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Argentina 78, un Mundial marcado por los amaños y la dictadura de Videla

Argentina se proclamaba campeona de su Mundial a la vez que en las calles desparecía gente víctima de una dictadura aterradora.

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Videla entrega la copa de campeón del mundo a Passarella.

El Mundial de Argentina 78’ fue un Mundial tremendamente marcado por la política. Incluso de un modo más pronunciado que el de Italia 1934. Y ya es decir. Dos años antes, concretamente el 24 de marzo de 1976, un golpe de Estado impuso una dictadura militar en el país, encabezada por la Junta de Comandantes de las tres fuerzas armadas: Ejército de Tierra, Marina, y Aviación. Una dictadura que asumió la represión y el terrorismo de Estado como método de gobierno. Se estima que durante ese período las fuerzas represoras del gobierno de facto hicieron desaparecer 30.000 personas.

Jorge Rafael Videla, presidente de facto de Argentina, se encontró con una oportunidad de oro para dar una imagen a su país y al resto del mundo que no se correspondía con la realidad. Con la organización de un Mundial se iba a mostrar al planeta como un país abierto y moderno; con la victoria, iba a llenar de alegría al pueblo argentino y, sobre todo, le iba a hacer olvidar todas las desgracias que estaba pasando. Así que no bastaba con organizar un buen campeonato; había que ganarlo sí o sí. Como fuera.

Con esos dos objetivos se creó el Ente Autárquico Mundial ’78, el EAM 78, que dispuso de todos los gastos que fueran necesarios por parte de la dictadura, y que asumió formalmente la organización –y como veremos más adelante, mucho más- del Mundial. Su lema, "25 millones de argentinos nos jugamos el Mundial". Muy efectivo.

Uno de los principales problemas con los que se encontró fue la prensa internacional. La suya estaba controlada, pero no la de fuera. Así que se montó en el altillo de la ESMA –donde se encontraban casi todas las redacciones, si se podían llamar así- una oficina de prensa clandestina en la que los propios detenidos archivaban la información sobre Argentina que publicaban los medios extranjeros, y se difundía información favorable al régimen.

Además, se creó –con un coste de más de sesenta millones de dólares de la época- una sociedad, Argentina TV-78, que iba a garantizar la transmisión en color a todo el mundo de todos los partidos de la fase final. Había que transmitir la imagen que se quería, y de la mejor manera posible.

La dictadura argentina también contó con el apoyo de la FIFA, de vital importancia. Claves fueron las palabras de Joao Havelange, entonces presidente del mayor organismo futbolístico del planeta, afirmando que "por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de Argentina. Está ahora más apta que nunca para ser la sede del torneo".

Tampoco tuvo muchos reparos en meter mano a la hora de conformar los grupos. Aludió a su concepto de anfitrión para meter a Argentina en el Bombo 1 –el de los equipos más fuertes- a pesar de que sus éxitos deportivos no habían sido merecedores de ello. Eso, claro, le comportaba rivales más asequibles. Además, hubo ciertos aspectos que ya venían determinados, como que Italia y Argentina jugarían en el mismo grupo, que México y Perú no podían jugar entre sí ni entrar en los grupos de Brasil o Argentina… En definitiva, que todo estaba atado y bien atado.

Desmitificando a Cardeñosa

La selección española regresa a una Fase Final tras doce años de ausencia. Su gran victoria en Belgrado ante Yugoslavia, con gol de Rubén Cano, así lo permitió. Pero su papel en el campeonato no fue especialmente brillante. Fuera en la primera fase, tras perder ante Austria, empatar ante Brasil, y vencer a Suecia.

Una mala preparación, un cuartel general, La Martona, en deficientes condiciones de habitabilidad (vigilado por 200 policías, en el que las habitaciones tenían una temperatura de cero grados, y donde las goteras abundaran por todas partes), y la inexperiencia de algunos jugadores dieron al traste las esperanzas españolas.

Se ha dicho siempre que el incomprensible fallo de Cardeñosa ante Brasil dejó a España fuera de la segunda fase. Y es verdad que el fallo fue incomprensible, y que de terminar la jugada en gol España se podría haber clasificado. Pero no lo es menos que el resultado de empate ante la selección brasileña –que se marchó invicta del campeonato- era un gran resultado y, de hecho, España tuvo mucha fortuna para terminar sumando ese punto.

En realidad, lo que condenó a España, fue la derrota en el primer partido. Ante una débil selección austriaca, por 2-1, con tanto definitivo de Krankl en la recta final. De nada sirvió la posterior victoria ante Suecia, ni el meritorio empate ante Brasil.

Primeras ayudas a Argentina

En el encuentro inaugural del Mundial se pudo comprobar lo que sería el campeonato. Argentina se medía a Hungría, quien se adelantó en el marcador. Poco después igualaban los locales. Y para la recta final, los magiares se quedaron con dos futbolistas menos, Niylasi y Torocsiky, por expulsión. Bertoni, en el 84, marcó el 2-1 definitivo.

En el segundo encuentro no necesitó de ayudas arbitrales para imponerse a Francia (2-1), mientras Italia se iba configurando como una gran selección, ganando con comodidad a galos y húngaros. El enfrentamiento directo iba a determinar quién se llevaría la primera posición del grupo, y sería Italia quien se llevaría la victoria gracias al solitario tanto de Bettega.

En el tercer grupo Polonia y Alemania pasaron sin ninguna dificultad, y en el cuarto Holanda fue campeona, mientras que Perú sorprendió a todos con su clasificación, después de imponerse por 3-1 a Escocia con una gran exhibición de Teófila Cubillas.

