate al final, en el 85. También con la pierna de plata. Bélgica tenía un gran equipo con Scifo, Gerets, Ceulemans y, sobre todo, ese porterazo que era Jean-Marie Pfaff.

P: ¿Cómo recuerdas aquella tanda de penaltis?

P: Como especialista que era en penaltis, yo fui el primero en lanzar y marqué. Nuestra táctica era decir: 'A ver, el más seguro entre comillas, que tire él y marque y los demás vayan cogiendo confianza'. Luego tiró Eloy y falló. Algunos piensan que fue por culpa suya, que no marcó. No, perdona: Eloy tuvo la suficiente personalidad como para echarse los bártulos encima y asumir la responsabilidad del penalti, que hay otros que no lo hacen. No porque sean mejores o peores, sino porque es un momento difícil en el que uno tiene que mantener el nivel de concentración a tope para asumir esa responsabilidad. Fue Bélgica la que nos ganó porque marcó los cinco penaltis. Nosotros marcamos cuatro. Dentro de una tanda es un número que normalmente te da garantías de pasar, pero en este caso no.

LD | David Alonso Rincón

P: Después del Mundial de México llegó la Eurocopa de Alemania’88, aunque tú para entonces ya habías colgado las botas con la selección…

R: Sí, mi último partido con la selección fue en febrero del 88 contra Checoslovaquia (derrota por 1-2) en La Rosaleda, el mismo estadio en el que debuté. Son recuerdos fantásticos. Yo me siento muy español y muy orgulloso de serlo. Uno tiene que asumir todo esto con naturalidad. Veo a Luis Aragonés, que en paz descanse, cuando dijo que no convocaba a Raúl, echándose en contra a los medios de comunicación, sobre todo los del Madrid. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que cuando a mí no me llaman después de ese último partido, soy consciente de que mi ciclo se acaba. En el caso de Raúl, su comportamiento fue fantástico porque nunca dijo nada. Luis decía: '¿Críticas por no llevar a Raúl? Muy bien. Pero yo traigo a Raúl y ¿a quién quito de todos estos? Te mojas para criticarme, pero no te mojas para decirme a quién quito para llevar a Raúl'. La carrera futbolística de Raúl me parece ejemplarizante.

P: Se acercaba el final de tu carrera. Te retiraste en 1990, con apenas 30 años, por unas dolencias cardíacas. ¿Cómo lo llevaste en aquel momento?

R: Con los años te das cuenta. Tu carrera acaba. ¡Maldita la gracia, con lo que me he cuidado y que venga ahora un médico a decirme que si hay un problema, que si podría ser peligroso! Bueno, pues lo acabo aceptando. Es más, doy gracias de que a mí se me avisó porque hubo otros futbolistas a los que no les avisaron y ya no están con nosotros. En el informe médico decían que probablemente uno de los problemas que podía tener para esos episodios sincopales y esas pérdidas de conocimiento era la exigencia máxima con el fútbol profesional. Tu mente se va preparando y vas aceptando que empieza otra etapa.

P: Una de las tantísimas cosas que has hecho desde entonces es trabajar con los campus de fútbol, con los que llevas ya 25 años…

R: Sí, solicité permiso al club mientras no podía jugar a la espera de que saliera el dictamen médico definitivo. A mí me gusta esta actividad, que no existía ni en España ni en Europa en ese momento. Y no es porque me lo inventara yo, sino que mi objetivo era enseñar a los chavales aquello que yo aprendí a la brava. Quería darles una serie de nociones. Me dijeron que sí y fundé el primer campus para jóvenes futbolistas en 1990. Después, esa actividad ha proliferado muchísimo y ahora hay campus en España... no te voy a decir como churros, pero casi. Si yo fui el pionero y ha funcionado bien, pues fantástico. Efectivamente, este año se cumple el 25 aniversario.

P: Pero no te quedas sólo en España, sino que también tienes proyectos internacionales, ¿no?

R: Ahora pionero también fuera. Hay una empresa que lleva trabajando más de 20 años, que tiene experiencia en Tailandia y nos pusimos de acuerdo, así que estamos con estos campus en Tailandia. Yo he mandado a mi hijo a Inglaterra, como hacen muchas familias, pero luego te das cuenta de que no es necesario que vayan a Inglaterra. Se puede ir a otros países. La cuestión es la garantía, la actividad, el seguimiento y el objetivo fundamental, para todos los niveles. Lo que hay que conseguir es que el deportista mejore su fluidez, mejore muchos aspectos futbolísticos y se mida con otros equipos de otros países, aunque sea una liga menor. Además de practicar el deporte que te apasiona, aprendes inglés, aprendes a expresarte con la gente. A mí me da más garantías una empresa de 28 años o un padre que diga 'pues Juan Señor lleva 25 años trabajando con chavales' que prefieran irse con una familia de Inglaterra, 'que me han dicho que es muy buena'. ¡Perdona, pero si no los conozco de nada! Es una cultura totalmente diferente y te puedo asegurar que mi hijo comió muy mal: sandwiches y poco más (Risas). Además, en Tailandia también hay alegría, te lo puedo asegurar. Bastante más que en Inglaterra.

P: Estás muy volcado con los campus desde hace 25 años pese a que también tienes el título de entrenador e incluso el de director deportivo. ¿No te pica el gusanillo de volver a entrenar o de trabajar en un club?

R: He entrenado a equipos de Segunda División A (Mérida, Salamanca, Cartagena y Logroñés). Yo entonces, hace diez años, ya empezaba a intuir los gravísimos problemas de los clubes. Para que un entrenador se consolide debería vivir una experiencia parecida a la mía; es decir, trabajar con futbolistas que están cuatro meses sin cobrar. Aunque el futbolista es un privilegiado porque económicamente llega a unos niveles a los que no llegan la mayoría de las profesiones con esa edad, lo cierto es que también tiene problemas como todos. Yo trabajé con dos o tres equipos en circunstancias parecidas, pero preferí parar porque no me gustaba adónde se encaminaba el fútbol. Y en la temporada 2004/05 entrené al Logroñés, que fue mi último equipo. El alma de entrenador, de motivador que soy, no se pierde, pero preferí dedicarme un poco más a la familia y a otro tipo de actividades como son los campus, colaborar con medios de comunicación o a dar un ciclo de charlas motivacionales para adolescentes. Ahí los padres tenemos mucha responsabilidad y tenemos que dar un orden a los chavales, a la gente joven que está un poco perdidita.

Y como director deportivo, sigo estudiando y tengo el título. A diferencia de entrenador, tú para ser director deportivo de un club no hace falta que tengas el título. Soy de la primera promoción de hace 4 ó 5 años por la Universidad Camilo José Cela. Lo que pasa es que dentro de cinco o diez años se instituirá la figura del director deportivo titulado en los clubes de fútbol para gestionar las SAD, desde el punto de vista deportivo, no el económico. Entonces, yo habré sido de los primeros, pero serán otros los que aprovechen ese camino.

P: Hablabas antes de tus hijos. ¿Alguno de ellos va para futbolista?

R: Al chico le gusta, pero también toca el piano y le gusta cantar. A mi hija le gusta bailar y del fútbol no quiere saber nada. Yo lo que tengo muy claro es que, como hicieron mis padres conmigo, jamás les pondré pegas para que dirijan sus vidas. A mis hijos les doy absoluta libertad para que descubran esa vocación que tienen dentro y, a partir de ahí, yo trataré de ayudarles con los medios que tengo.

En Deportes

    0
    comentarios

    Servicios