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Paulo Futre: "Soy el único jugador que con el contrato en la mesa le dije que no al Real Madrid"

Entrevista en Libertad Digital al habilidoso delantero portugués, uno de los jugadores más importantes en la historia del Atlético de Madrid.

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Pese a haber conseguido sólo dos títulos en sus filas, difícilmente la historia del Atlético de Madrid se podría entender sin él. Luis Aragonés, Adelardo, Gárate, Simeone... y por supuesto también Futre. Paulo Jorge dos Santos Futre (Montijo, Portugal, 28 de febrero de 1966) es leyenda viva del Atleti, el equipo de sus amores, el que más le apasiona pese a ser portugués y haber jugado en los tres grandes de su país (Sporting de Lisboa, Oporto y Benfica).

Ha vivido, vive y vivirá como pocos el Atleti, el club en el que ha ejercido como jugador -durante dos etapas-, embajador y director deportivo. Jesús Gil lo fichó en 1987 del Oporto, con el que se había proclamado campeón de Europa, y en el Manzanares estuvo durante seis temporadas, ganando dos Copas del Rey (1991 y 1992), antes de iniciar una aventura por Portugal, Francia, Italia e Inglaterra, para regresar de nuevo al Atlético en 1997. Ya con más de 30 años, Futre -el portugués, como lo llamaba Gil cuando las cosas no iban bien- regresó al Vicente Calderón como embajador del club, aunque también acabaría vistiéndose de corto y jugando unos pocos partidos.

Después de un retiro dorado en Japón, Futre protagonizó un nuevo regreso al Atlético, entonces como director deportivo, en la peor época del club tras la intervención judicial.

Dotado de una gran velocidad, un buen regate y un potente disparo, el habilidoso extremo portugués, que también tuvo su fama de piscinero, pasará a la historia por sus piques con el Real Madrid. Y especialmente con Paco Buyo, con quien se las ha tenido tiesas en más de una ocasión. Parecían enemigos irreconciliables, pero el paso del tiempo -ironías del destino- acabó convirtiendo al portero de Betanzos y al delantero de Montijo en uña y carne. Son, grosso modo, los puntos fuertes de la carrera de un futbolista irrepetible, de un genio tanto dentro como fuera del campo.

Tras participar en un evento de una casa de apuestas deportivas, el hiperactivo Paulo, sonrisa de oreja a oreja mediante, queda con los redactores de Libertad Digital en un céntrico hotel de Madrid a mediodía. Se le ve con prisa porque tiene que estar en Lisboa en pocas horas, pero aún tiene tiempo de charlar con nosotros. Sin duda un placer poder hablar con Paulo Futre, que tiene muchas historias que contar. Y nosotros que escuchar...

Entrevista a Paulo Futre

Pregunta: Empezaste en el Montijo, el equipo de tu ciudad, y a los nueve años recalaste en el Sporting de Lisboa, tu primer gran club. ¿Cómo recuerdas aquella etapa?

Respuesta: Tenía sólo nueve años e iba todos los días en barco de Montijo a Lisboa. Ahora se tarda media hora, pero antes el viaje duraba una hora o una hora y cuarto. Y después, para el estadio en autobús. Dos horas y media desde mi casa al estadio y luego la vuelta igual. Llegaba a las once y media de la noche para cenar y acostarme. Muy tarde.

P: Estuviste unas cuantas temporadas en las categorías inferiores del Sporting de Lisboa y luego sólo una en el primer equipo. De ahí, con 18 años, te fuiste al Oporto...

R: Sí, fue tremendo, la bomba del verano aquel año (1984). Como dices, tenía 18 años y fue la primea vez que empecé a sentir presión entre comillas, presión de la gran rivalidad. Me acuerdo que estuve seis meses sin poder venir a Lisboa porque la afición del Sporting me quería matar. ¿Por qué? Yo era su niño bonito y me fui. La afición tenía una fe tremenda en mí y el amor que me tenía se volvió en odio. Me fui en julio al Oporto y hasta navidades no pude volver a Lisboa. ¡Y con guardaespaldas, eh! (Risas) Fue muy duro.