Holanda brilla sin Cruyff

La segunda fase arranca con un espectacular Alemania-Italia. Los germanos, vigentes campeones del mundo, no alcanzaban el nivel de cuatro años antes; Italia fue superior, pero el partido terminó en empate a cero. Mientras, Holanda arrollaba a Polonia por 5-1. Era la Holanda de Neeskens, de Resenbrink, o de Rep, pero no la de Cruyff, quien decidió no ir al Mundial por extraños motivos. Se afirma que fue por estar en contra de la dictadura argentina; también, por un incidente un año antes en Barcelona que le hizo "replantearse muchas cosas". Sea como fuere, el 14 no estuvo, pero Holanda tampoco le echó mucho de menos.

Ante Alemania, la oranje empataría en el segundo encuentro, mientras Italia se imponía a Polonia. Todo se decidiría en la última jornada, en la que el empate le bastaba a los italianos. Pero la victoria fue para Holanda. Brandts, en propia meta, adelantaba a la azzurra, pero ésta, dirigida por Enzo Bearzot, decidió dar un paso atrás al verse con el marcador a favor, y Holanda sacó fuerzas de flaqueza para batir por dos veces a Dino Zofff con tiros de larga distancia.

La mayor estafa de los Mundiales

Lo peor estaba por venir. En el Grupo B, en la lucha por un puesto en la final, se iba a producir el mayor de los escándalos de la historia de los mundiales. Argentina, guiada por el matador Mario Alberto Kempes –máximo goleador de la competición- comenzaba imponiéndose a Polonia; Brasil hacía lo propio con Perú. En la segunda jornada, argentinos y brasileños empataban a nada. Todo debía decidirse en la última jornada, en la que Brasil se medía a Polonia, y Argentina a Perú.

Ya la polémica se desató cuando, incomprensiblemente, se decretó que Argentina disputaría su partido una vez hubiera concluido el de Brasil. Es decir, conociendo los resultados. Como quiera que los brasileños cumplieron y ganaron por 3-1, a Argentina no le bastaba con ganar. Necesitaba hacerlo de más de cuatro goles.

Y lo hizo. 6-0. Argentina estaba en la final. Ya en el primer momento las sospechas fueron inmensas. Brasil –que se marchó de la competición imbatida- se quejó, cariacontecida, pero nadie la escuchó. Años más tarde, Marcos Calderón, guardameta peruano, criticó a varios de sus compañeros por la pasividad defensiva que mostraron durante los noventa minutos. La imagen de varios técnicos hablando con Jorge Videla en el vestuario justo antes del encuentro tampoco ayudó.

Aunque la confirmación llegaría recientemente cuando Genaro Ledesma, entonces senador peruano, confirmó el amaño del partido. Según sus palabras, fue detenido y convertido en preso político en Argentina. La condición exigida para su liberación era que Perú se dejara vencer ante la albiceleste.

Holanda, otra vez a las puertas

En la final no hubo suspicacia alguna. Ganó el que más lo mereció. Empujada por su público -ochenta mil espectadores en las gradas que del Monumental, todos con papelitos blancos a la salida de los equipos- Argentina se mostró superior, aunque también gozó de una buena dosis de fortuna.

Holanda quería sacarse la espina de cuatro años antes. Con Neeskens marcando de manera individual a Mario Alberto Kempes. Pero no pudo evitar que el matador anotase el primer gol del partido. Es el delirio en la grada.

Los minutos transcurren sin que se mueva el marcador, con los anfitriones controlando el juego, hasta que en la recta final Holanda se vuelca hacia la portería de Fillol. En el 83, Naninga aparece desde atrás y establece la igualada. Argentina está noqueda, y a punto está de caer derrotada; en el último minuto, Resenbrink estrella un balón en la madera. Un disparo que hubiera valido un título.

En la prórroga, Argentina, empujada por su público, saca fuerzas de donde no las hay, y de nuevo Kempes la sitúa por delante. Ya con Holanda a la desesperada, Bertoni –elegido mejor jugador joven del campeonato- sella el triunfo final. 3-1. Menotti era campeón. La albiceleste era campeona. Videla y la dictadura argentina eran campeones.

El presidente entregó la Copa del Mundo a Passarella, el capitán. Lo había conseguido. Su imagen se acababa de asociar no sólo al fútbol y a la alegría, sino al éxito. Su plan había salido a las mil maravillas. El fútbol, la fiesta, fueron los actores de un circo montado y manipulado por los militares.

Lo confirmaban los gritos de júbilo y lágrimas de alegría de los 80.000 argentinos que vibraban como nunca en el Monumental. A escasos metros de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), centro clandestino de tortura, donde cerca de cinco mil desaparecidos fueron asesinados. "Duele saber que fuimos un elemento de distracción", declararía Osvaldo Ardiles, ex jugador de la selección argentina, varios años después de ser campeón del mundo.

Ficha Técnica de la final:

Argentina, 3: Fillol; Olguín, Luis Galván, Passarella, Tarantini; Ardiles (Larrosa), Ortiz (Houseman), Gallego, Bertoni; Luque y Kempes. Entrenador: César Menotti
Holanda, 1: Jongbloed; Krol; Jansen (Suurbier), Brandts, Poortvliet; Haan, Neeskens, Willy van de Kerkhof; Rep (Naninga), René van de Kerkhof, Rensenbrink. Entrenador: Ernst Happel

Goles: 1-0, m.37: Kempes; 1-1, m.83: Naninga; 2-1, m.104: Kempes; 3-1, m.114: Bertoni
Arbitro: Sergio Gonella (Italiano). Amonestó a Ardiles y Larrosa por Argentina, y Krol y Poortvliet por Holanda
25/06/1978, Estadio Monumental, Buenos Aires. 72000 espectadores

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