LD | David Alonso Rincón

P: Tres años en el Oporto, el último de ellos campeón de Europa derrotando en la final nada menos que al Bayern...

R: Fueron tres años increíbles en el Oporto y el broche de oro fue la Copa de Europa, un hecho histórico para el club y casi también para el fútbol portugués, aunque antes ya la había ganado el Benfica de Eusebio (1961 y 1962). No éramos los favoritos, los favoritos eran los alamanes. Nadie daba un duro por nosotros, pero logramos sorprender al mundo y ganar la Champions. Fue algo histórico, único e inolvidable. Entras para siempre en la historia de un gran club como es el Oporto.

P: Y después, en 1987, tu llegada al Atlético de Madrid coincidiendo con el inicio de la era Gil. ¿Cómo se produjo el fichaje?

R: Yo estaba con el Oporto jugando el Mundialito de Clubes en Milán, tres semanas después de la final de Champions, cuando de repente veo a un hombre muy fuerte que se va acercando a mí. Llevaba puesto el chándal del Oporto, con las chanclas, y en mis chanclas ponía mi nombre: 'Futre'. Él miró mis chanclas y me dijo: "¿Ah, tú eres Paulo Futre?". Así empezó nuestra historia, que ha sido una historia única. Fueron siete años como jugador del Atlético, más tarde como embajador y también como director deportivo. Ha sido una historia increíble entre un presidente y un jugador, una relación de amor-odio.

P: Cuando estaba contento contigo eras 'Paulo' y si estaba enfadado te llamaba 'el portugués', ¿no?

R: Así es. Yo era como un hijo para él. Todos los problemas que he tenido con él fueron por defender a a alguien, a un entrenador, a un jugador... ya fuera en privado o en público.

P: Si especial fue tu relación con Gil, no menos lo fue con Luis Aragonés...

R: ¡Le echo mucho de menos! Sería injusto, o más bien exagerado, decir que Luis ha sido el mejor entrenador de la historia. Pero lo cierto es que si hablas con los jugadores a los que él ha entrenado, sí te pueden decir que ha sido el mejor motivador de la historia del fútbol. Fue alguien único. ¡Cómo nos motivó en aquella final de Copa del Rey en el Bernabéu! (en 1992, con victoria de los colchoneros por 2-0 con goles de Schuster y Futre). Vino a la habitación a las nueve de la mañana, doce horas antes del partido, y nos recordó lo que había pasado tres años antes con Pizo Gómez. Era el día de vengar a Pizo...

P: ¿Qué le pasó exactamente a Pizo Gómez con los jugadores del Madrid?

R: Un día Pizo Gómez coincide en un semáforo con Míchel, Gordillo, Hierro y Ruggeri. Ellos estaban de cachondeo, riéndose de él: "Pizo, eres mi ídolo, ¿me puedes firmar un autógrafo?". Pizo llegó al vestuario y nos contó esa historia. Todos nos cabreamos. El caso es que, pasados ya tres años, Luis fue a buscar esa historia para motivarme a mí. Entró en mi habitación a las nueve de la mañana, me despertó y me dijo: "Mire usted, ¿se acuerda de aquel día? Pues hoy es el día de la gran venganza. No nos puede fallar". ¡Y encima contra el Madrid! (Risas) No hacía falta motivarte mucho, pero ahí estaba Luis para darnos algo más. Era un genio, siempre será un genio. Era tremendo.

P: Hablas de lo especial que eran los derbis, jugar contra el Madrid y con uno de los mayores rivales en tu carrera deportiva como fue Paco Buyo...

R: Cuando llegué al Atlético, sólo podían jugar dos extranjeros, y lo que me decían los españoles siempre era: "Hay que sudar la camiseta, darlo todo en cada partido, pero contra el Madrid hay que sudar sangre". Lo supe desde el primer día. Y luego eso, todos los líos que tuve con Paco Buyo... ¡pues le vas cogiendo aún más manía al Madrid! Yo era el capitán del Atleti y vives cada partido con muchísima intensidad, más aún los derbis. Ahora todo es mucho más tranquilo, pero por aquel entonces saltaban chispas. Había mucha más polémica y los derbis se empezaban a calentar desde dos o tres semanas antes. Además, estaban Mendoza y Gil para calentarlo todavía más. El partido de en medio casi ni lo pensabas (Risas).

P: Ahondando en la figura de Buyo, pasasteis de ser enemigos casi irreconciliables a ser uña y carne, hasta el punto de tener un campus en común desde hace unos meses...

R: Éramos dos jugadores muy importantes de la época, cada uno en su club. Él era uno de los mejores porteros de la historia del Real Madrid, un fenómeno. Entre los dos creamos una gran polémica. De hecho, se puede decir incluso que se jugaban dos derbis: el Madrid-Atleti y el derbi Futre-Buyo. Aunque no fuese un buen partido, la gente siempre esperaba algo de nosotros.

P: ¿Y cómo se produjo la reconciliación?

R: Fue en la Eurocopa de 2008. Coincidimos los dos como comentaristas en la misma televisión, Al Jazeera. Y como no nos quedaba más remedio que comer y cenar juntos, ahí fue cuando conocí al verdadero Paco Buyo. Todo el odio que le tenía, o como lo quieras llamar, se volvió en una gran admiración. Paco es muy buena gente, una gran persona.

LD | D.A.

P: Siete años en el Atlético dieron para mucho, entre otras cosas para ganar dos Copas del Rey, y encima las dos en el Bernabéu. ¿Cómo se produjo tu salida del club?

R: Fue en 1993. El Atleti lo estaba pasando fatal en esa época y venderme era la gran oportunidad que tenían para poder sobrevivir. Esa historia la he contado alguna que otra vez, pero tampoco muchas. El club vivía de Gil y Gil: si Gil y Gil vendía un piso, podía pagar; si estaba cinco meses sin vender, no podía pagar. Así de sencillo. Nosotros estuvimos sin cobrar casi siete u ocho meses. Era un auténtico caos y el club dijo: "Mira Paulo, la solucion es venderte". Nos inventamos una pelea y me acabaron vendiendo por 600 millones de pesetas al Benfica. ¡Un dineral! Era el primer año que funcionaba el mercado de invierno y los extranjeros sólo podían volver a su país. No pude ir a Italia y sólo podía volver a Portugal. Y así ocurrió. Entre el club y yo pactamos una salida amistosa: vino primero el Sporting, luego el Oporto y al final fui al Benfica. El club pagó en cash y con ese dinero se pudo salvar la situación del Atleti.

P: Eres uno de los pocos futbolistas que has jugado en los tres grandes de Portugal (Benfica, Oporto y Sporting). Pero además de Gil, has tenido otros cuantos presidentes peculiares, ¿no?

R: Sí, primero fue Pinto da Costa, que era el número uno. Lleva ya 32 años en el Oporto, una barbaridad. Es el presidente con más títulos en el mundo, con dos Champions, 20 ligas... un hombre muy listo. Fue un hombre muy importante en mi carrera, mi padre deportivo. Después vino Gil y Gil, luego Bernard Tapie (Olympique de Marsella) y Berlusconi (Milan), que también eran increíbles. Eran los cuatro grandes del momento, cada uno a su manera, cuatro genios.

De los cuatro, Jesús Gil era el que menos paciencia tenía. Si hubiera tenido más paciencia, quizá se podría haber conseguido lo que está consiguiendo ahora el club. Recuerdo que echó a Javier Clemente en enero (de 1990) cuando estábamos a sólo dos o tres puntos del primero. Un mal partido y echaba al entrenador. Dos derrotas seguidas, a la calle seguro. Era una presión tremenda para el vestuario, para todos. Después de una derrota era imposible que la almohada fuera un buen consejero. No llegabas a la almohada (Risas) Siempre estaba muy caliente después de las derrotas.

P: Después del Atleti estuviste en el Benfica, Reggiana, Milan y West Ham, hasta que luego, en 1997, volviste a jugar con la camiseta rojiblanca...

R: Yo ya estaba retirado por entonces. No definitivamente, pero ya retirado. Era embajador del club y un día Radomir Antic me dijo: "Falta uno para jugar, sal tú". Salí y me acuerdo que en mi debut hice dos goles. Tenía 31 años y había tenido bastantes problemas en la rodilla, pero Antic me vio bien para jugar. Entre él y Jesús me convencieron para volver a jugar, y así fue como volví a sentirme futbolista.

P: Jugaste pocos partidos, eso sí...

R: ¡Sí, claro! Yo ya no estaba para los 90 minutos.

P: Y después de esa segunda etapa en el Atlético, retiro dorado en Japón...

R: Como había vuelto a jugar, en tu cabeza siempre tienes ese pensamiento de jugar. Pero yo no estaba al nivel de mis compañeros. Surgió entonces esta propuesta del Yokohama Flugels y no me lo pensé. Dije: "Voy a Japón a jugar, a divertirme y a vivir una experiencia nueva". Y así fue, una maravillosa aventura de siete u ocho meses.

P: En 1993, cuando estabas en el Marsella, estuviste a punto de fichar por el Real Madrid. ¿Qué ocurrió exactamente?

R: Se ha hablado de varias ofertas que tuve del Madrid, pero oficialmente sólo hubo una. Tenía el contrato encima de la mesa para firmarlo y en un momento me fui al baño con mis hijos, que eran muy pequeños, con sólo tres y cuatro años. Pensé entonces en la familia. En un primer momento piensas en ti mismo, en tu carrera profesional, pero enseguida piensas en la familia. He sido jugador del Atleti, más que un jugador incluso, y me doy cuenta entonces que no puedo vivir en Madrid. Cuando volví al despacho les dije que no. Imagínate, después de varias semanas de negociaciones. El Madrid se lo tomó muy mal. Pero yo no podía firmar. Les pedí perdón. Soy el único jugador del mundo que con el contrato en la mesa le he dicho que no al Madrid.

P: Capítulo aparte también es el de tu experiencia con la selección portuguesa, con la que no sé si te queda alguna espina clavada. Jugaste el Mundial de México'86 como único gran torneo con las Quinas...

R: Tuve la fortuna de haber jugado un Mundial con 20 años, pero ese Mundial del 86 fue una de las páginas negras del fútbol portugués. Fue un auténtico lío, pero sobre todo por la polémica que hubo con las primas. Lo mejor de aquel Mundial fue que sirvió para unir a los jugadores del Oporto con los del Benfica, que hasta entonces no se hablaban. Yo estuve un año y pico sin ir a la selección porque me había solidarizado con los jugadores que fueron expulsados de por vida y, cuando vuelvo al equipo nacional, había una unión que antes no tenía la selección. Luego llegó la generación de oro del fútbol portugués con Figo y Rui Costa, más tarde con Cristiano... ya pillaron la unión de la selección que no existía antes. La rivalidad de los clubes se trasladaba a la selección y el ambiente era muy malo.

LD | D.A.

P: Te retiraste en Japón en 1999 y sólo un año después volviste al Atlético, entonces como director deportivo...

R: Sí, volví otra vez en la peor época en la historia del club. Sin lugar a dudas. Era noviembre de 2000, después de la intervención judicial. Además, el equipo marchaba tercero por la cola en Segunda División. Si entonces hubiera acabado la Liga, el Atleti bajaba a Segunda B. Un caos. Pero entonces me llama Jesús. Mi familia y mis amigos no estaban convencidos, pero yo dije: "¿El Atleti? Voy para adelante". Poco a poco empezamos a ascender en la clasificación y al final nos quedamos sin subir a Primera por un solo punto (el Atlético acabó aquella temporada cuarto, empatado a 74 puntos con el tercero, el Tenerife, pero con peor golaverage). En mi segundo año como director deportivo ya tenía a Luis Aragonés de entrenador. Lo contraté yo. Y ya en abril estábamos primeros, con una distancia de 15-20 puntos sobre el cuarto. Fue una gran experiencia. Después salí al año siguiente (2003) por una discusión con el presidente, cuando el equipo estaba en puestos de UEFA. Pero lo cierto es que fueron dos años y medio alucinantes.

P: Y antes incluso de haber llegado a la dirección deportiva del Atlético, echaste un cable al Real Madrid. O, mejor dicho, ayudaste a Florentino Pérez con el fichaje de Figo, ¿no es así?

R: Sí, fue por medio de El Gordito (el intermediario de futbolistas Santos Márquez), que es amigo mío y de Florentino Pérez. Me llamó y me preparó una reunión con él en las oficinas de ACS. Yo no conocía a Florentino de nada. Me senté con él y me dijo: "Mira, quiero fichar a Luis Figo. Tú eres el rey de Portugal y seguro que puedes conseguírmelo". Me convenció en cosa de cinco o diez minutos. Llamé entonces al representante de Luis (Figo), José Veiga, y a partir de ahí empieza la operación para ficharle. Luego se ha visto la historia y se ha demostrado que hizo bien fichando por el Madrid. De hecho, acabó siendo el mejor del mundo al año siguiente (2001). Ha sido un crack, un campeón. Un jugador de coraje que supo adaptarse bien. Y no fue nada fácil en su situación, con toda la presión que tenía. Tuvo que tomar una decisión muy importante, tanto para él como para su familia, pero luego ha sido feliz en el Madrid. De hecho, ahora él está viviendo aquí.

P: Hace dos años cumpliste un sueño al ver un partido en el Calderón con el Frente Atlético...

R: Sí, fue en Liga contra el Valencia. Aquella experiencia fue magnífica.

P: Entonces imagino que repetirías. ¿Tal vez en un derbi?

R: Sí, en un derbi contra el Real Madrid (se frota las manos mientras lo cuenta). Pero no es fácil porque salí de allí agotado, es tremendo. Pero un día vale la pena vivir esa experiencia. Era mi sueño. Cuando era jugador mirabas a la grada y veías a los chavales disfrutar allí como nadie. Y es verdad. Fue increíble, y seguro que en un derbi lo es todavía más.

P: Otro episodio llamativo se produjo hace tres años, cuando te presentaste como candidato a director deportivo del Sporting. Dijiste que querías fichar al mejor jugador chino y se armó un revuelo importante en tu país. ¿Cómo fue aquello?

R: Dije que quería conseguir las comisiones de vuelos chárter de chinos que iban a venir para ver jugar a su compatriota. Comisiones de hoteles, de restaurantes... bueno, es que sigo pensando que el futuro está ahí, en Asia. Mira por ejemplo el caso de Nakata en Japón. Yo estuve un tiempo en Japón y sé cómo es aquello. En el caso del Sporting, el club económicamente estaba fatal y dije: "Mira, vamos a intentar traer un jugador chino y hacer como Nakata". Creímos que era una buena inversión para el Sporting. Recuerdo también el caso de Park (Ji-Sung), cuando estaba en el Manchester United. Allí tenía hasta diez patrocinadores asiáticos. El dinero está en Asia, así que se trataba de traer a un jugador asiático.

P: Te pregunto también por tu familia. Tienes a tu hijo Fabio jugando en el San Sebastián de los Reyes a las órdenes de Juan Sabas. ¿Qué tal le va?

R: Ahora parece que va mejor después de haber tenido muchas operaciones en las rodillas. No tuvo la suerte que hay que tener. Y Paulo, el mayor, está contento con los espejos de diseño, no le va nada mal. Ellos están a su aire, con libertad. Que hagan lo que quieran hacer, que sean felices. Nunca he sido un padre que les ha presionado.

P: La última pregunta: ¿te gustaría volver, otra vez, al Atlético?

R: Bueno, ahora mismo mi vida está en Portugal. Tengo allí mi programa de televisión. Escribo para el periódico Record, también para Marca aquí en España, y también tengo mis negocios. ¡Pero nunca se sabe! ¡Es el Atleti! Yo he tenido la suerte de jugar en los tres grandes de Portugal, pero el equipo que más sufro y más alegrías y tristezas me da es el Atleti, así que nunca se sabe el día de mañana. Me siento orgulloso de sentir como siento el Atlético, y más aún siendo extranjero. He sido capitán de este gran equipo desde que llegó y lo vives aún de una manera más intensa, más especial. ¿Por qué no?

LD | D.A.

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